jueves, 11 de enero de 2018

Lo que Sturzenegger no te contó



Los diarios de hoy se manifestaron sorprendidos por la modesta reducción de la tasa de interés de referencia que estableció el Banco Central. Se suponía, luego del anuncio de una suba de la llamada “meta de inflación” – del 10 al 15% anual – que se hiciera en la mega conferencia de prensa de finales de diciembre, que esa tasa podía caer a un 25/26%, en lugar del 28% en que quedó fijada ayer. Los comentaristas señalaron, correctamente, que el Central temía que una reducción mayor podía impulsar una corrida hacia el mercado de cambios.
Lo que los especialistas no han advertido es que la política financiera del gobierno enfrenta problemas mayores a los reconocidos – por ejemplo, la desaceleración de la economía que mostrarán los datos del Indec, próximamente. Ocurre que el Banco Central sabe que sí hay, en efecto, una ‘corrida’, en un lugar mucho más estratégico que la ‘city’ porteña. Es la que tiene lugar en Nueva York, donde se ha registrado una venta masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos, lo cual ha llevado la tasa de interés a diez años al 2.60% anual – un 150% más alta que sus niveles de hace dos años (Financial Times, 10.1). La agencia Bloomberg destaca un retiro de fondos, por parte de China, del mercado de deuda estadounidense, aunque también la decisión del Bank of Japan de reducir las compras de deuda del Tesoro nipón y del BCE, en el caso de Europa. Un aumento de la tasa en estos dos mercados, compite alza con el mercado norteamericano.
Los jefes de dos grandes fondos internacionales, Pimpco y DoubleLine Capital, han caracterizado simplemente todo esto como un ingreso del mercado de deuda pública de Estados Unidos en un ciclo bajista, lo que comporta un alza de las tasas de interés. Varios analistas han advertido que el déficit fiscal norteamericano podría alcanzar el billón de dólares como consecuencia de las rebajas impositivas votadas por el Congreso en beneficio de las grandes corporaciones. La deuda pública de los EEUU es mayor que su PBI, pues supera los veinte billones de dólares. La deuda corporativa no bancaria se mueve alrededor de los u$s10 billones – en China es aún mayor, en relación al PBI. No son los bancos centrales los que mueven hacia arriba la tasa – es el ‘mercado’, que está descontando una ola de quiebras mayúsculas en el ciclo financiero corriente.
La corrida en el mercado de títulos en USA, significa que los especuladores deberán aumentar la garantía que ofrecen por los préstamos que obtienen de bancos o fondos, la que consiste en bonos del Tesoro, mayormente. Les empieza a salir bastante más caro operar lo que se conoce como ‘carry trade’, que es comprar acciones en Wall Street a crédito (“margen”) o comprar activos financieros en los denominados países emergentes – ‘like Argentine’. Reducir en mayor proporción la tasa de interés local, como Peña la ha reclamado a Sturze, cuando se desarrolla una presión para un retiro de fondos desde el mercado internacional, podría desatar una estampida en el mercado de cambios de Buenos Aires. Decididamente, Macri y Sturze transitan por una “corda bamba”.
El ministro Caputo se jactó de previsor cuando anunció, hace un par de días, una nueva toma de deuda internacional por casi u$s10 mil millones, reivindicando una anticipación a la suba de tasa internacional. Pero todavía le queda rogar por otros u$s25 mil millones, de acuerdo al programa financiero del Presupuesto 2018. La cuenta de intereses y amortizaciones de capital del año que comienza es superior a esa suma – una vez que se toma en cuenta la deuda privada y la no registrada. La anticipación de Caputo no alcanza para gambetear el problema. Si el macrismo quiere llegar a 2019, deberá despojarse del ‘ideario’ neo-liberal y tomar medidas ‘intervencionistas’ – al uso ‘populista’. Lo acaba de demostrar con la crisis de las ‘metas de inflación’. Al final, lo que mueve al mundo del capital son los intereses de clase, no las ideologías. El bloqueo a la exportación de bio-diesel a Estados Unidos y la crisis de las negociaciones de comercio con la Unión Europea, son evidencias claras de que el mercado mundial no es un terreno de concordia sino de guerra, entre los intereses capitalistas enfrentados.
Una estrategia de la clase obrera debe tener como punto de partido el carácter irreversible del período de bancarrotas capitalistas.

Jorge Altamira

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