domingo, 13 de abril de 2014

Parazo contra el ajuste



La jornada del 10 de abril convocada por las CGT de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo y la CTA de Pablo Micheli se convirtió en un pronunciamiento nacional de la clase obrera contra el ajuste. Con masiva adhesión en los lugares de trabajo fue un parazo nacional.

Este segundo paro contra el gobierno kirchnerista tuvo mucha más adhesión que el del 20 de noviembre de 2012. Fue total en el transporte y en los servicios donde dirigen las principales centrales convocantes. Y en la industria, en numerosas fábricas de gremios de la CGT oficialista también se sintió con fuerza. En Zona Norte, se paró en alimenticias como Kraft de Pacheco, PepsiCo, en el parque industrial de Pilar en Procter, WorldColor y Unilever, autopartistas como Lear, gráficas como Donnelley y Printpack. También jaboneras como Alicorp de La Matanza. En Bahía Blanca se paralizó el polo petroquímico. En el cordón metalúrgico de Rosario (donde están los obreros de Liliana que vienen de una dura lucha) muchas fábricas no trabajaron. En la gran siderúrgica Siderar más de la mitad adhirió al paro. En la Renault de Córdoba y la Ford de Pacheco los patrones directamente dieron asueto ante lo que se preveía como un paro total. En la Ciudad de Buenos Aires fue importante el paro del subte donde los trabajadores masivamente no concurrieron a su trabajo. Miles de docentes también se sumaron a la medida en todo el país pese a su dirección abiertamente kirchnerista. Los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados nucleados en el Encuentro del Sindicalismo Combativo junto a otras organizaciones, y particularmente el PTS impulsamos asambleas en los lugares de trabajo y promovimos los piquetes obreros para ayudar a garantizar el paro allí donde los burócratas oficialistas no llamaban a parar. En este periódico hacemos una extensa cobertura de la adhesión al paro en todo el país.

El gobierno miente

El gobierno acusó el golpe. El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, atacó el paro diciendo que no se pudo ir a trabajar por falta de transporte y por los piquetes, desmereciendo el gran pronunciamiento de la clase obrera. Pero quien conozca la historia de los paros de este país sabe que si se quiere ir a trabajar se encuentra la forma de llegar. Capitanich también debería recordar que cuando la clase obrera argentina se decide a luchar lo hace contundentemente. Y es lo que empezó a hacer. La gran mayoría se sumó libremente al paro porque sobran motivos: la devaluación se come gran parte del salario, el gobierno quiere poner tope en las paritarias, el 35% de los trabajadores está en negro, la mayoría de los jubilados cobra la mínima de poco más de $ 2.700.
Los piquetes de huelga colaboraron en convencer a miles de trabajadores. Este método histórico de lucha de la clase obrera nacional y mundial, lo impulsamos orgullosamente desde el PTS y otras fuerzas que izquierda, desde el Encuentro Sindical Combativo reunido en marzo, en Atlanta, con numerosas comisiones internas y sindicatos. Muchos piquetes ayudaron a los precarizados, contratados y tercerizados (los más vulnerables frente a patronales que presionaban con amenazas de descuentos o quita de presentismo) a encontrar una “excusa” para no llegar al trabajo. Y sirvieron además para amplificar una voz alternativa a la burocracia y transformar el paro en activo en fracciones significativas de los trabajadores.
Opositores como Sergio Massa y Mauricio Macri habían condenado previamente el paro. Pero el mismo jueves no hubo político patronal ni medio de comunicación que no hiciera campaña contra los piquetes. El gobierno optó por reprimir con la Gendarmería el más importante, el de Panamericana. Pero no pudieron evitar que se realizara y allí los dirigentes de Kraft, Pepsico, Donnelley y diputados como Christian Castillo del PTS y del FIT, entre otros, denunciaron el ajuste del gobierno, exigieron un plan de lucha a las CGT y a las CTA y reclamaron la absolución de los petroleros de Las Heras.
La izquierda obrera estuvo en este y otros piquetes como en Puente Pueyrredón, en el Acceso Oeste (altura Hospital Posadas), en La Matanza (Ruta 3 km. 21 y en las puertas de Alicorp), en el Parque Industrial de Pilar, en el acceso a la autopista Buenos Aires-La Plata, en Rosario (primero en la autopista y luego en el centro), en la Ruta 66 de Jujuy, en el puerto de Mar del Plata, en la autopista de acceso a Mendoza, en el puente Centenario de Córdoba Capital, en la Ruta 7 de Neuquén frente a la emblemática Zanon y luego en la movilización con Aten. En todos el PTS aportó las principales columnas y sus dirigentes fabriles fueron claves en promover la participación obrera que fue el sello distintivo de los piquetes. Los medios debieron reflejar esta nueva realidad de un sector de la clase trabajadora donde la izquierda obrera comienza a pisar fuerte.

Un nuevo estado de ánimo en la clase obrera

El giro a la derecha del gobierno que incluye devaluación, tarifazos, suspensiones y hasta despidos, indemnización a Repsol y nuevo endeudamiento con los organismos de crédito internacionales, logró reunir consenso burgués. El escenario a derecha se completó con la campaña contra la inseguridad y las políticas de mano dura de oficialistas y opositores que sembraron el clima para que sectores de las clases medias se sintieran valientes para salir a practicar el método fascista del linchamiento.
El paro del 10 es la primera gran acción obrera que se opone con contundencia a la ofensiva ajustadora y al giro a la derecha del gobierno. La gran huelga de los docentes bonaerenses fue un anticipo que obligó a Scioli a retroceder. Pero este paro nacional está mostrando, de conjunto, un cambio de ánimo en la clase obrera adelantando una probable multiplicación de las luchas. La burocracia oficialista de los Caló y los Yasky no pudo salir peor parada, arrodillada ante un gobierno que sólo ofrece ajuste y con decenas de miles de trabajadores que le dieron la espalda este 10 de abril.
Por su parte, Moyano, Barrionuevo y Micheli no quieren pelear hasta derrotar el ajuste. Convocaron a una medida aislada y al hacer su balance, estuvieron lejos de comprometerse en darle continuidad. Estos dirigentes quieren utilizar la fuerza de la clase trabajadora al servicio de algún político patronal opositor. Están cómodos reuniéndose con cuanto derechista aparezca, sea Massa, De La Sota, Macri, o el socialista sojero Hermes Binner.

Desafíos

Se abren grandes posibilidades para la izquierda clasista y el Frente de Izquierda. La gran elección del FIT de 2013 ya había mostrado que cientos de miles de trabajadores que se oponen al gobierno optan por una alternativa de independencia de clase. Ahora el paro ratifica la importancia estratégica de los sindicatos en nuestro país y la emergencia de las organizaciones de la clase obrera en la vida política nacional pese a los límites evidentes de sus direcciones burocráticas. El futuro para desarrollar a la izquierda clasista y revolucionaria depende de comprender estas conclusiones. Está planteado impulsar el FIT como herramienta de independencia política de los trabajadores, pero debe estar combinado con promover una política para recuperar los sindicatos de manos de la burocracia e iniciativas de reagrupamiento de los sectores combativos como las que impulsamos desde el Encuentro de Atlanta. Limitarse solo a la agitación política sin ver la importancia de desarrollar fracciones clasistas orgánicas en los sindicatos termina en el mero electoralismo; al igual que limitarse solo a la lucha sindical deriva en sindicalismo. Nuestra estrategia se define por la articulación de estas peleas en torno a un programa y métodos de acción que señalen una perspectiva de independencia política de los trabajadores y la construcción de un gran partido revolucionario que agrupe a lo mejor de la vanguardia obrera que se proponga luchar conscientemente por el gobierno de los trabajadores.
Entre las variantes del frente único obrero está la de impulsar medidas de lucha cuando las centrales obreras convocan pero levantando un programa propio, como hicimos este jueves 10 para desenmascarar la política de los convocantes; o reagrupando a los sectores combativos, como en Atlanta. La “vuelta” de los sindicatos muestra la potencialidad de la clase obrera si estas organizaciones estuvieran en manos de la izquierda para desarrollar las aspiraciones de los trabajadores y ponerlas al servicio de derrotar el ajuste. Para eso hay que conquistar más posiciones en los principales batallones de la clase obrera. Se trata, sí, de pelear por un plan de lucha nacional y de levantar todas nuestras reivindicaciones. Pero fundamentalmente de levantar una alternativa para que las organizaciones de lucha recuperadas de manos de la burocracia levanten un programa de unidad de las filas obreras, de unidad con el pueblo pobre en la perspectiva de la huelga general para derrotar el ajuste y que la crisis la paguen los capitalistas.

Ruth Werner

No hay comentarios:

Publicar un comentario