lunes, 21 de septiembre de 2015

La tormenta internacional como excusa para exigir más shock y menos gradualismo



La cuestión central en el debate económico venía siendo si primaría el gradualismo o el shock en el ajuste que aplicará quien suceda a Cristina. Con el indiscutible deterioro de la situación internacional observamos un giro: los voceros del ajuste argumentan que el tiempo del gradualismo quedó atrás. Los usos de la crisis para preparar el terreno de la estocada.La tormenta internacional como excusa para exigir más shock y menos gradualismo

Primero fue el salto del blue. A fuerza de bicicleta financiera, endeudamiento y swap con el banco de China, el gobierno tenía al dólar paralelo dormido desde principios de año. Pero unas semanas antes de las paso se volvió a mover el mercado paralelo, y la brecha entre la cotización oficial del dólar y la del mercado ilegal volvió a ubicarse en 70 %.

Después vino la devaluación en China, y en Brasil.

Fue como una señal de largada para que desde diversos medios, los “especialistas” empezaran a imponer un giro en el debate económico. Hasta hace unas semanas, la discusión versaba sobre si lo que se vendría con el próximo gobierno tendría que ir por el carril del gradualismo o el del shock. Devaluar de golpe, o hacerlo en pasos; recortar las tarifas de manera abrupta o armar un cronograma de recortes paulatinos; plan antiinflacionario para cortar con la inflación en un año, o metas para alcanzar una suba de precios menor a un dígito después de varios años. Estos eran los puntos centrales en los cuáles se mapeaba los posicionamientos de los asesores de los distintos candidatos.
Y en la mayoría de los casos, aunque las posturas de los candidatos a ministros se inclinaran hacia un lado o hacia el otro de la polaridad shock/gradualismo, lo hacían más como matices dentro del marco de la “gran moderación” que venía signando los posicionamientos de los candidatos. Bajo la idea sostenida por el gobierno de que la economía estaba controlada hasta diciembre, logro al que llegó a fuerza de una política bien ortodoxa, era difícil esperar otra cosa de los asesores económicos. Pocas cosas más piantavotos que hablar del ajuste en tiempos electorales, sobre todo cuando el oficialismo logró crear una sensación de estabilidad.
Pero los sacudones de los últimos tiempos cambiaron el panorama. La acumulación de malas noticias internacionales y la aceleración en el ritmo de pérdida de dólares que viene afrontando el Banco Central instalaron un nuevo escenario. Jorge Todesca por ejemplo, celebra que “ahora sí, la economía se ha instalado en la campaña electoral”, y evalúa que “la transición se producirá en un panorama económico tenso y el que asuma deberá actuar rápidamente”. Luis Secco, desde Infobae, señala que Brasil es “la razón principal por la que el gradualismo no puede funcionar”. Más taxativo todavía, Ricardo Arriazu, habitual columnista de Clarín, llega a afirmar que el gradualismo “no tiene un solo ejemplo exitoso”.
Hasta hace un tiempo, no había muchos que se atrevieran a pronunciarse en favor de una devaluación. Varios llegaban a bregar por esta medida haciendo un rodeo, apelando a los problemas de las economías regionales como fundamento de un ajuste cambiario, “olvidando” que una devaluación incluso en estos sectores crea un beneficio muy grande para unos pocos actores que concentran la comercialización, y un alivio muy moderado para la ecuación de costo/ingreso en el resto de la cadena. Hecho que por sí sólo desmiente la “urgencia” de ajustar el tipo de cambio.
Pero con los mayores aprietos que enfrenta el gobierno, con la caída continua y generalizada de las ventas al exterior en un contexto de caída en el precio de las materias primas y con Brasil en recesión, con un BCRA sin red de contención para compensar la demanda de dólar ahorro y el déficit de la cuenta de servicios reales (turismo) que entre ambos suman una salida neta de algo más de US$ 1.200 millones por mes, la “timidez” de los analistas dio paso a pronunciamientos cada vez más decididos en pos de cambios más drásticos. Ahora, la devaluación se presenta como “inevitable”. Reminiscencias de la fórmula “no hay otro camino” a la cual apelan una y otra vez los gobiernos capitalistas para hacer tragar el veneno del ajuste a los trabajadores y sectores populares.
Los operadores tampoco se engañan. Eduardo Levy Yeyati expuso días atrás los límites a los que se verán confrontados los sucesores de Cristina para encarar recortes drásticos en el terreno de los subsidios. Incluso una reducción moderada en de los mismos, tendrá fuertes impactos sobre la pobreza y sobre el nivel de precios, y por lo tanto podría desatar fuerte resistencia. En el mismo sentido, reconoce el ya mencionado Arriazu que difícilmente se venga un shock “puro”, como le gustaría; el próximo gobierno tomará según sus previsiones un camino de “gradualismo con shocks sectoriales”.
De lo que se trata, entonces, es de instalar un clima de que se acortan los tiempos, para ponerle la mayor cantidad de shock que sea posible al (también) previsible gradualismo, que por gradual no será menos duro en sus impactos sobre los trabajadores y sectores populares. Contra estos pregoneros del ajuste, los trabajadores y la izquierda necesitamos oponer un programa para que los costos de la crisis la paguen los que la provocaron, los capitalistas.

Esteban Mercatante

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