sábado, 5 de septiembre de 2015

Soldati tuvo una tragedia que estaba anunciada



El edificio está bajo la órbita del Instituto de Vivienda de la Ciudad. Los vecinos denunciaron que vienen reclamando al gobierno porteño por el estado deplorable en que se encuentra. Y que nunca se ocupó de hacer los trabajos, pese a una ley y dos fallos judiciales.

La vigilia, junto a la fogata encendida sobre las vías de trocha angosta del Ferrocarril Belgrano Sur, en el cruce con Mariano Acosta, en Villa Soldati, era angustiosa y sobraban las razones. Tres adolescentes que jugaban mientras bajaban por las escaleras, en el sexto piso de un edificio de nueve, cayeron al vacío cuando uno de ellos –que falleció–, trastabilló y se tomó de la baranda de seguridad, que cedió bajo su peso. En un postrero intento, el chico se agarró de sus dos amigos y los arrastró con él. Los sobrevivientes están internados, graves, uno de ellos con riesgo de quedar inválido. Los vecinos están acongojados y furiosos, porque el complejo habitacional, que comenzó a construirse en 1973 y sufrió interrupciones durante la dictadura militar, tenía obras por terminar desde 2012 que nunca fueron realizadas por el gobierno porteño, que hasta desoyó dos órdenes judiciales para que las ejecutara (ver aparte).
Jacinto González, vecino y referente del barrio, confirmó la demora en la finalización de los trabajos “que acumula ya un montón de años, porque todavía no tiene el certificado de finalización de las obras”, a la vez que muestra un documento que forma parte de una gruesa carpeta de reclamos a las autoridades porteñas. “Mire acá”, dice Jacinto mientras señala una página en la que se lee una cifra cercana a los 50 millones de pesos. “Estos 49.261.407 pesos fueron invertidos hace poco, por el gobierno porteño, para pintar el frente de los edificios, la fachada, en vez de hacer las obras internas. Si hubieran asegurado las rejas de la baranda, estos chicos no hubieran fallecido.”
El Complejo Habitacional Soldati tiene 3200 departamentos donde viven 70 mil personas, que comenzaron a llegar entre los años 1978 y 1979. Muchos de ellos eran personas expulsadas de la Villa 31 de Retiro, de casas de inquilinato derribadas por las obras de la Autopista 25 de Mayo y del Bajo Belgrano. La responsabilidad de las obras es del Instituto de la Vivienda que depende del Gobierno de la Ciudad.
“Los tres estaban jugando, eran pibes, y cuando mi hermano trastabilló, la reja de la baranda cedió y se llevó con él a sus amigos, que intentaron salvarlo”, le dijo a Página/12 Fabián, uno de los hermanos de Cristian, el chico de 17 años que murió al caer al vacío desde el sexto piso.
Las otras dos víctimas son Nihuel y Gastón, de 15 y 14 años, quienes están internados en grave estado en el Hospital Piñero. “Todo ocurrió cerca de las 12 de la noche (del jueves)”, precisó Fabián, con el rostro marcado por el dolor y el cansancio de un día interminable para toda su familia. La ambulancia del SAME, afirman los vecinos, “demoró entre media hora y unos 40 minutos”. El hermano del chico fallecido recordó que “los primeros que llegaron fueron los bomberos y nosotros, que estábamos desesperados porque los chicos estaban ahí, tirados, sin atención médica, no pudimos aguantar la llegada de la ambulancia”.
Personal de Gendarmería, que también habían llegado al edificio 14, escenario de la tragedia, trató de impedir que tocaran a los heridos, pero “los levantamos igual y con las tablas que nos dieron los bomberos los sacamos de acá adentro; fuimos nosotros los que los levantamos y los sacamos hasta afuera y al rato llegó la ambulancia”, explicó Fabián. En el lugar donde cayeron los tres chicos todavía podían verse las manchas de sangre. “Lo que todos queremos es que nos den una solución, que alguien se haga cargo de este problema, porque venimos reclamando desde hace más de diez años y nadie nos escucha.”
Jacinto González le dijo a este diario que “el gobierno porteño nunca se hizo cargo de los ‘vicios ocultos’ que tiene este complejo habitacional y nadie escucha nuestros reclamos permanentes, que se han intensificado desde 2002 y que hasta cuentan con un fallo judicial a favor”. “Lo que pasó con estos chicos es que nunca aseguraron las rejas, no las soldaron como debían haberlo hecho hace mucho tiempo, y porque no funcionan los ascensores, que fueron clausurados por el gobierno nacional porque no hay certificado de finalización de obra y eso impide que se apruebe su utilización.”
González sostuvo que “éste no es el primer caso grave, porque ya murió otra vez un hombre que estaba arreglando un ascensor y tuvimos muchos problemas, tenemos muchos problemas, porque tenemos en el edificio a una pareja de no videntes a la que le adjudicaron un departamento en el cuarto piso, en un edificio sin ascensor; es una barbaridad lo que hacen con la gente”. El vecino explicó que el complejo habitacional fue declarado en “estado de emergencia”, hace doce años, por la Legislatura, pero “nunca se tomó ninguna medida desde el Gobierno de la Ciudad”.
El titular del SAME, Alberto Crescenti, dijo que la ambulancia del servicio de emergencia llegó a las 0.39, confirmando el período de espera que señalaron los vecinos y familiares de los chicos accidentados. Sergio Touseda, jefe del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Villa Soldati, informó que habían recibido el alerta a las 0.18 y que cinco minutos después llegaron al edificio donde estaban los chicos. Según Touseda, ellos dieron el aviso al SAME a las 0.31 de ayer, aunque confirmó que los familiares de Cristian habían llamado antes al 911 de la Policía Federal.
Los vecinos, que anoche seguían cortando las vías, repetían una y otra vez que “desde que vinimos al complejo estamos a la buena de Dios”, según señaló Elba Díaz, de la Comisión de Vecinos. Ella y Jacinto González coincidieron en hacer responsable al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) porque “nos reclama que organicemos el barrio, que designemos a nuestros representantes, pero no podemos hacerlo porque para eso tenemos que tener la escritura en regla y la mayoría de nosotros no podemos tenerla, porque nos falta el certificado de finalización de obra”.
Elba Díaz remarcó que algunos cuentan “con algunos papeles del año 2001, extendidos durante el gobierno de Aníbal Ibarra, pero después nunca fueron certificados por el IVC, que nunca nos recibe y que ni siquiera vino ahora para dar la cara”. Anoche corrió una versión según la cual un funcionario del IVC se iba a reunir con los familiares de las víctimas en la iglesia de la zona, pero hasta el cierre de esta edición el supuesto encuentro no se había producido.
Los vecinos entrevistados por este diario señalaron que “tenemos carpetas llenas de reclamos, pero de todos ellos, sólo una vez nos acondicionaron dos ascensores y nada más; desde que subió Mauricio Macri todo se paralizó”. Elba Díaz precisó que “además del problema con los ascensores y con las barandas de las escaleras, tenemos problemas con las válvulas esclusas, roturas de mampostería que no fueron reparadas cuando se hizo el trabajo de pintura del exterior; a las barandas de las escaleras hay que cambiarlas, directamente, porque no hay forma de repararlas para que sean seguras”.
La mujer confirmó que hace dos años falleció “un hombre que estaba tratando de arreglar uno de los ascensores y quedó apretado, abajo de la máquina, porque es muy frecuente que los ascensores se caigan”. Sobre las vías del Belgrano Sur, dos de los hermanos de Cristian, el chico fallecido, estaban rodeados de amigos que señalaban que el barrio había tenido “un crecimiento fulminante, tremendo”, desde su apresurada habilitación, con la obra sin terminar, en tiempos de la dictadura militar. “A nosotros nos echaron de la Villa 31 y nos metieron en un departamento donde todo estaba mal; nosotros tuvimos que arreglarlo con nuestro propio esfuerzo.” Con el tiempo, hasta los lugares asignados para locales fueron ocupados “por personas tratadas como animales”.

Carlos Rodríguez

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