martes, 26 de julio de 2016

La Nación: periodismo de guerra contra la clase obrera

Otro editorial de antología del diario oligárquico que en medio de un empantanamiento de su gobierno, exige la degradación absoluta de la condición obrera.

El diario La Nación en general y sus editoriales en particular, ofician en muchas oportunidades como la voz de la conciencia (a)crítica del gobierno de la CEOcracia.
Un editorial que exigía la libertad para los genocidas quedó como de antología para la memoria colectiva en el amanecer de la nueva administración.
Hoy el diario de los Mitre pone blanco sobre negro el objetivo estratégico del país atendido por sus dueños y el sueño húmedo del universo patronal.
El título relativamente eufemístico del editorial de este martes es “Un cambio indispensable en las relaciones laborales”, el contenido concreto implica un pliego de demandas para esclavizar a la clase trabajadora.
El desbocado manifiesto exige “modificaciones legales y estructurales, tanto en las reglas de alcance individual sobre el trabajador, como en las que hacen a los acuerdos colectivos”.
Tiene frases de ilustre honestidad brutal como “la oferta de mano de obra es relativamente insensible al nivel salarial (…)”.
Y entre sus reclamos plantea que “un aspecto sustancial de una reforma laboral es que la negociación de salarios y condiciones de trabajo tenga en consideración la productividad y los límites y posibilidades de cada empresa”. Para esto es necesario una atomización de las negociaciones paritarias (“En este sentido se debería asignar preferencia a los acuerdos laborales de nivel menor [empresa o sector geográfico] por sobre los acuerdos colectivos o paritarias en el nivel de sector de actividad”).
Luego de exigir la atomización sindical, también solicita el retiro del arbitraje del Estado, no para lograr la independencia de las organizaciones sindicales, sino para dejar a la intemperie a los trabajadores frente al capital.
En el plano estrictamente laboral, el vocero guerrero de los empresarios no se anda con vueltas: “La forma de incentivar y facilitar la demanda de trabajo es flexibilizar y facilitar la contratación y que a la vez se brinden garantías para que no se produzcan contingencias imprevisibles y desproporcionadas” y esto se complementa con que “también debe tenerse en cuenta que los nuevos procesos y el avance de las tecnologías hacen necesaria la multifuncionalidad, la polivalencia funcional y la jornada variable o flexible.”
Finalmente, el editorial reclama la eliminación de las indemnizaciones: “La indemnización por despido debería sustituirse por un sistema contributivo que ampare al trabajador frente al desempleo”. E incluso propone la creativa idea de que si no se usan esos fondos pueden convertirse en jubilaciones: una AFJP de las indemnizaciones que seguramente quedará a resguardo de las conocidas buenas intenciones de los bancos.
El sincericidio que muchas veces manifiestan los editoriales del diario La Nación tiene el mérito de transparentar los objetivos estratégicos de los dueños del país, que el gobierno de los CEO traduce a golpes de crisis con la relación de fuerzas.
La herencia de cerca de un tercio de los trabajadores en negro, muchas normas de flexibilización y precariedad laboral que siguieron vigentes y la estructura burocrática de los sindicatos, no le alcanzan como legado a la Tribuna de Doctrina.
No es Marcelo Tinelli y la política como espectáculo de la lucha de clases medias de trolls y operadores mediáticos, ni siquiera el circo de la disputa contra la corrupción bochornosa de la administración anterior.
La madre de todas las batallas del famoso periodismo de guerra es contra el enemigo común: la clase obrera.
La Nación lo hizo de nuevo: editorializó sin mediaciones la verdad última del país burgués.

Fernando Rosso
@RossoFer

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