viernes, 16 de septiembre de 2016

El megapiquete de Macri y el gran capital



Para recibir a los jefes del gran capital extranjero y nacional en su “Foro Empresario”, el gobierno de Macri dispuso un gigantesco corte de calles que superó holgadamente al de cualquier manifestación obrera o popular.
Naturalmente, ello no despertó ninguna queja por parte de la “gran prensa”, que le destinó al “Foro” suplementos enteros. Así las cosas, el megapiquete vino a renovar la promesa de la lluvia de inversiones, a pesar de que sus supuestos “artífices” son los mismos que se han fugado el ahorro nacional de al menos los últimos 20 años -ya sea depositando sus beneficios en el exterior por unos 350.000 millones de dólares o como acreedores de una deuda pública que -sólo bajo el gobierno “nacional y popular”- se llevó otros 200.000 millones. Esta confiscación sistemática está en la base de la actual quiebra nacional, que el gobierno quiere remontar a través de la llamada “vuelta a los mercados”.
Pero el macrismo no es original en este punto: hay que recordar a Néstor y Cristina tocando la campanita de Wall Street, allá por el año 2005, en la primera promesa de una “lluvia de inversiones”; mucho más adelante, a Kicillof y Gallucio anunciando otra lluvia, la de los hidrocarburos no convencionales, para lo cual firmaron el pacto secreto con Chevron. Todas estas tentativas no fracasaron por la “tozudez ideológica” de los Kirchner (formados en definitiva bajo el menemato), sino por el desenvolvimiento de la crisis mundial y por la resistencia de los trabajadores a aceptar una degradación histórica de sus conquistas -la condición de hierro del gran capital para “pensar en Argentina”. El kirchnerismo gobernó bajo la sombra de la rebelión de 2001 y nunca reunió las condiciones políticas para avanzar en una reestructuración antiobrera de fondo.

Macrismo

¿Qué cambió desde entonces hasta el Mini Davos macrista? Muy poco. Del lado del “mundo”, los visitantes al Foro provienen de un orden económico internacional en ruinas. El rescate estatal de los bancos capitalistas y la posterior conversión de éstos en acreedores de los Estados quebrados, han conducido a la llamada economía “zombie”. Como en el conjunto de la economía mundial, el tema del mini-Davos no ha sido la “insuficiencia de inversiones” en Argentina, sino el exceso de capital en relación con la masa de beneficios que ese mismo capital puede producir a costa de los trabajadores. La salida de ese pantano exige, por un lado, una liquidación de capitales sobrantes (concentración) y, por el otro, un salto decisivo en la explotación de la clase obrera.
Esa ha sido la verdadera agenda del Mini Davos. Los voceros oficiales pusieron las promesas de inversión en tres “pilares” -la energía, la infraestructura y el agro. En el primer caso, el señuelo es la dolarización de los precios de los combustibles, anticipada por un sendero oficial de precios del gas que conducirá en 2019 a valores que triplicarán a los internacionales. Como tributo al Mini Davos, la Justicia acaba de rechazar un pedido de suspensión de la audiencia pública de este viernes por parte de quienes -con toda razón- alegaron que el gobierno no informó sobre los costos de producción de gas. En relación con la obra pública, el gobierno “liberal” ha anunciado un régimen de contratación público-privado, que instituye el rescate estatal de los contratistas ante cualquier “imprevisto”. Por último, el agronegocio se ha beneficiado con la megadevaluación y la eliminación de las retenciones. Lo que el macrismo no ha podido explicar en el CCK es por qué este enorme paquete de incentivos al gran capital, puesto en marcha desde diciembre pasado hasta hoy, ha terminado agravando todos los desequilbrios económicos preexistentes. En este cuadro, el “Foro” ha servido para disimular, al menos por unos días, las pujas que recorren al gabinete y al conjunto de la burguesía en medio de la recesión general, la caída de la inversión, el aumento de la deuda pública y del déficit fiscal.

La clase obrera

La otra agenda del Mini Davos es la pretensión, tanto de anfitriones como de visitantes, de enjugar esas contradicciones por medio de un verdadero plan de guerra contra la clase obrera. En la lista está la ley de “empleo joven” (flexibilización laboral), la modificación aún más reaccionaria del sistema de riesgos del trabajo, una reforma jubilatoria dirigida a divorciar definitivamente al salario de los haberes y un sistema de salud que introduzca la “autogestión” (privatización) del hospital público. Por encima de las chicanas de ocasión, este paquete es compartido por Macri y la oposición de los Massa, Stolbizer, pejotistas y sobrevivientes de la “década ganada”. Este retroceso monumental en las condiciones de vida es la ofrenda que el régimen político argentino ofreció a los visitantes del CCK, para que éstos “consideren” inversiones en Argentina. Ni qué decir que este planteo, incluso si prevaleciera, convertiría a la Argentina en una gran plataforma de expulsión de riqueza social hacia el capital financiero y las corporaciones capitalistas.
Pero el macrismo no ha reunido siquiera las condiciones políticas para ello. Por eso, en el CCK prevalecieron las preocupaciones sobre la “gobernabilidad”. Los políticos oficialistas y opositores que recorrían el Foro le informaban a los CEOs sobre las coaliciones que están urdiendo con vistas a 2017.
Durante el Mini Davos, Macri reclamó “prudencia y sensatez” a la burocracia sindical, invitándola a que siga postergando la convocatoria a un paro nacional. El megapiquete empresarial-oficialista operó, en este sentido, como una gran extorsión -la “lluvia de inversiones” condicionada a la “paz social”. Por lo pronto, el primer grito de guerra se levantó contra el reclamo por reabrir las paritarias. Incluso allí donde se ha negociado por un semestre (“paritaria corta”), se pretende un segundo tramo por porcentuales irrisorios, no para recuperar la carestía pasada, sino en nombre de una “inflación futura” a la cual el gobierno -sin fundamentos- ha decretado en baja. Ni lerdos ni perezosos (para no luchar), los capitostes de la CGT unificada se han servido de las advertencias del Foro para devolver al freezer la posibilidad de un paro o rebajarlo a la condición de una marcha sin medidas de fuerza.
Por cierto, la agenda antiobrera que ha dejado flotando el Mini Davos debería conducir a lo contrario -o sea, a la necesidad de una acción obrera de fondo. Al piquete de Macri y los capitalistas hay que responderles con un paro activo nacional y un plan de lucha por la reapertura de las paritarias, por la abolición del impuesto al salario, por la anulación de los tarifazos, por el fin de las suspensiones y despidos. El Mini Davos macrista propuso colocar al país y a sus trabajadores en manos de quienes lo quebraron una y otra vez. Opongamos a este desastre anunciado una salida política de los trabajadores.

Marcelo Ramal

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