jueves, 2 de marzo de 2017

Macri en el Congreso: fantasía y realidad del relato económico



El presidente habló de “señales de mejora” en el ámbito económico. Defendió el pago a los buitres, la minería y la expoliación de Vaca Muerta. El cinismo en escena.

El deslucido mensaje de Mauricio Macri en el Congreso, con momentos de desbordes emocionales hacia el final, dejó entrever las dotes de “estadista” del presidente en relación a la economía.
Uno de los principales logros económicos defendidos fue el pago a los fondos buitres. Se trató de U$S 10.000 millones que fueron a manos de los especuladores con ganancias siderales para “incorporarnos al mundo y tener credibilidad internacional”.
El pasaje al primer mundo es tan caro que, al tipo de cambio oficial, con ese desembolso se podría dar un aumento de $ 12 mil mensuales, aguinaldo incluido, a cada uno del millón de docentes que hay en el país.
El arreglo con los buitres habilitó al Gobierno para iniciar una escalada en la deuda pública y externa cuyos intereses tienen un peso acrecentado en el gasto público.
Más que canalizarse a inversiones, los dólares que ingresan al país se utilizan para pagar esa misma deuda, tienen destino especulativo o alimentan la fuga de capitales. Los antecedentes históricos indican que ese círculo vicioso no termina bien.
Aunque todos los analistas del establishment protestan porque sigue habiendo poca responsabilidad con las cuentas públicas, el presidente también destacó la baja del déficit fiscal.
La reducción de gastos producto del ajuste, por ejemplo gracias a los tarifazos que permiten disminuir los subsidios, tiene una contrapartida en los crecientes intereses de la deuda pública, como así también en ingresos afectados por la situación recesiva.
La “normalización energética” que anunció Macri llegó solamente a las boletas con los tarifazos mientras los servicios de electricidad siguen siendo normalmente interrumpidos. Cientos de miles de usuarios fueron afectados con cortes del suministro eléctrico las últimas semanas en el medio de la ola de calor.
Pero a pesar de los tarifazos las cuentas no cierran y si en 2016 se logró apenas cumplir la ya por sí elevada meta de déficit fiscal es gracias a los ingresos obtenidos por un blanqueo que benefició a fugadores y evasores de impuestos.
Macri afirmó que “el crédito comienza a fluir para las familias y las empresas”. Lejos de esa ficción, las familias están sufriendo despidos y la caída del poder de compra. En su discurso, el presidente olvidó relatar como “fluyen” despidos y suspensiones en AGR Clarín, Banghó, Atanor, Textil Neuquén, Alpargatas o Volkswagen. Son sólo unos pocos ejemplos entre tantos otros.
El primer mandatario también ratificó las metas de inflación del Banco Central, con una oscilación entre 12 % y 17 %. Celebró que en el segundo semestre de 2016 la inflación fue la más baja desde 2008, obviando el pequeño detalle que en el acumulado anual la inflación fue la más alta desde 2002.
Pero más allá de las metas oficiales, casi ningún analista pronostica menos de 20 % de inflación. Y es muy probable que se aproxime al 25 %. Con esas cifras y paritarias del 18 %, como les proponen a los docentes, el salario real volverá a caer, sumando un nuevo deterioro al del 6 % que sufrió el año pasado. La retracción salarial pone un límite estrecho a la recuperación del consumo.
Macri dijo que el actual será el primer año de crecimiento luego de muchos de caída de la economía, algo que se sostendría en 2018 y 2019. Lo mismo prometió el año pasado con el famoso "segundo semestre", que finalmente agregó uno más a los ya largos años sin crecimiento ¿Se repetirá la historia?
Dejando de lado los pronósticos afiebrados, la dimensión de la recuperación, si es que hay alguna, depende en gran parte de lo que ocurra con las paritarias.
Sin recuperación del poder de compra del salario el consumo seguirá deprimido. Es decir, que se podría dar la paradoja de un crecimiento económico leve sin efecto relevante en el consumo popular. No parece ser la mejor ecuación en un año electoral.
Donde hay menos dudas sobre los “éxitos” económicos es en el ámbito agropecuario. La oligarquía agroexportadora, las grandes multinacionales del agro y algunas ramas agroindustriales se vieron beneficiadas, además de por la devaluación de diciembre de 2015, por la quita (o baja en el caso de la soja) de retenciones, cuando no directamente con reintegros a la exportación como ocurre en algunas economías regionales.
Esas medidas significaron una enorme transferencia de recursos a los sectores agropecuarios más concentrados. Esa es la clave por la cual “En 2016 la venta de cosechadoras aumentó 54 % y la de sembradoras un 80 %”, como detalló el presidente. También para que se espere una nueva cosecha récord este año.
El Gobierno no conduce a la Argentina hacia el Siglo XXI, como pretende Macri, sino más bien parece retrotraerla, bajo el mantra de la competitividad y la productividad, a un esquema con similitudes al de fines del Siglo XIX cuando los “padres fundadores” introdujeron a nuestro país al mundo como apéndice agrario de las potencias imperialistas.
La innovación es la puesta en valor de la “gigantesca potencialidad minera”, como afirmó el presidente, y la explotación de los recursos de Vaca Muerta. Pero a decir verdad, en cuanto a "modelo" extractivista, el macrismo le debe tributo a la "pesada herencia" de Cristina Kirchner y al acuerdo de Axel Kicillof con la Chevron.
Las medidas en el ámbito social que el presidente resaltó como un logro de su gestión, lejos de expresar una “opción por los pobres” del gabinete de los CEO, son más bien migajas por la emergencia social por produjo el ajuste.
Las ganancias del agrobusiness, los especuladores del capital financiero internacional, las multinacionales industriales, las privatizadas de servicios públicos, la burguesía "nacional", el único "derrame" que trae son las penurias del pueblo trabajador.

Pablo Anino
@PabloAnino

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