domingo, 2 de julio de 2017

El Perón que no evitó el baño de sangre



El 1 de julio de julio de 1974 fallece Juan Domingo Perón. Fue el líder de un movimiento nacional burgués que concentró la adhesión de la mayoría de la clase trabajadora. Sin embargo pese al apoyo de las mayorías populares, su función fue mantener intactos los cimientos del país burgués y terrateniente.

Perón ocupó el centro del escenario de la política argentina como uno de los cabecillas e ideólogos del GOU (Grupo de Oficiales Unidos) que harán la llamada Revolución de 1943, poniendo fin al gobierno conservador de Ramón Castillo. A la cabeza de la Secretaria de Trabajo y Previsión, Perón estableció lazos con los sindicatos reformistas de aquellos años de origen socialista y sindicalista e impulsó leyes progresistas que le permitieron ganar el apoyo de los trabajadores.
Expulsado del gobierno del general Edelmiro Farrell por presión de la oligarquía, las masas obreras protagonizaron una histórica huelga general y desde las grandes barriadas del Gran Buenos Aires se avanzó hasta ocupar la capital, hasta entonces inmaculado centro político de la oligarquía, obligando a su liberación y dando lugar al mito fundador del peronismo: el 17 de octubre de 1945. El peronismo constituyó un movimiento nacionalista burgués que logró la adhesión obrera otorgándoles innumerables conquistas sociales y políticas, además del papel de columna vertebral del movimiento peronista. Junto a su mujer, Maria Eva Duarte, concentró el afecto de los obreros argentinos y concentró el odio de la oligarquía terrateniente que sintió como una ofensa a sus intereses particulares la impronta plebeya del peronismo.
Integrando los sindicatos al Estado burgués, alentó la formación de una burocracia dirigente, reprimió toda disidencia por izquierda e impuso la idea de que el objetivo central del Estado burgués debía ser lograr la armonía entre obreros y patrones. De esta forma logró liquidar la independencia política e ideológica de los trabajadores. Ese fue su principal contribución a la perpetuación del orden capitalista en Argentina.
Perón aprovechó la crisis del orden internacional producto de la Segunda Guerra Mundial para negociar ante la retirada del imperialismo inglés, el status semicolonial del país con el imperialismo yanqui. Encarnó un bonapartismo sui generis contemporáneo a fenómenos similares como es el de Lázaro Cárdenas en México o Getulio Vargas en Brasil.

"Evitar un baño de sangre"

José Ignacio Rucci explicó el retorno del líder justicialista en los 70 en los siguientes términos: "Perón se fue del país para evitar un baño de sangre; y fíjese como se escribe la historia: tiene que volver al país para evitar un baño de sangre". Paradójico, quien eso suscribía fue el jefe de una burocracia sindical que llevo adelante la masacre de Ezeiza e integro las bandas criminales de la Triple A. Pero la historia se encargara de desmentirlo.
Perón en 1955 no logró evitar un baño de sangre ni frenar la ofensiva del imperialismo yanqui, la oligarquía y la iglesia en su contra. Poco antes de ser derrocado,el 16 de junio, la Plaza de Mayo fue bombardeada por la Aviación Naval mientras la Marina de Guerra ametrallaba a la multitud congregada para defender al gobierno peronista. El 16 de septiembre es derrocado escencialmente por la defección de las fuerzas militares leales que se pliegan a la asonada encabezada por Eduardo Lonardi, Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas. Perón, que depositó su confianza en sus camaradas de armas, prefirió capitular frente a los golpistas antes que ceder ante la clase obrera que exigía armas para derrotar a los conspiradores.
En ese entonces fueron los trabajadores los que pagaron con su sangre en los fusilamientos de José León Suarez la victoria del golpe que dio lugar a la Revolución Libertadora. Fue la clase obrera, que veía atacados sus derechos y proscripto el movimiento político al cual apoyaba, la que llevó a cabo una resistencia extraordinaria frente a los gobiernos del régimen libertador que fue combatida por la burguesía con una feroz represión que incluyó la movilización militar de los huelguistas mediante el Plan Conintes y la desaparición de militantes como Felipe Vallese. "La vida por Perón" se convirtió en consigna de los obreros de la resistencia.
Durante aquellos Perón llevará a su máxima expresión lo que se conoce como su política pendular: alentará todos los movimientos que se oponen por izquierda al régimen libertador y buscara negociar por derecha con todos aquellos que se ofrecen como interlocutores del régimen proscriptivo. John William Cooke y Augusto Timoteo Vandor simbolizan las dos alas del peronismo funcionales a esta estrategia de Perón, quien, como buen bonapartista, los descartará (Cooke) o llamará a "tirarle a la cabeza" (Vandor) cuando estos intentan sacar los pies del plato y discutir su dirección política.

Insurgencia Obrera

El 29 de mayo de 1969 se produce el Cordobazo, una semiinsurrección obrera y popular que quiebra a la dictadura de la autodenominada Revolución Argentina. Las consignas coreadas por obreros y estudiantes en aquella gran acción histórica independiente de las masas fue "luche, luche, luche no deje de luchar por un gobierno obrero, obrero y popular". A partir de ahí se iniciará un proceso revolucionario que dará lugar a decenas de levantamientos que acorralan al régimen libertador y se asistirá al surgimiento de la guerrilla como un nuevo actor político.
Frente a este escenario, el gobierno del dictador Alejandro Agustín Lanusse, responsable de la masacre de Trelew, negocia con Perón el Gran Acuerdo Nacional que significaba el fin de la proscripción del peronismo y su retorno del exilio madrileño.
A la victoria de Hector Cámpora en marzo del 73, le sucedió la masacre de Ezeiza el 20 de junio, la renuncia de el "tío" Cámpora el 13 de julio, el interinato de Raúl Lastiri y la posterior victoria de la formula Perón-Perón el 23 de septiembre de 1973 con algo más del 61% de los votos, siendo la fórmula presidencial más votada de la historia electoral argentina. Perón concentraba las expectativas de la clase obrera argentina quien pensaba que su retorno iba a significar un paso en el camino de la independencia nacional y de una juventud que lo erigía como conductor hacia la "patria socialista". Nada de eso sucedió.
En el marco de un ascenso de masas que sacudía el cono sur latinoamericano y de una crisis económica internacional que pronto estallaría abiertamente, el retorno de Perón al poder tuvo el objetivo de ponerle fin a la lucha de clases que sacudía al país desde mayo de 1969 y de tratar de negociar la posición de extrema debilidad de la burguesía nacional frente al avance del capital imperialista. En ese marco el viejo líder, con su salud deteriorada, volvió para garantizar el desvío de un proceso revolucionario que escapaba al control de la burguesía y ante el cual Cámpora se mostró impotente. Su política central consistió en un Pacto Social que beneficiaría a las patronales y perjudicaría al pueblo trabajador. El otro objetivo fue iniciar un proceso de aniquilamiento de la vanguardia obrera y popular que se radicalizaba mientras sus sectores más combativos tendían a la independencia de política de clase, lo que implicaba un desafío abierto al peronismo. Para ello desde el gobierno peronista se formaron las Tres A (Alianza Anticomunista Argentina) dirigidas políticamente desde el Ministerio de Bienestar Social a cargo de José López Rega.

"Fusiles, machetes, por otro 17"

Montoneros nunca comprendió que toda la historia del peronismo fue el esfuerzo por evitar nuevos 17 de octubres, es decir la movilización de las masas. En virtud de esa estrategia es que Perón eligió capitular en 1955 en lugar de armar a los trabajadores. Pero también la propia práctica política de Montoneros que combinaba seguidismo a la estrategia de conciliación de clases de Perón y guerra de aparatos por fuera de la lucha de clases, era una estrategia que atentaba contra la realización de nuevas acciones de masas.
Perón supo contener dentro del peronismo a un ala izquierda que fue polo de atracción de una juventud que se radicalizaba. Montoneros fue esencial en las negociaciones con Lanusse, ya que cumplía el papel de "formaciones especiales", como los definió Perón, que por un lado desgastaba a la dictadura con sus acciones guerrilleras, mientras Perón negociaba con el coronel Cornicceli, representante de Lanusse, el GAN. Montoneros fue fundamental para captar el voto juvenil y de clase media en la campaña de Hector Cámpora. Pero ni bien cumplieron con su papel, Perón los enfrentó abiertamente. Luego de la masacre de Ezeiza, el General acusó a los Montoneros y la izquierda del peronismo por los incidentes, claramente provocados por los matones de la derecha peronista encabezados por Jorge Osinde, que poco más tarde formarán las bandas de las Tres A. En tono de amenaza Perón declaró: “Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua”. Concluyendo: “deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales que por ese camino van mal. Así aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables”.
La Juventud Peronista encabezada por Montoneros, pasó de ser calificada como “juventud maravillosa” a “imberbes y estúpidos” el 1 de mayo de 1974.

Baño de sangre

El último Perón gobernó endureciendo las políticas represivas del Estado, primero mediante la modificación de la ley de Asociaciones Profesionales que fortalecía a la burocracia sindical frente a las comisiones internas combativas; más tarde, luego del copamiento del cuartel de Azul por el ERP, en enero del 1974, mediante la reforma del Código Penal. Pero fundamentalmente la clave de la política represiva del nuevo gobierno peronista fue el de constituir bajo el amparo del Estado las bandas parapoliciales de la derecha peronista que actuaban coordinadamente como Triple A.
José López Rega, Ministro de Bienestar Social, fue el jefe político de dicha
organización y ministro estrella de esta fase del peronismo. Los comisarios Villar, Margaride y Morales, fueron nombrados por Perón como parte de su jefatura operativa. El criminal de guerra ustacha, el croata Milo de Bogatich, amigo personal del caudillo fue uno de sus cerebros. El recientemente desclasificado decreto secreto 1302, revela que Perón ordenó "Eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas", es decir el accionar de la guerrilla y los elementos activos de la clase obrera que mantenían viva la lucha de clases a pesar de las prohibiciones del Pacto Social. El bonapartismo del tercer gobierno peronista tuvo como voz de mando imponer el Pacto Social y la disciplina fabril a los tiros. De la decisión política de Perón se derivó posteriormente la orden de aniquilar a la vanguardia militante de los trabajadores y la juventud.
Bajo su mandato y mucho más luego de su muerte cuando el poder queda en manos de Isabel, los crímenes desembozados de la Triple A y el anticomunismo visceral serán sello de marca del gobierno peronista.

Facundo Aguirre

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