lunes, 22 de mayo de 2017

Brasil y Argentina: Poder Judicial, crisis políticas y el #ForaTemer


Inestabilidad, tensión social y movilizaciones masivas. Estado neoliberal y Gobiernos posneoliberales. La clase obrera brasilera, actor necesario en esta crisis.

El Gobierno de Temer, como una suerte de personaje de tragedia, está condenado irremediablemente a morir. Si ello debía ocurrir originalmente en 2018, las fechas del calendario han mutado luego de la fenomenal crisis política desatada.
Con la denuncia de corrupción, su (ya débil) poder político sufrió un golpe monstruoso. Por estas horas, Temer se ofrece aún como garante del programa de ajuste que iniciara Dilma Rousseff. Habrá que ver si sus credenciales son validadas por el gran empresariado brasilero e imperialista.
En la tarde de este domingo, as ruas de Brasil serán copadas por multitudes al grito de #ForaTemer. Habrá que esperar los efectos y las lecturas de la jornada para evaluar cómo se desarrolla la crisis.

Ese Poder llamado Justicia

Hace más de 200 años, Thomas Jefferson -uno de los Padres Fundadores de EE.UU.- se preguntaba si “el Ejecutivo puede ser independiente del Poder Judicial, cuando está sujeto a las órdenes de este último, o a la prisión por desobediencia”. Temer debe haberse formulado el mismo interrogante en estas horas.
En Brasil y Argentina, la coyuntura muestra al Poder Judicial disparando tensiones mayúsculas. Con apenas dos semanas de diferencia, sus respectivos Tribunales Supremos parieron sendas crisis políticas, cuyas magnitudes no son equiparables.
En el caso argentino, la crisis abierta por el fallo que beneficiaba al genocida Muiña con el 2x1 fue parcialmente conjurada, con un pacto de “unidad nacional” que encontró su expresión en el Congreso Nacional y llegó hasta el progresismo.
En Brasil, la difusión de la escucha a Temer detonó como una bomba de profundidad, poniendo a la luz los rasgos de una crisis orgánica para decirlo en términos de Gramsci. Es decir una crisis social, política y económica o del Estado en su conjunto.
Si en Argentina, el Poder Legislativo “salvó” temporalmente a la Corte, en Brasil fue el máximo tribunal el que, para salvarse a sí mismo y al conjunto de la casta judicial, hundió en el fango de la crisis al Ejecutivo.
Diseñado como poder contramayoritario desde los inicios del régimen constitucional burgués en EE.UU., el Poder Judicial debía ser el reaseguro jurídico de los intereses de las minorías. Minorías que, en términos históricos concretos, implicaba a los grandes propietarios y acreedores que emergieron como clase dominante en la independencia norteamericana.
En una ironía de la política, aquel poder llamado a funcionar como salvaguarda ante “las pasiones de las mayorías”, actúa generando tembladerales.
La garantía del alineamiento con la minoría social que detenta el poder económico está dada por privilegios de índole aristocrática. Entre ellos se encuentran la intangibilidad de sus ingresos y el carácter vitalicio de sus cargos. En última instancia, se trata de una extrapolación de las características del conjunto de la casta política que gestiona el Estado burgués.

Partidocracia y posneoliberalismo

Los Gobiernos posneoliberales –definidos muchas veces como izquierda latinoamericana- se limitaron a gestionar el Estado burgués, dejando cuasi intacta la institucionalidad “heredada” del ciclo neoliberal. La continuidad del poder de la casta judicial resultó obvia.
Los Gobiernos posneoliberales nacieron a la vida como resultado del agotamiento y estallido del ciclo anterior. Ello les impuso la necesidad de un discurso político disruptivo, que varió en el tono, acorde a la profundidad de la crisis en cada país.
Las favorables condiciones internacionales permitieron un ciclo de gestión estatal donde las tensiones sociales fueron parcialmente contenidas, sin que ello implicara trastocar la estructura económica en su conjunto y, menos aún, limitar mínimamente el poder del gran capital.
En el terreno económico fueron incapaces de superar el carácter atrasado y dependiente de esas naciones en el concierto del comercio internacional. Como no podía ocurrir de otra manera, eso tuvo su refracción en cuanto a los regímenes políticos.
Lejos de la “democracia radical”, del “empoderamiento popular” o de la lucha “contra las corporaciones”, lo que primó fue la continuidad de las formas políticas heredadas de los 90’. La democracia burguesa posneoliberal se pareció demasiado, en esencia, a su antecesora neoliberal.
En Argentina, el kirchnerismo se presentó tempranamente como una variante política que venía a combatir a las llamadas “corporaciones”. Pero el conjunto de las mismas quedó intactas. Desde el Partido Judicial hasta el poder de los grandes multimedios como Clarín.
Otras “corpos” -como el poder territorial del peronismo o la burocracia sindical- fueron incorporadas como parte del mecanismo de dominación política en ese ciclo. Con la crueldad propia de la política burguesa, camino a las PASO de agosto, gobernadores e intendentes endurecen posiciones hacia quien fuera “la Jefa”.
En Brasil, desde el 2002 con la llegada de Lula a la presidencia, se completó el proceso de integración de ese partido el régimen burgués. El PT llevó hasta el final el proceso de transformismo, al convertirse en garante de la gestión política del Estado capitalista. Eso significó imbricarse en profundidad con el régimen estructuralmente corrupto del mensalão.
En Venezuela, la crisis del Gobierno de Maduro y su deriva crecientemente bonapartista, evidencian que el llamado “poder popular” nunca superó el nivel de una entelequia discursiva. El verdadero poder sigue anidando en un Estado cuyo pilar son las FF.AA., hoy disputadas discursivamente por el oficialismo y la oposición reaccionaria.

#ForaTemer

Todo parece indica que en la tarde y noche de este domingo, las calles de Brasil serán invadidas por multitudes. La amplia convocatoria se unifica bajo la consigna que se lee inmediatamente arriba de este párrafo.
Pero #ForaTemer es ya una demanda de sectores del corrupto régimen que lo convirtió en presidente, luego del impeachment a Dilma. Lo que se debate, y no términos amables, es la salida a la profunda crisis en curso.
Los golpistas proponen la continuidad del golpismo en el Ejecutivo, eligiendo al sucesor de Temer dentro del infecto Congreso que lo elevó al poder. La oposición del PT, la CUT y un conjunto de organizaciones opone el llamado a elecciones directas.
Si el primero de esos programas supone garantizar la continuidad del personal político que ejecutó el impeachment; el segundo implica la perpetuación del corrompido régimen que parió al mismo.
Ahí radica el enorme límite de la política del PT y la CUT. Supone la continuidad del sistema político del mensalão, de las enormes prebendas del Poder Judicial y del conjunto de la casta que gestiona el Estado al servicio del gran capital.
El poder detrás del poder político es el del gran empresariado brasilero e imperialista. En última instancia, se trata de aprovechar la enorme crisis política ne curso para abrir el camino a una transformación revolucionaria del orden político y social.
No han pasado más que tres semanas de la huelga general que paralizándolo –paradójicamente- hizo temblar al país. Esa gigantesca fuerza social es la que puede ser puesta en movimiento para que el #ForaTemer no se convierta en la antesala de una salida limitada a los marcos del Estado capitalista. Una salida que termine siendo la antesala de nuevos y mayores ataques sobre las condiciones de vida de la mayoría obrera y popular.

Eduardo Castilla
@castillaeduardo

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