domingo, 18 de septiembre de 2016

Catamarca: el “basural humano” del genocida Bussi



Publicamos un relato sobre las desventuras del genocida Bussi en Catamarca durante el “Operativo Independencia”.

A ellos nadie los llamó a declarar, nadie se interesó por sus destinos, casi nadie los recordaba, hasta que la batalla entre la pluma y la espada terminó por resucitarlos.
(Extracto del libro “Los Mendigos y el Tirano” de Pablo Calvo).

Esta historia comenzó a escribirse en un crudo invierno del año 77 y tiene como protagonistas a un grupo de pintorescos personajes de la vecina ciudad de San Miguel, en la provincia de Tucumán y comienza en un café, en un parque, en una plaza.
Allí hacían las delicias de propios y ajenos Pachequito, el loco Perón, Manix y Satélite. Uno con su elocuencia, otro con sus hazañas, alguno rompiendo baldosas con la cabeza, todos llamaban la atención de alguna manera. A ellos se sumaban el loco Plaza, La Alemana, Julito, el loco Vera. Eran mendigos, locos lindos que vivían en las calles o en sus casas. Su cita se daba diariamente por la peatonal y los espacios públicos más significativos del jardín, donde pedían monedas y a cambio ofrecían su habilidad.
El día anterior muy temprano, un auto se detuvo en la vereda de enfrente, bajaron dos y junto a ellos subieron 3 hombres. Unas pocas horas después la situación se repetía en otro escenario, a unas 10 cuadras, en pleno centro. Y así llenaron de a poco el salón de la Comisaría 11 en la noche del 13.
Unos minutos más tarde, el camión de carrocería metálica oscura emprendía camino luego de pasar lista, en dirección a San Fernando, quizá con la ilusión de sus ocupantes de emprender un viaje hacia el Edén y en realidad terminaron viviendo una odisea.
Cuando cruzaron el límite, el camión se detuvo un momento –bajá vos y vos– dijo una voz aguda y el rodado continuo viaje interrumpiendo su marcha cada 15 minutos para bajar a dos más cubriendo el trayecto de la ruta 67, desde Bañado de Ovanta hasta río El Abra.
La madrugada del 14 de junio, amaneció más fría que de costumbre, cuando los pobladores que se despertaban temprano para realizar sus tareas cotidianas notaron a lo lejos una especie de fantasmas, después vinieron las primeras voces pidiendo auxilio. Eran ellos: hombres pequeños, desvalidos, cansados, muertos de frío acompañados por un par de mujeres que desesperados intentaban meterse donde podían cuando pudieron ver las primeras casas.
Todos con una cuchara en mano albergan la promesa de comer deliciosos banquetes en la tierra que le habían prometido, contaron después los moradores y la médica de zona, Aurora Pico Zossi, los primeros en brindar un poco de comida, agua y abrigo a los humillados de esta crónica.
Tres fueron a parar por principio de hipotermia a hospitales catamarqueños, dos en el de La Merced (Carlos Gutiérrez y Juan Silvestre Salguero) y el otro (Ramón Antonio Guzmán) al viejo San Juan Bautista. La lista oficial del total de ellos no se conoció nunca, se cree que fueron 20 o 25 seres a los que se les negó todo tipo de derechos por considerarlos basura.
“Basural Humano”, “La caravana fantasma”, “El trayecto de la Infamia”, “El camino de la verdad”, titulaban las crónicas y editoriales de los diarios de la época ni bien el Diario “La Unión” hizo denuncia pública de uno de los hechos más vergonzosos e impunes. Es por eso que apenas conocida la noticia, el coronel retirado Jorge Carlucci, gobernador militar de la provincia de Catamarca, le pidió explicaciones a su par tucumano.
La respuesta del Dictador y Jefe del “Operativo Independencia”, Domingo Antonio Bussi, gobernador de facto fue “exceso de celo de un funcionario policial en el cumplimiento de su función” hacia “un grupo de infractores consuetudinarios de ordenanzas municipales”, intentando excusar tan repugnante decisión, quien se destacó en Tucumán por ser fanático del orden y la limpieza.
Y “Operativo Limpieza” se denominó al ignomioso suceso en el que estos parias perdieron lo que les quedaba de dignidad y calidad de personas. Y aunque de esto brotó arte, como la obra “Limpieza” del tucumano José María Alsina, “Los mendigos Y el Tirano” de su coterráneo Pablo Calvo o la “Expulsión de los mendigos” del prestigioso escritor Tomás Eloy Martínez, entre muchísimas otras que lograron homenajear a estos personajes, pero sus fundamentales “Derechos Humanos” quedaron enterrados como mucho de ellos.
Por eso buscamos recuperar la memoria, hacer reconocimiento, sacar de la oscuridad tan lamentable hecho, intentando reivindicar de esta forma algo que –aun pasado los gobiernos de distinto signo político– jamás encontró reparación historia, convirtiéndose en los olvidados de la historia, continuando como aquello que se pretende ocultar bajo la alfombra, como lo que no se puede ver, la siembra del horror.

Gimena Denett

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