sábado, 27 de abril de 2013

Debate sobre la inflación en Argentina (2)


Problemas teóricos

La discusión acerca de las causas de la inflación es, en esencia, un debate sobre teoría del valor y de la acumulación del capital; entendiendo que la teoría del valor incluye tanto la formación de precios, como una determinada concepción del dinero (Marx decía que la teoría monetaria era la verdadera prueba de fuego de una teoría del valor). Por eso, detrás de las explicaciones monetaristas de la inflación -el aumento de precios se debe al aumento de la cantidad de dinero- existe una cierta concepción del dinero (o tal vez, la ausencia del concepto del dinero), así como detrás de la explicación keynesiana -la inflación es el reflejo de una puja distributiva- existe una concepción del precio. Por eso es importante prestar atención a la base teórica del planteo de Manzanelli y Schorr.

Indeterminación de precios en Kalecki

En el artículo publicado por el IADE (ver referencia bibliográfica), MyS explican que el fundamento de su enfoque es la teoría del precio de monopolio de Kalecki. Según MyS, Kalecki “demostró cómo en los mercados altamente concentrados el precio establecido por las empresas oligopólicas (p) tiende a ser más elevado en relación con el costo medio unitario de las restantes firmas, con sus consiguientes derivaciones en materia de apropiación de ganancias extraordinarias”. Luego citan a Kalecki cuando explica que el precio medio es proporcional al costo primo unitario medio, dado el grado de monopolio, de manera que los ingresos brutos y los costos primos guardan una relación estable y creciente o decreciente, según cambie el grado de monopolio (véase p. 28).
Empecemos precisando que Kalecki no “demostró” que los precios establecidos por las empresas oligopólicas tienden a ser más elevados en relación a sus costos medios que en las restantes empresas, sino que lo postuló. Para demostrar, debería haber presentado evidencia de que los sectores más concentrados gozan de tasas de ganancias sistemáticamente más altas; y que en procesos inflacionarios, los precios de los productos de las ramas más concentradas aumentan a una tasa superior de lo que lo hacen los productos de los sectores no concentrados. Kalecki no muestra evidencia de esto, ni la presentaron luego los poskeynesianos. Eichner (1973), por ejemplo, muestra la evolución de los precios de los sectores competitivo y oligopólico, entre 1965 y 1972, para EEUU, y no se ve que los precios de los bienes producidos en las ramas más concentradas hayan evolucionado por encima de los precios de las ramas consideradas competitivas. Es cierto que los segundos oscilan más que los primeros, pero aumentan a la misma tasa promedio. Asimismo, en la primera parte de esta nota vimos que la evolución de los precios industriales en Argentina entre 2001 y 2010, tampoco confirma la teoría kaleckiana. Esto a pesar de que esa serie fue considerada por MyS como representativa de la formación “a lo Kalecki” de los precios oligopólicos. Algo similar se puede decir, en términos generales, sobre la pretendida tasa de ganancia monopólica sistemática en el capitalismo moderno (ver más abajo).
Examino ahora la tesis del precio oligopólico de Kalecki, que es la base del planteo de MyS. La teoría de Kalecki se inscribe en la amplia gama de teorías que no consideran a la empresa tomadora de precios, como postula la competencia perfecta. Kalecki también rechaza el supuesto de la curva de costo con forma de U, y supone que las empresas tienen capacidad ociosa (esto es, operan en la parte constante de sus curvas de costo marginal, de manera que los precios se mantienen relativamente constantes cuando varía la demanda). Todo esto otorga a su teoría visos más realistas de lo que presentan los enfoques habituales de la ortodoxia dominante. Sin embargo, y con todo lo que pueda tener en este sentido de progresivo, la teoría kaleckiana deja al mark up, y a los precios, indeterminados.
Para explicar lo que queremos decir, podemos mirar por un momento lo que ocurre en la teoría marxista. En ésta, lo que aparece como mark-up es la tasa media de ganancia que, en promedio, recargan las empresas sobre sus costos. Dado que la misma está regida, en última instancia, por la ley del valor trabajo, no puede ser arbitraria; esto significa que las tasas de ganancia tienden a oscilar en torno a promedios, que determinan los precios de producción (los precios “naturales” de Ricardo), los cuales actúan como centros de gravedad para los precios de mercado. Cuando hablamos de determinación “estructural”, nos referimos a este tipo de determinación (la oferta y la demanda no determinan los precios, sino solo la oscilación en torno a esos “centros de gravedad”). La razón última de esta determinación es la restricción por el lado de la demanda: el poder de compra está limitado por el valor generado en la producción, y no puede ser aumentado arbitrariamente. Ésta es la razón última de por qué la ganancia no puede ser arbitrariamente alta. Volvamos ahora a Kalecki.
Según Kalecki, si la empresa pertenece al sector oligopólico, la ecuación del precio es: p = mu + np, donde p es el precio establecido por la empresa; u es el costo primo unitario (materiales y laboral) promedio; p es el precio promedio ponderado establecido por las otras empresas; m y n son coeficientes. En cuanto al precio promedio de la industria, será p = (m/1- n) u, donde u es el promedio ponderado de los costos primos unitarios, en tanto m y n son los promedios ponderados de los coeficientes correspondientes a las empresas. Según Kalecki, m y n conforman lo que puede llamarse el grado de monopolio de la empresa, y constituyen el mark up, que depende del grado de monopolio. El grado de monopolio, a su vez, depende de la concentración de las ventas (del número de empresas que actúan en la rama) y de otros elementos, como la publicidad y las campañas de ventas. Una consecuencia que se desprende del planteo es que el mark up tiende a ser estable.
El principal problema con este planteo es que el mark up, y por lo tanto el precio, están indeterminados. Esta indeterminación es “estructural” en el sentido que explicamos cuando nos referimos a la teoría de Marx de los precios de producción y la tasa de ganancia. En el esquema de Kalecki el mark up, y la ganancia, están indeterminados en su magnitud porque no tienen “anclaje” en algún centro de gravedad. En otros términos, la teoría no responde a la cuestión de cuál es la fuerza económica que obliga a que las tasas de ganancia oscilen en torno a ciertos promedios, y no sean arbitrarias. Por eso, estamos ante una indeterminación esencial. Y esta indeterminación no puede superarse con las referencias a la vinculación entre el grado de monopolio y el mark up. Es que en este punto Kalecki establece supuestos que no puede demostrar. El más importante es el que asocia el grado de competencia con el número de empresas en la rama. Aunque es aceptado comúnmente, este supuesto no está probado, y si se lo quita (véase el siguiente punto), toda relación determinada entre concentración y grado de mark up se derrumba. Pero con ella cae también la teoría del precio oligopólico. Vinculado a esto, Kalecki descarta que en las ramas de alta concentración haya guerra de precios, y postula que la competencia ocurre solo por diferenciación de producto, propaganda y similares. De nuevo, si se incorpora la competencia por precios (central en las teorías del valor trabajo de Ricardo y Marx), la explicación kaleckiana también pierde sentido. Subrayo: el problema de fondo es que sin esos supuestos no se puede establecer una relación positiva y sistemática entre concentración y grado de monopolio; y entre concentración y magnitud del mark up. Agreguemos que el mismo problema enfrentan todas las teorías mainstream sobre precios oligopólicos, o de competencia monopólica (este último caso supone gran número de vendedores que compiten por diferenciación de productos), que subyacen a la curva Phillips de los nuevos keynesianos, y enfoques similares. En todos ellos, por supuesto, no se contempla siquiera la competencia por guerra de precios.
La indeterminación del precio oligopólico, o monopólico, también fue admitida por los marxistas que buscaron desarrollar una economía política basada en la idea del dominio monopólico. En palabras de Paul Sweezy: “Aparte de algunas proposiciones vacuas, tales como que el precio será fijado en el punto en que se obtenga la ganancia máxima, la teoría del precio de monopolio se convierte pronto en un catálogo de casos especiales, cada uno con su solución particular… la dificultad es inherente a la materia. No se ha descubierto ninguna ley medianamente general del precio de monopolio porque no existe ninguna” (1974, p. 298).

Concepto erróneo de qué es competencia

Como he adelantado en el punto anterior, Kakecki asocia el grado de competencia con el número de empresas existentes en una rama. Se trata de un error bastante generalizado, (ver aquí), ya que el grado de competencia depende de la fuerza que tengan los contendientes. Por este motivo, en una rama dominada por dos o tres grandes corporaciones, puede haber más competencia que entre una gran corporación y una multitud de empresas pequeñas; o entre decenas de empresas pequeñas. Al ignorar estas posibilidades, MyS parecen reducir la competencia a la que pueda existir entre algunas grandes empresas y empresas pequeñas o medianas, atrasadas tecnológicamente o sin acceso a economías de escala. Naturalmente, en este escenario la competencia es apagada; las empresas pequeñas o medianas no representan un desafío a las grandes corporaciones, y se postula que entre las grandes existe colusión.
Sin embargo, éste no es el caso general, ya que también existe competencia entre las grandes corporaciones, y no solo por diferenciación de producto, sino también por cambio tecnológico y guerras de precios. Es que una empresa que logra avances tecnológicos puede ofrecer el mismo producto más barato que el resto de la competencia; o un producto de mejor calidad al mismo precio; o con mejor financiamiento, etcétera. No se trata de meros ejercicios teóricos, sino de lo que ocurre en la realidad del sistema capitalista contemporáneo, como lo dijimos en la primera parte de esta nota. A períodos de relativa calma -similares a los de la “paz armada”- les suceden otros de acelerado cambio tecnológico, caídas de precios y fusiones de empresas que buscan fortalecerse para afrontar la presión competitiva. Por eso mismo, una vez generalizado el cambio tecnológico, o establecida la nueva escala “promedio” de la rama, no es posible volver a elevar los precios al nivel anterior, como piensan MyS. Este mecanismo está detrás del abaratamiento progresivo de los bienes a medida que se desarrolla la tecnología y bajan los tiempos de trabajo promedio invertidos en la producción.
Pero además, es un error pensar que siempre que existe competencia entre grandes empresas y empresas relativamente pequeñas, las primeras salen necesariamente triunfadoras. El resultado depende de muchas circunstancias, que las grandes no siempre manejan. Por ejemplo, las empresas pequeñas o medianas pueden aprovecharse de nuevas tecnologías, en tanto las grandes corporaciones no tienen manera de amortizar rápidamente sus inversiones pasadas y mandar a desguace los equipos obsoletos sin grandes pérdidas. También las empresas más pequeñas y nuevas pueden tener acceso a condiciones de contratación de mano de obra más favorables. En resumen, las grandes corporaciones pueden enfrentar una competencia de advenedizos, de menor tamaño, frente a los cuales no hay poder de mercado que valga. Es lo que sucedió, por ejemplo, en la industria de acero: las grandes corporaciones estadounidenses, como la United Steel, no podían frenar la guerra de precios, en las décadas de 1970 y 1980, lanzadas por los productores japoneses, coreanos o brasileños. También tenemos el caso de la ofensiva competitiva que soportaron General Motors, Chryhsler y Ford por parte de las automotrices japonesas o europeas. Y estos episodios se repiten a lo largo de la historia del capitalismo, en diferentes países, y con diferentes actores. Grandes conglomerados que durante años se consideraban imbatibles, de pronto no pueden resistir ofensivas de capitales nuevos y más pequeños. Para terminar este punto, presentemos otro caso, esta vez local: la aparición en la industria frigorífica argentina, en las décadas de 1960 y 1970, de empresas de tamaño medio, que compitieron exitosamente con los grandes establecimientos (Armour, CAP, Wilson, etc.), y los desplazaron. Esto es casi imposible de interpretar con el esquema kaleckiano.

Ganancias extraordinarias por monopolio o por disminución de costos

Una de las cuestiones más importantes es distinguir entre las ganancias extraordinarias de monopolio (u oligopolio) y las ganancias extraordinarias que devienen de la mayor productividad relativa del trabajo, incluidas las que provienen de las economías de escala. Es bastante común agruparlas bajo la categoría de “ganancias extraordinarias oligopólicas”; es lo que hacen SyM. Sin embargo, las ganancias que derivan de la reducción de costos por economías de escala o por adelanto tecnológico relativo son de un orden conceptual distinto del que rige las ganancias oligopólicas. Es que las primeras se explican por reducción de los tiempos de trabajo necesarios para la producción, en las empresas que tienen economías de escala, o tecnologías avanzadas, con respecto a los tiempos de trabajo promedio que rigen en la industria. En términos de Marx, se trata de trabajo potenciado, y por eso generador de más valor por unidad de tiempo, que en el promedio de la industria. En consecuencia, estas ganancias extraordinarias desaparecen cuando la escala de producción incrementada, o la tecnología mejorada, se imponen como promedios sociales (y las empresas que no lo logran, sufren pérdidas o desaparecen). En cambio, las ganancias de monopolio, u oligopólicas, provienen del poder de mercado que tienen los oferentes, en ausencia de competencia que pueda llevar al precio de mercado a oscilar en torno al precio de producción. Por este motivo, no se corresponden con valor generado en la empresa monopólica, o en las empresas oligopólicas.
¿De dónde proviene entonces este plusvalor “extra”, del que se apropian las empresas oligopólicas? (o la empresa monopólica). SyM dan a entender que se trata de transferencias de ingresos (los marxistas diríamos plusvalías) desde las empresas más pequeñas y menos productivas. Pero esto es imposible. El trabajo realizado con escasa tecnología, o que carece de economías de escala, es trabajo despotenciado. Esto significa que es generador de menos valor que el trabajo aplicado a las empresas promedio, o en las más productivas (véase Marx, caps. 1 y 10 de El Capital, tomo 1).
En consecuencia, no hay forma de que el valor que integra las ganancias extraordinarias provenga de las empresas menos productivas. Las ganancias extraordinarias son el resultado de trabajo potenciado, en relación al promedio prevaleciente en la rama. En cambio, la ganancia monopólica, u oligopólica, se genera cuando el precio al que se vende el producto está por encima del valor de producción. Por este motivo, no corresponde a valor generado en la rama, y sólo puede venir de una transferencia de plusvalía desde otras ramas. En consecuencia, si la mayoría de las ramas tiene un alto grado de concentración oligopólica, no es posible que haya ganancias oligopólicas generalizadas, ya que lo que gana una, lo pierde la otra. Es un juego de suma cero. Y lo típico en la economía moderna es que haya alto grado de concentración (véase, por ejemplo, la “ampliación” a la primera parte de la nota).

Tendencia a la igualación de la tasa de ganancia

Lo explicado hasta aquí no implica negar el hecho de que durante ciertos períodos de tiempo, y en determinados países, funcionen carteles de precios, que aseguran a las grandes corporaciones ganancias de tipo oligopólico. Muchas veces estas ganancias son posibles por disposiciones de los gobiernos, que garantizan nichos en los que la competencia no actúa. Fue el caso, en Argentina de los años 90, de las empresas telefónicas, o las que administraban los corredores viales. Pero en la medida en que las ganancias derivadas del control de mercado son altas, aumenta la presión de otros grupos para entrar en esos nichos; también puede haber presión de los capitales perjudicados por los sobrecostos implicados en las ganancias monopólicas; y otros factores, incluso políticos. Esto explica por qué en esas ramas terminan entrando capitales que aumentan la oferta, y llevan los precios hacia el precio de producción (y en muchos casos, derivan incluso en sobreinversión, caídas de precios y ganancias).
En términos más generales, hay que tener en cuenta que la presión competitiva se da también por las transferencias entre ramas de capitales. Las barreras de entrada son obstáculos para los capitales, pero no absolutos, y los flujos entrantes ocurren principalmente por dos vías, En primer lugar, por los mercados de capitales, ya que las empresas que están en ramas donde la demanda supera la oferta, obtienen mayores ganancias; por lo cual captan fondos con mayor facilidad (emitiendo títulos de deuda o acciones), lo que les permite ampliar la producción y sostener, o mejorar, su participación en el mercado en expansión. En segundo término, están las corporaciones que deciden entrar en una rama, atraídas por la alta rentabilidad; puede tratarse de empresas que ya actúan en esa rama en otro país, o que consideran tener la capacidad para diversificar sus actividades en la nueva rama.
Por otra parte, también existen barreras de salida. SyM no las mencionan, pero son claves para explicar por qué grandes corporaciones muchas veces soportan, durante períodos prolongados, tasas de ganancia por debajo de la media, o incluso pérdidas. Esto contribuye a que las tasas de rentabilidad, en promedio, no sean necesariamente más elevadas en las ramas más concentradas.

¿Tasas de ganancia estables o sujetas a fuertes variaciones?

También es equivocada la afirmación de Kalecki, y aceptada por MyS, de que los ingresos brutos de las grandes empresas de las ramas concentradas, y los costos, guardan una relación estable. Si esto fuera así, la tasa de ganancia de esas corporaciones sería estable, y jamás serían afectadas por las crisis capitalistas. La realidad es que las tasas de ganancia experimentan fuertes oscilaciones. Para comprobarlo, basta echar una mirada a las series decenales de ganancias, y tasas de ganancias, de las empresas que cotizan en Wall Street, por ejemplo. Estas variaciones están en la base de las grandes crisis de acumulación.
De la misma manera, no es cierto que las tasas de ganancia de las grandes corporaciones aumenten o disminuyan según aumente o disminuya el grado de monopolio, como sostienen MyS, citando aprobatoriamente a Kalecki. No existe evidencia empírica de que esto sea así.

Tasa de ganancia e inversión

En su nota SyM afirman también que los grupos oligopólicos reinvirtieron un muy bajo porcentaje de sus ganancias en Argentina, durante el período 2001-10. Crespo y Fiorito afirman que esto no es posible porque las inversiones obedecen al principio de aceleración. En otras notas he criticado este enfoque de CyF, y no volveré ahora sobre el tema (ver aquí y aquí). SyM tienen razón al sostener que la inversión (en equipos y plantas productivas) en Argentina, en los 2000, fue débil, tanto en relación a las tasas de crecimiento, como en relación a los altos beneficios obtenidos por el capital, en particular el volcado a la producción de bienes transables. Pero es un error pensar que se trata de un fenómeno circunscrito a las grandes corporaciones. No hay datos ni razones para sostener que en las ramas de escasa concentración la inversión haya sido sistemáticamente más alta que en las ramas de concentración alta, o media. La inversión es decidida por los capitalistas teniendo en cuenta no sólo la evolución de la demanda, sino también la rentabilidad esperada y muy particularmente el marco social de acumulación, que define el horizonte temporal en que actúan (ver aquí). Y esto rige tanto para las grandes corporaciones, como para los capitales medianos o pequeños. No existen diferencias sustanciales en este respecto.

¿Por qué se desata el proceso inflacionario?

Por lo argumentado hasta aquí, pienso que el argumento de MyS carece de una base teóricamente sólida. Pero además, MyS tampoco explican qué relación puede haber entre la formación oligopólica de precios, y el proceso inflacionario. De la tesis kaleckiana que dice que los sectores más concentrados obtienen ganancias extraordinarias, no se deriva una explicación del proceso inflacionario. Por eso, el propio Kalecki adelantó algunas explicaciones de la inflación en las cuales la estructura oligopólica no era causa principal ni disparadora del proceso inflacionario (es sorprendente que MyS no hayan tomado nota de este hecho). En la tercera parte de la nota partiré de estos aportes de Kalecki -alguno de los cuales conecta con la explicación adelantada por Crespo y Fiorito- para proponer luego una explicación que es alternativa a las dos posturas presentadas en el debate de Página 12.

Rolando Astarita (08.04.2013)

Textos citados

Eichner, A. S. (1973): “A Theory of the Determination of the Mark-up under Oligopoly”, The Economic Journal, vol 83, pp. 1184-1200.
Kalecki, M. (1984): Teoría de la dinámica económica, México, FCE.
Manzanelli, P. y M. Schorr (2013): “Aproximación al proceso de formación de precios en la industria argentina en la posconvertibilidad”, Realidad Económica Nº273, pp. 25- 52.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Sweezy, P. (1974: Teoría del desarrollo capitalista, México, FCE.

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