jueves, 18 de diciembre de 2014

Megacausa La Perla: Una testigo involucró a Barreiro en el asesinato del Enrique Salerno

El represor amplió su declaración sin la presencia del público y la prensa. No habrá otras inspecciones oculares este año. “En realidad no ha pasado nada. Los imputados no han podido precisar, no obstante exhibírseles placas satelitales del lugar, dónde estaban los segundo y tercer horno y los supuestos enterramientos”, dijo, Jaime Díaz Gavier, presidente del tribunal. Declararon Irma Inés Samosiuk y Nilda Ema Eloy.
Tras la finalización de la ronda de testimonios Barreiro solicitó ampliar la declaración iniciada el 10 de diciembre pasado cuando le acercó al Tribunal una lista con los nombres de detenidos desaparecidos que estarían enterrados en cercanías a la estancia La Ochoa. Los magistrados, tras analizar que ninguno de los imputados –Barreiro, Herrera, Manzanelli y Romero- pudo señalar con precisión el lugar donde estarían los cuerpos, consideraron “ocioso constituirse en el lugar”.
En relación al posible enterramiento de una persona en Villa Ciudad América resolvió que uno de los imputados acompañado por el secretario del tribunal recorra el lugar. De acuerdo al resultado se resolverá cuando se reanude el juicio en febrero. Así lo informó ante la prensa el presidente del tribunal Jaime Díaz Gavier al cocluir la jornada.
Por pedido de Claudio Orosz el Tribunal exhortó a los abogados defensores a no hacer públicos listados de víctimas mientras se realiza la investigación. Díaz Gavier expresó que se trata de una “falta grave”. La semana pasada un defensor facilitó esos nombres a la prensa cuya difusión generó dolor y falsas expectativas en las familias.

Salerno fue asesinado en La Perla

Nilda Ema Eloy declaró sobre la desaparición de Enrique Salerno, secuestrado el 5 de octubre de 1976 y trasladado desde Buenos Aires al campo La Perla y asesinado en 1977. A través del relato de otra prisionera supo que el “Nabo” Barreiro fue quien lo retiró. Recordó que esta información fue corroborada por Teresa Meschiatti quien aseveró que “Barreiro los sacó junto a otro compañero y fueron asesinados mediante el llamado operativo ventilador”. (Junto a Patricio Callowey)
La testigo narró que fue secuestrada el 1° de octubre en La Plata y luego llevada a los campos de concentración La Cacha, El Pozo de Quilmes, y El Pozo de Arana. Después pasó a la comisaría tercera de Lanús hasta que en agosto de 1977 la ponen a disposición del PEN y envían a Devoto.

El Infierno

Junto a un grupo de seis militantes, entre los que se encontraba Salerno (a) el dueño, “tabicados y con las manos atadas permanecimos en un calabozo que no se abrió por cuatro días”, contó la sobreviviente. A ella le tocó estar pegada a Salerno “un hombre de enormes ojos claros que cumplía años el mismo día que yo, con cinco de diferencia”. Durante el encierro no tomaron ni una gota de agua. El quinto día fueron retirados del cubículo llamado El Infierno: Salerno, Lampugnani y Jurado.
En esa prisión se encontró con una de las chicas –Adela Lampugmani-con las que estuvieron en El Infierno y le cuenta que a Salerno y a ella los subieron en un avión y trasladaron a La Perla donde fueron “salvajemente torturados” y que “el dueño” no había resistido la tortura. La mujer pasó además por La Ribera hasta que en junio de 1977 es llevada a Devoto. También aportó datos sobre Ignacio “Corcho” Cisneros. Dijo que estuvo en La Cacha y luego en La Perla.

La esposa de Luis Rodríguez

La primera testigo prestó declaración sin la presencia de los imputados. Irma Inés Samosiuk brindó testimonio por la desaparición de su esposo Luis Cristóbal Rodríguez y de María Carabelli.
Contó que el 2 de abril de 1976 fuerzas de seguridad allanaron su domicilio sin orden alguna. Alquilaban una casa en Sarmiento 2079, barrio Los Plátanos. Esa noche se acostaron tarde porque los fue a visitar Gabriela “la negra” Carabelli. Buscaba a su pareja Wenceslao Vera y había dejado a su hija Astrid Patiño al cuidado de unos vecinos.
“Entran unas ocho personas de manera violenta”, recordó. Estaba embarazada casi a término. Le tiraron una manta en la cabeza y preguntaban por Cecilia. “Mirá la joyita que encontramos”, escuchó que decían refiriéndose a Gabriela, que militaba en el PRT-ERP.
Luego los trasladaron vendados a La Perla. “No entendía nada, era todo muy confuso”, evocó. Ahí pudo escuchar la voz de del dirigente del Smata Maximino Sánchez. El hombre trabajaba en Industrias Kaiser Argentina (IKA) y su esposa también estaba embarazada. Uno de los secuestradores le dijo a su marido: “A vos te conozco, estudiabas en el Liceo”. Efectivamente había cursado en esa institución hasta el cuarto año y luego estudió ingeniería.
Gabriela en un momento dado le dijo que Astrid estaba en barrio 1° de Mayo. Escuchó que era torturada por los gritos y ahogos. “Me tapo el oído, no sé si me dormí, un gallo cantaba. Los olores del lugar eran feos, la colcha…”.

Me van a matar

La testigo relató que tras ser golpeada uno de los represores le dijo: “Te vamos a soltar y dejar que te despidas de tu marido”. Se quiebra emocionalmente al evocar aquél momento. “Entra Luis. Lo dejan que me abrace y me dé un beso. Me dice que tenga a nuestro bebé bien y que a él lo iban a matar”.
La dejaron en la casa de sus padres. Nunca más vio a su marido ni a Gaby. Al otro día fue a su casa. Encuentra todo revuelto. Le faltaban los documentos y la libreta universitaria. Como si esto fuera poco los propietarios le piden que la entregue.

A Bomberos

Al tiempo la cargan en una renoleta (Renault 4) y llevan al edificio de Bomberos. “Ahí un teniente Gallardo, tenía todas las fotos y los elementos personales de mi marido”, le manifestó al Tribunal.
El periplo no termina aquí. La suben a un jeep y, por la distancia, le parece que fueron hasta la comisaria tercera. “Había otras mujeres. Las iban a subir a un camión. Viene un muchachito joven, de civil, y dice: a ella no. Me muestran fotos y no reconozco a nadie”, se acordó.
La dejaron en la casa paterna en calidad de detenida. El 20 de abril nació su hija de parto normal. Más adelante contará los sufrimientos de la niña que tenía que ocultar y mentir qué había pasado con su padre.
La búsqueda de su marido no terminó nunca. Apenas ocurrido el secuestro como la mayoría de las familias presentaron habeas corpus, golpearon todas las puertas posibles: iglesias y cuarteles y se entrevistaron con prelados entre ellos Primatesta. Durante la democracia hizo la denuncia ante la Conadep.

Secuelas

“Para mi hija fue terrible”, afirmó y relató que a partir de los dos años le empezó a decir que su padre estaba muerto. Cuando tuvo que anotarla en el registro civil con el apellido del padre por decisión de un empleado que le sugirió que concurra con los abuelos pudo hacerlo. Y describió otros avatares vividos como el abandono de la carrera universitaria y salir a trabajar “hasta limpiando pisos”. Las secuelas aún hoy continúan. La nieta habla en las sesiones de terapia sobre “la tristeza de mi mamá por mi abuelo”.

Astrid Patiño

Ya en democracia, vio un cartel con la foto de Astrid la hija de Gaby que había quedado en barrio 1° de Mayo. Supo que la estaban buscando y se dirigió a una oficina de derechos humanos. Dijo que creía saber dónde estaba la nena. Van al barrio y buscan información. La mujer que había quedado a cargo se la niega pero los vecinos le dicen que había sido adoptada. A los 30 años se reencontró con Astrid.
Mañana concluye el cronograma de este año. Se prevé que declaren cuatro testigos. La audiencia se reanudará tras la feria judicial probablemente los primeros días de febrero.

Katy García (PRENSA RED)

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