miércoles, 25 de marzo de 2015

"La respuesta de los gobiernos de Brasil y Argentina frente a la amenaza estadounidense a Venezuela ha sido débil"

Entrevista a Guillermo Almeyra, editorialista internacional de La Jornada (México)

M.H.: Buenos días Guillermo. Barak Obama señaló a Venezuela como una amenaza para la seguridad interna de los Estados Unidos. En Clarín de hoy, Marcelo Cantelmi señala que Maduro exagera, que en realidad habla de fantasmas desestabilizantes. Pero teniendo en cuenta los antecedentes de la política exterior norteamericana, no son declaraciones para pasar por alto, al menos esa es mi apreciación. ¿Qué evaluación hace usted?
-G.A.: La amenaza es gravísima. Además es una violación directa de la legislación internacional y del funcionamiento de la ONU. Denuncia a un pequeño país que no tiene los medios militares, ni económicos, ni políticos para afectar a Estados Unidos, sin prueba alguna. Amenaza tan grave que provoca una emergencia nacional en Estados Unidos. Esto es la preparación de una posterior agresión, en cualquier momento y con cualquier pretexto, bombardeando, con ataque naval, con invasión por Colombia, como sea, pero en la tradición de los Estados Unidos. Es de una prepotencia increíble, con argumentos sumamente endebles, que hay corruptos en el gobierno, lo cual es un problema legal de Venezuela, no de Estados Unidos. Que no hay libertad de prensa, mientras la mayoría de los medios en Venezuela están en manos de una oposición feroz. Que hay presos políticos, mientras que esos presos no son tales, sino que han sido agarrados in fraganti y han confesado actos de terrorismo. Lo peor de todo es que Obama no lo hizo a través del Congreso, sino directamente.
-M.H.: ¿Cómo se enlaza esta amenaza a Venezuela con los temas que venía trabajando en relación a Argentina? Una voz que yo llamaría solitaria dentro de la izquierda, advirtiendo sobre el partido judicial y lo que fue la marcha del 18F, y esta posibilidad que se presenta de un impeachment a la presidenta Dilma Rousseff.
-G.A.: La respuesta de estos gobiernos, afectados directamente y que son víctimas de un ataque coordinado, me refiero a Argentina y Brasil, ha sido muy débil, no hay insistencia en la organización de una reunión urgente de UNASUR para tomar medidas, como fue en el caso de Evo Morales. No se defienden en lo más mínimo, tratan de ir para adelante como pueden. Enfrentando una creciente radicalización de una oposición que está dispuesta a sacarlos del camino.
No hay razón alguna desde el punto de vista del mercado de cereales para que, habiendo vendido millones de toneladas, y con un mercado en el que los precios tienden a bajar por la abundancia de soja, trigo y la falta de especuladores, se lance un lock out patronal contra el gobierno en estos días como hizo la Sociedad Rural, tratando de reinventar la 125 para exigirle al gobierno que le quite los impuestos, como si los trenes y los hospitales se mantuvieran con dinero provisto por el Espíritu Santo.
Es algo gravísimo, no solo la continuidad de la ofensiva, que es lógica dentro del combate entre los sectores dominantes, sino también por la inoperancia de los gobiernos para defenderse. Maduro al menos trata de hacerlo, las dos medidas que toma son en ese sentido, una reafirma la salida pacífica y la aceptación del resultado de las elecciones quitándoles un argumento y la segunda es la movilización no solo de las Fuerzas Armadas, no solo de las milicias, sino también del pueblo en armas, como una demostración de que están dispuestos a enfrentar cualquier cosa.
El problema es que hay una parálisis de iniciativa, incluso desde el punto de vista de la izquierda en Argentina, el FIT, que va a concentrar los votos de la izquierda y al cual hay que apoyar, no ha tentado una solución propia para el caso Nisman, no plantea inmediatamente el tema de Venezuela, no tiene una política agraria, no tiene una política para los grandes sojeros, no tiene un plan de desarrollo, no presenta proyectos ni programas que correspondan a la realidad y a lo que la gente esta discutiendo. Están metidos en las elecciones y es una parálisis intelectual gravísima, creo que no solamente se trata de la actitud del gobierno que está pendiente de lo que dice Clarín, los fiscales y jueces de la oposición, sino también otros sectores de la sociedad que no reaccionan.
Hay que hacer una política de construcción de una salida para los problemas del país
-M.H.: El miércoles pasado tuve oportunidad de asistir al plenario convocado en la Facultad de Ciencias Sociales por los compañeros de Pueblo en Marcha, al que fueron invitados los partidos referentes del FIT. En ese debate se vio particularmente de lado del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS), un discurso centrado en la crítica a Venezuela. Más allá de las diferencias políticas que pudieran existir, me pareció inoportuno hacer el eje en ese tipo de expresiones, más allá que se estuviera buscando acentuar algún tipo de diferencia para impedir lo que fue, hacia el viernes, el acuerdo electoral entre los componentes de Pueblo en Marcha y el FIT. Usted suscribió una declaración al respecto y me gustaría conocer de qué manera recibió este acuerdo.
-G.A.: El acuerdo es un progreso importante tanto del FIT, como de los sectores que en las anteriores elecciones se definían como espontaneístas, apolíticos, antielectorales, etc. Ha habido un avance de la razón y un avance de la comprensión de los intereses de los trabajadores independientemente de los intereses partidarios. En las elecciones anteriores, con un grupo de compañeros sacamos una declaración dando un apoyo crítico al FIT, pero la reacción fue totalmente distinta, en primer lugar porque recibimos menos adhesiones de personalidades, intelectuales, etc. Por otro lado, Jorge Altamira repudió la postura diciendo que no aceptaba un apoyo crítico. Y a pesar de no conocerme me tildó de agente del imperialismo. Esta vez no fue así, el Partido Obrero comprendió la necesidad de reforzar el electorado en la Ciudad de Buenos Aires, que es un electorado de derecha, para sacar algún diputado más y de unificarse más a escala internacional y nacional.
Pero este progreso que es propio de la maduración política general y el resultado de los acontecimientos internacionales también, es insuficiente. Es un acuerdo importante y hay que saludarlo, pero es electoral. Las elecciones son un recuento regular, un termómetro de temperatura social, lo que hay que cambiar es la situación del enfermo, hay que proponer medidas para el día siguiente de las elecciones, no hacer una política electoral, sino una política con matices electorales pero de construcción de una salida para los problemas del país. Eso no está planteado aún, porque hay grandes diferencias entre los diversos componentes del FIT y con los sectores que ahora les han abierto las listas.
Además, hay un error de caracterización desde el punto de vista del FIT, los partidos que lo integran creen que el kirchnerismo está muerto, ninguno está muerto hasta que no lo entierran, por el contrario, hay un nivel de conflicto entre las clases que se va a acentuar hasta las elecciones, y tendencias para salir por la derecha de esta crisis. Muchos sectores obreros van a votar por el gobierno no estando de acuerdo pero para evitar un mal peor, va a haber una tendencia al voto conservador de prevención contra el ataque de la derecha. Tampoco la destrucción del grupo de Solanas, Binner, etc., es forzoso que deje sus bases libres para ir hacia la izquierda, muchos van a volver a votar a la derecha. La evolución de los radicales en ese sentido es bastante clásica. Creo que hay una mala apreciación, esperan duplicar los votos y eso no está dicho, es probable que se mantengan los votos o que aumenten ligeramente, pero nacionalmente no creo que haya una ocasión como para una oleada hacia la izquierda de superación del kirchnerismo.
Hay que hacer una política sensata, dirigirse a los electores kirchneristas críticos, proponiendo soluciones concretas a los problemas concretos, no solamente sindicales sino también políticas. ¿Qué hacer con el campo? ¿Qué hacer con la justicia? Dar soluciones concretas para construir una base para las movilizaciones posteriores.
"La respuesta de los gobiernos de Brasil y Argentina frente a la amenaza estadounidense a Venezuela ha sido débil"

Mario Hernandez

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