sábado, 16 de noviembre de 2019

En Bolivia se procesan dos salidas contrapuestas



La derrota del golpe en las calles o el "diálogo" que lo convalida

La novedad del convulsivo escenario boliviano la arroja la constitución de una mesa de dialogo integrada por el gobierno golpista de Áñez y una parte de la dirigencia del MAS.

Tras el impedimento de que los asambleístas del MAS ingresen el pasado miércoles a las instalaciones del congreso para sesionar, lo que recrudeció la represión policial cuando los manifestantes se dirigían a la Plaza Murillo, el autoproclamado gobierno de Áñez ha decidido virar en su posición de intransigencia con el masismo y convocar a la conformación de una mesa de dialogo.
Por esta vía, Áñez habilitó las conversaciones con la senadora masista Adriana Salvatierra- quien renunció a la presidencia del Senado y por ende a la sucesión presidencial- y con la jefa de bancada del MAS en diputados, Betty Yañiquez, quienes pusieron como condición la demanda de garantías para que cesen las persecuciones políticas, un salvoconducto para los dirigentes masistas y que Evo pudiera retornar al país.
Estas tratativas eliminaron los impedimentos para que sesionen ambas cámaras del legislativo, permitiendo que se renovaran las autoridades de la Cámara Baja y del Senado. En horas de la madrugada del jueves, los diputados masistas lograron ingresar al congreso y sesionar con quórum propio, ante la ausencia de los golpistas, proclamando al diputado Sergio Choque como presidente de la Asamblea, quien entre sus primeras manifestaciones reclamó que la policía detenga las agresiones y pidió por el apaciguamiento de los sectores movilizados: “ya no podemos seguir enfrentándonos”. En el Senado, en cambio, con la participación de todos los legisladores del MAS y con legisladores de Unidad Demócrata- fuerza política que integra Áñez- y del Partido Demócrata Cristiano, se votó por unanimidad la presidencia de la cámara en cabeza de Eva Copa y la vicepresidencia a cargo de Pedro Montes, ambos pertenecientes al MAS. El dato a destacar es que Copa es representante de la ciudad de El Alto y dirigente de las juventudes del MAS, mientras que Montes fue ejecutivo de la Central Obrera Boliviana, lo que parece indicar una señal para los sectores movilizados en pos de que depongan su beligerancia contra el golpe. A su vez, ninguno de los recintos se pronunció contra el golpe, ni contra la ruptura del orden constitucional, cuestión no menos cuando el pueblo en las calles reclama el desconocimiento del gobierno ilegítimo.
La invitación de los golpistas al dialogo es solo para los sectores que no alienten la lucha contra el nuevo gobierno. Así lo manifestó en recientemente designado ministro del Interior, Arturo Murillo, quien manifestó “Estamos tendiendo puentes con varios sectores del Movimiento al Socialismo, pero con los que no están en la sedición, que no están haciendo terrorismo”. A estos últimos les indicó “[…] que se cuiden”.

El pueblo sigue de pie

A pesar de todos los intentos del gobierno golpista y de las múltiples manifestaciones de dirigentes masistas en pos de calmar los ánimos y de restablecer la paz social, las movilizaciones contra el golpe van creciendo día a día.
En El Alto sesionan todos los días los Cabildos Abiertos donde se discuten las novedades y se acuerdan las consignas, para luego comenzar la larga marcha de 11 kilómetros que unen la ciudad con el centro boliviano de La Paz.
En el día de hoy [viernes] y mañana se espera que la movilización de La Paz se refuerce con el arribo de los Cocaleros del Trópico, que vienen de manifestarse en Cochabamba, y otros sectores que se movilizan desde las regiones rurales del interior del país (Pagina12 15/11). Otro tanto ocurre con los mineros de distintas zonas que llegan a La Paz luego de sortear los retenes y obstaculos montados por los golpistas.
La orientación del MAS sigue siendo la de convocar al dialogo y la pacificación democrática. Es lo que ha manifestado Evo Morales en reiteradas apariciones en las que se ofrece como interlocutor para que cesen los enfrentamientos. En sus recientes manifestaciones vuelve a solicitar la intervención de la ONU e incluso se dirige a instituciones como la Iglesia Católica para restablecer la paz social y el dialogo.
Si bien la lucha contra el golpe se expresa en varios sectores con la consigna del retorno de Evo, ante la ausencia aun de una perspectiva política de los obreros y campesinos de carácter independiente, no son pocos los manifestantes que señalan que esta lucha va más allá del regreso de Morales. Napoleón Yawasi, presidente de la Federación de Juventudes Vecinales de Viacha manifestó “Lo que hizo Áñez es un golpe de Estado […] A mí no me interesa en lo particular que vuelva Evo Morales. Estas no son marchas partidarias. Pero los indígenas tenemos miedo de que se pierdan todos los derechos conquistados en estos 13 años” (La Nación 15/11). El ultraje a los símbolos tradicionales de las comunidades indígenas, como la Whipala, despierta el temor entre la populosa población de origen Aimara de que el golpe tenga como propósito avanzar en un ataque contra los sectores más postergados de Bolivia, más aun cuando su procedencia remite al personal político originario de la Media Luna Oriental de tradición derechista y segregacionista.
La situación planteada en Bolivia expresa objetivamente dos tendencias que se van delimitando con claridad. Por un lado, el golpe, que intenta sobrevivir a base de acuerdos y tratativas que le permitan ordenar una transición hacia una convocatoria a nuevas elecciones condicionadas. En este punto el insistente reclamo de pacificación, sin rechazar el golpe, implica la continuidad del proceso que han emprendido los golpistas. Por el otro, la lucha del pueblo, que rechaza al gobierno de Áñez y que se mantiene en estado de deliberación y movilización permanente, sin concesiones a los golpistas, hasta que depongan sus propósitos. Es por esta vía por donde se expresa la perspectiva de arribar a una salida independiente, que en el camino de derrotar a los golpistas deberá extraer las conclusiones necesarias para arribar a una salida obrera y campesina.

Marcelo Mache

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