domingo, 8 de junio de 2014

Abajo el acuerdo con el Club de París



El anuncio de un acuerdo con el Club de París indica una profundización del giro que el gobierno está haciendo hacia el capital financiero internacional. El gobierno busca desesperadamente dólares en un intento de remendar el “modelo” cuando la economía está entrando en recesión y la caída industrial, notoria en las automotrices, se extiende a cada vez más ramas. El desorden en que está entrando la economía con una inflación que se mantiene elevada a pesar de los “precios cuidados”, déficit fiscal y deterioro del superávit comercial, tiene entre sus causas la devaluación de enero y el ataque al salario obrero. El oficialismo quiere reparar los problemas con nuevos pactos con el capital financiero internacional. La consecuencia será un reforzamiento de la dependencia y las imposiciones imperialistas.
El giro pro “mercados” se venía incubando con el acuerdo con el Banco Mundial en favor de las empresas imperialistas que litigaban en el CIADI (un tribunal a favor del capital de las grandes potencias), la conciliación para indemnizar a la Repsol en “agradecimiento” por la expoliación de los recursos hidrocarburíferos de nuestro país y con los gestos a la Corte Suprema de EEUU para lograr un acuerdo con los “fondos buitre”. Ahora ese giro pro “mercado” pega un salto. Esa deuda es una estafa con origen en la dictadura militar y agravada durante el gobierno de la Alianza de Fernando De la Rúa. Cada dólar que se va son menos recursos para la educación, la salud y la vivienda del pueblo trabajador. La deuda con el Club de París y toda la deuda, no es necesario investigarla ni analizarla, la única posición de izquierda es rechar sus pagos.

Una precaria estabilización cambiaria

El gobierno quiere regularizar la situación con los acreedores internacionales para conseguir dólares frescos y confrontar la dilapidación de reservas del Banco Central, que aunque se detuvo momentáneamente luego de la brusca devaluación de enero, no fue resuelta más que precariamente. La dilapidación de reservas justamente tiene una de sus principales causas en los pagos de la deuda externa (que ahora serán mayores por este acuerdo con el Club de París, que se suma lo que hay que pagar a Repsol), además de la necesidad de importaciones de combustibles producto del fracaso de la política energética oficial. Otro tanto de dólares se va por la fuga que hace en la mayoría de los casos el empresariado nacional y las remesas de ganancias de las empresas imperialistas. El objetivo de recomponer reservas asumiendo nuevos compromisos de deuda podrá eventualmente dar un poco de aire (lo cual todavía está por verse), pero prepara las condiciones de nuevas crisis en las reservas por incremento de los pagos de la deuda.
El carácter precario de la estabilización cambiaria no sólo está definido por el regreso a las maniobras especulativas de las multinacionales exportadoras de granos y de los terratenientes de la soja, sino porque el “modelo” está en franca declinación y los desequilibrios económicos se van sumando unos sobre otros. Sobre esa base es que las grandes exportadoras de granos (Bunge, Cargill, Dreyfus, etc.) retienen ventas para presionar por una nueva devaluación. Hay que imponerles el monopolio estatal del comercio exterior. Contrariamente a esto el gobierno les está regalando una ley que desgrava el pago de impuestos a los combustibles para el biodiesel que obtienen del aceite de soja. Nicolás del Caño, el diputado del PTS en el FIT, lo ha rechazado junto con el resto de los diputados del Frente de Izquierda. A los grandes terratenientes que también especulan con la soja hay que expropiarles las tierras. Es la única manera que los dólares de la soja se destinen en favor de las mayorías populares y no a la especulación.
Por ahora, el gobierno solo consiguió endeudarse más sin haber conseguido como contraparte que ingresen dólares. Las concesiones al Club de París son una señal para el capital financiero internacional leerá reforzando sus imposiciones para ofrecer divisas frescas. Más aún cuando negocia con un gobierno que tiene la debilidad de tener fecha de vencimiento: sólo un año y medio de horizonte de gestión por delante. En el mejor de los casos el oficialismo podrá conseguir dinero a tasas más altas de lo que habitualmente se paga por préstamos usurarios. Es que todavía queda pendiente una resolución del conflicto con los “fondos buitre” en los tribunales imperialistas de EEUU, una querella que los especuladores utilizan para señalar la situación “irregular” con los acreedores. Aunque el gobierno festeje como un triunfo el acuerdo con el Club de París, está conduciendo la economía a la “boca del lobo”. “Qué lindo es dar buenas noticias” decía De la Rúa cuando anunciaba el blindaje con fondos del capital financiero internacional en Diciembre de 2000, un año antes de irse en helicóptero.

Murió el “mito” de la industrialización

La restricción externa (escasez de dólares para sostener el crecimiento) nos recuerda el carácter atrasado y dependiente de los países imperialistas de la estructura económica argentina. Las crisis recurrentes de la argentina semi colonial siempre se manifiestan con una escasez de divisas y renegociaciones de deuda. El “mito” de la industrialización que el kirchnerismo creó para la tribuna se derrumba al observar el desplome de las ventas y, en menor medida, de la producción automotriz. Esa industria copada por las multinacionales imperialistas requiere de una inyección de dólares permanentes porque una gran parte de los automóviles armados en Argentina se hace con partes que elaboran otros países. La pobre elaboración de autopartes de la industria que actúa localmente es una muestra del atraso de la economía nacional. El carácter de “armaduría” se extiende a otras ramas como la electrónica. La escasez de dólares impone límites significativos a la importación de esas partes. No obstante, el desplome de las ventas también tiene entre sus causas la devaluación y el ataque al salario que está comprimiendo el consumo popular y de las clases medias. Luego de una década de “juntarla en pala” como gusta decir a la presidenta Cristina Kirchner las empresas utilizan como variable de ajuste a los trabajadores con suspensiones y despidos. Hasta ayer nomás tenían ventas y producción récord. ¡Qué abran los libros de contabilidad! Quedará al descubierto que la enorme cantidad de dinero que acumulan. En 2013 las multinacionales automotrices en todo el mundo facturaron montos que superan holgadamente lo que produce la economía argentina en un año. Resignando apenas una ínfima parte de las ganancias acumuladas fácilmente podrían mantener todos los puestos de trabajo repartiendo las horas entre todos los trabajadores. Pero las patronales industriales aprovechan el desorden económico para tratar de sacar una tajada más atemorizando a los trabajadores, que valientemente están mostrando predisposición a poner un freno a la prepotencia patronal, como ocurre estos días en Gestamp.

Una hipoteca insoportable

Los compromisos asumidos por el gobierno con el Club de París no sólo implican aceptar las imposiciones del capital financiero imperialista, sino que también, como es conocido por la experiencia histórica de los trabajadores argentinos, traerá más temprano que tarde nuevas penurias. La deuda reconocida a ese consorcio de bandoleros es de 9.700 millones de dólares, cuando antes de las negociaciones el gobierno decía que rondaba los 6 mil millones de dólares.
En 2005 el canje de deuda que hicieron Roberto Lavagna y Néstor Kirchner otorgó enormes beneficios para los acreedores. Es que la mayoría de ellos, incluidos muchos “fondos buitre” que decidieron aceptar, habían adquirido los bonos a mucho menor valor que el nominal. Por eso ganaron igual a pesar de la quita. Además, el canje les ofrecía algunos premios adicionales como el cupón PBI. En 2005, luego del canje, la deuda quedó en 126 mil millones. Hacia fines de 2013 superaba los 200 mil millones de dólares. El gobierno argumentaba que mucha deuda era intra estatal (con la Anses, Banco Central, etc.) y por eso había desendeudamiento. Ese argumento ya no valido entonces, al menos que el oficialismo estimara un “paga dios” a los jubilados y al propio Banco Central, hoy ha caído en desuso. Ahora avanza a paso firme la deuda con privados, organismos internacionales y los estados imperialistas. Hoy sumando los montos acordados con el CIADI, Repsol y Club de París la deuda pública llegaría a 215 mil millones de dólares. Un aumento del 70% en relación a 2005. Cuando el año pasado reabrió el canje para los especuladores buscando una salida al litigio que cursa en los tribunales imperialistas con los “fondos buitre”, la presidenta declaró que Argentina "desde el 2003 hasta la fecha, pago deuda por un monto de 173.733 millones de dólares". Es decir, que la deuda aumentó 70% a pesar de ser “pagadores seriales”, como dijo la presidenta. Ni que decir todas las miserias sociales que se podrían solucionar con esa millonada de dólares que equivale a cerca de un tercio de lo que produce el país cada año.
El acuerdo con el Club de París comprende el pago en efectivo de 1.150 millones de dólares durante el próximo año. Para 2015 los vencimientos de capital e intereses programados antes de las negociaciones con el CIADI, Repsol y el Club de París alcanzaban 13 mil millones de dólares. Hoy esos montos se estarían incrementando hasta llegar a 15 mil millones de dólares. Transformados a pesos implican pagos por unos 120 mil millones al tipo de cambio actual de 8 pesos por dólar. Es más de dos veces lo que se destinará este año para la Asignación Universal por Hijo y a las asignaciones de casi 8 millones de niñas y niños. El contraste entre el trato al capital financiero internacional y los excluidos es notorio.
Todos los partidos patronales y el establishment económico celebran el acuerdo. “Reacción positiva al acuerdo alcanzado con el Club de París” titula la “corpo” en la tapa de este viernes 30/5. El gobierno se muestra feliz porque el FMI no intervendrá en la economía. Pero el plan económico de Axel Kicillof contiene todos los ingredientes de un buen plan de ajuste: devaluación de la moneda, recesión, techos salariales, quita de subsidios con aumento de tarifas de los servicios públicos. No hay nada que festejar. La supuesta inversión que comprometieron los países del Club de París no es más que un consuelo de tontos. El mismo Axel Kicillof salió a ponerle paños fríos al ingreso de dólares por inversiones en la conferencia de prensa que dio para ofrecer detalles del acuerdo: “Una vez que empecemos a pagar, los países volverán a invertir en la Argentina”, dijo el ministro. Debería ver el muy buen informe de “6,7,8” cuando De la Rúa dijo “Qué lindo es dar buenas noticias”.

Pablo Anino

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