jueves, 12 de mayo de 2016

Comodoro, un poderoso síntoma político



Más de 60.000 trabajadores pararon el viernes 6 durante doce horas, prácticamente todo Comodoro Rivadavia. El detonante fue el despido de más de 2.000 trabajadores de la industria del petróleo y la amenaza patronal de ir por más.
Los obreros petroleros de PAE (en Cerro Dragón), Tecpetrol (de Techint) y también YPF, fueron el eje de la medida, a la que se sumaron los camioneros y los agremiados en la Uocra y la UOM, empleados por las tercerizadas de los pulpos. Pero, en verdad, paró toda la ciudad, porque se sumaron los docentes, los empleados de comercio, bancarios, estatales de ATE, Salud, médicos, choferes de taxis, de gas privado y de Luz y Fuerza, afectados también por los despidos.
Una movilización de casi 20.000 personas se concentró entre las rutas 3 y 26, en un acto convocado por la burocracia de los sindicatos y por el intendente Linares, del FpV. A partir de la huelga, se puso en marcha una parte de la actividad petrolera que se encontraba paralizada. PAE ya restituyó tres equipos de producción y fijó un cronograma hasta completar diez más de perforación y un total de 41.
Las petroleras no sólo no cumplieron su parte en el acuerdo que firmaron con Macri, Frigerio y Das Neves, por el cual reciben 4.250.000 pesos diarios en conceptos de subsidios - pagados con el naftazo- y que supuestamente los obligaba a detener los despidos hasta el 31 de agosto y a “subir” los equipos que habían sacado de producción, sino que recrudecieron su política cesanteadora. Para ello, apelaron a retiros voluntarios, jubilaciones anticipadas, reducción de horas de trabajo y quitas del 30% del salario (Tecpetrol). Además, las tercerizadas despiden y cuando las reemplazan por nuevas contratistas sólo toman una parte del personal, dejando sin trabajo al 20%. Las pymes, que emplean gasistas, metalúrgicos, soldadores, despiden por decantación. Por día dejan a más de 50 trabajadores en la calle y los petroleros saben que en un par de meses, al no subir los equipos (sin ponerlos a producir), quedarán sin trabajo.
La burocracia sindical -con todo el aparato político municipal y provincial- llamó a este segundo paro y movilización del año porque el malestar y la presión de los obreros por los despidos, el impuesto al salario y el pésimo acuerdo salarial (sumas en negro actualmente en 6.000 pesos) iba en aumento, arriesgando su control sobre los trabajadores. ¡Nadie olvida a los combativos Dragones!
Se desarrolló todo un entramado entre el camporista Avila, de Petroleros Privados; Linares, el intendente K de Comodoro; Taboada, de Camioneros (Moyano) y Das Neves, el gobernador de Chubut, para que la reacción obrera fuera contenida y no se lleve puesta, como mínimo, la cabeza de Avila (tiene elecciones en el sindicato en dos meses). Das Neves es uno de los acusados en la causa de coimas de Cerro Dragón, de los Bulgheroni, dueños de PAE. La intimación a esta compañía para que suba los equipos fue, claramente, para evitarle males mayores. Por otra parte, Das Neves le entregó a Avila la empresa provincial Petrominera, colocándolo como interventor para que le garantice la paz social. El intendente Linares, que precariza en el municipio con becarios en negro, no podía estar ausente en esta entente.
En el acto, tanto Avila como Taboada amenazaron con un paro indeterminado si no suben los equipos y luego firmaron la paz social. ¡Pero los despidos no han parado desde enero, cuando se realizó el primer “comodorazo”! Lo que sí avanzó fue el acuerdo para subsidiar a las petroleras. La burocracia actúa como lobista de los pulpos petroleros, no de los obreros cuyo derecho al trabajo está siendo violado todos los días. Ninguno de los burócratas K o moyanistas plantearon abrir la paritaria petrolera por una urgente recomposición salarial, frente a la escalada inflacionaria. Mucho menos, la perspectiva de una huelga general hasta quebrar el ajuste y los despidos.
El “comodorazo” es un síntoma poderoso de la crisis nacional y de la disposición de la clase obrera a intervenir en defensa de sus conquistas amenazadas. Como en todo el país, esa disposición de lucha necesita abrirse camino con un programa y una perspectiva política propios, en oposición a la burocracia sindical y los partidos entrelazados con los monopolios petroleros.

Silvia Jayo (en base al informe de Carola Sarubbi, Pepe Saravia y Omar Latini)

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