jueves, 9 de marzo de 2017

En un año, un millón y medio de nuevos pobres



El informe presentado por la UCA en el día de hoy da cuenta de un nuevo salto en los niveles de pobreza e indigencia en el país. La comparación entre el 2015 y el 2016 muestra que la pobreza pasó del 29.6% al 32.9%, lo que equivale a 1.5 millones de nuevos pobres. Significa que en la Argentina hay 13 millones de personas bajo la línea de pobreza.
Una situación similar ocurre con la indigencia, que según el informe de la UCA alcanzó el 6.9%. Entre 2015 y el 2016, hay 600.000 personas más que cayeron bajo la línea de indigencia, lo que acumula un total de 2.7 millones de indigentes en el país.
Según la UCA, el crecimiento de la pobreza y la indigencia están asociados al salto inflacionario del año pasado, que llevó a que la carestía supere el 42% contra salarios que, en promedio, quedaron rezagados en 10 puntos. Este aumento inflacionario estuvo determinado por la devaluación monetaria del orden del 50% y por los tarifazos en los servicios y el transporte público.
Pero mientras estas medidas agravaron la pobreza y la indigencia significaron, a la vez, un impulso a los beneficios de los exportadores y de los empresarios en general, que redujeron los salarios medidos en dólares, y para las empresas privatizadas, premiadas con aumentos de tarifas del orden del 400% o más. Detrás de lo que vulgarmente se llama `ajuste` se dio una transferencia enorme de recursos de los trabajadores a los sectores capitalistas.
El informe de la UCA también muestra que los planes sociales no han servido para sacar a la población de los niveles de pobreza e indigencia. El 50% de la población en situación de indigencia recibe algún tipo de plan social, mostrando que el asistencialismo estatal es un método que reproduce las desigualdades sociales. La caída de la actividad, que llevó a la eliminación de una parte del trabajo informal, agravó la situación social de los sectores más empobrecidos.
Con 13 millones de personas es claro que, en Argentina, la pobreza alcanza a buena parte de la clase trabajadora e incluso de los jubilados. Sólo como ejemplo se puede señalar que en la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con mayor ingreso del país, los docentes tienen un salario inicial de $11.300, cuando la canasta de pobreza que mide el Instituto de Estadística porteño la ubica hoy en $14.000. Hay una responsabilidad directa de la burocracia sindical, que ha dejado pasar este ajuste contra el pueblo sin mover un dedo. Es necesario más que nunca el paro general ya para recomponer los salarios y terminar con los despidos y las suspensiones.
El crecimiento de la pobreza y de la indigencia es el resultado directo de una política de beneficios al capital y de desvalorización y precarización de la fuerza de trabajo. Sobre este cuadro social explosivo el gobierno sin embargo insiste que su línea estratégica es bajar el costo laboral argentino.
Es decir, seguir creando nuevos pobres e indigentes.

Gabriel Solano

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