miércoles, 20 de agosto de 2014

Sale a la luz complicidad de empresarios con la dictadura militar

Donde creció Ignacio Guido Montoya puede haber otros 20 nietos

La reciente recuperación por las Abuelas de Plaza de Mayo del nieto 114, Ignacio Hurban, cuya verdadera identidad es ahora Ignacio Guido Montoya Carlotto, nieto de la presidenta de ese organismo, Estela de Carlotto, abrió la compuerta de los secretos de la pasada dictadura militar en Olavarría, donde se sospecha puede haber otros 20 jóvenes que fueron robados a sus padres, desaparecidos entre 1976-1983.
Acaba de descubrirse que el médico que firmó la partida de nacimiento del niño arrebatado a su madre, Laura Carlotto, a sólo cinco horas de haber nacido, se llama Julio Sacher y perteneció a la policía bonaerense. Los otros médicos investigados son Luis Alejandro Seambelar (urólogo), también de la bonaerense, y Augusto López Villamide, del Regimiento de Tanques 2 de Olavarría.
Tanto Laura como su compañero y padre de Guido, Wilmar Óscar Montoya (23 y 26 años, respectivamente), fueron secuestrados a finales de 1977, víctimas de torturas y asesinados.
Desde Olavarría, las periodistas Claudia Rafael y Silvana Melo denuncian, en una investigación que anticipa hoy el semanario Miradas al Sur, la trama de la apropiación del niño, llamado Guido por su madre, que fue entregado por el productor agrario y terrateniente Carlos Francisco Aguilar a un matrimonio de peones que cuidaban su finca, Juana María Rodríguez y Clemente Hurban, a quienes pidió que nunca dijeran que era adoptado hasta que él muriera.
A sólo tres meses de la muerte de Aguilar la verdad saltó y fue confirmada por la humilde madre adoptiva. Pero un nombre lleva a otro y esta historia se une a lo sucedido en Olavarría, donde existe la poderosa empresa cementera Loma Negra, también en la mira, habida cuenta de la amistad de su recientemente fallecida dueña, Amalia Fortabat, con los militares y el poder económico.
Después de las lágrimas llegaron las preguntas de cómo podía haber llegado un niño desde un campo de concentración de la dictadura, un hospital policial o del hospital militar central –esto está en investigación– a ese lugar tan oculto. En general los niños eran buscados entre familias de militares, en sectores de clase media, y es la primera vez que se conoce otro destino insospechado, como es el caso de Guido.
Lo extraordinario en todo esto es que a Guido, que en cualquier caso estaba destinado a ser un peón, lo salvó su pasión por la música y la lectura, su compromiso social heredado de los padres, lo que él llamó esa genética de amor y rebeldía.
Su salvación lleva ahora a la posible salvación de otros y a la verdad de las relaciones socioeconómicas con la dictadura en esa zona donde existía un regimiento del ejército, el de Tanques 2 Lanceros General Paz, y muy cerca una siniestra cárcel Sierra Chica, y también en Monte Peloni un centro clandestino de detención.
Varios militares serán juzgados en una causa que comenzó mucho antes del hallazgo de Guido, el próximo jueves. Comparecerán ante la justicia en Mar del Plata los civiles Emilio Felipe Méndez y Julio Manuel Méndez, el ex suboficial mayor José Luis Ojeda y los ex coroneles Julio Alberto Tommasi y Roque Italo Pappalardo, acusados del secuestro, tormentos y homicidio de Carlos Alberto Moreno, abogado laboralista de Olavarría, cuyo crimen fue defender trabajadores contra la empresa Loma Negra.

Stella Calloni
La Jornada

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