domingo, 9 de junio de 2013

¿La década ganada?




“Los trabajadores se apropian en la actualidad de una porción inferior del ingreso que a comienzos de la década del noventa. Este proceso obedece al relativamente bajo incremento registrado en los salarios reales, en el marco de una de las fases de crecimiento económico más significativas de la historia de nuestro país”. La conclusión no proviene de ningún sector crítico al gobierno, sino de la CTA oficialista, la que publicó -hace menos de dos años- un estudio sobre la evolución del salario desde el año 2001 (Cifra, 2011). Mientras el producto bruto se duplicó, en la década kirchnerista el salario real promedio apenas llegó a recuperar los valores postmenemistas de diciembre de 2001.

Despojo a los trabajadores

Según el Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped), de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en 1993 el salario real era un 13% mayor al de 2010, en 1984 un 42% mayor, y en 1975 (antes del Rodrigazo y la dictadura militar), un 65% más alto. Todos los informes reflejan que, desde 2011, la inflación ha provocado que la situación actual sea aún peor. Esto revela que en la década “ganada” se consolidó una confiscación histórica a la clase obrera. El gobierno se esfuerza en ocultar este hecho, comparando los valores actuales con los más bajos de la historia de nuestro país -los de 2002/ 2003. También con las estadísticas deformadas por los índices oficiales, donde se tergiversa la evolución del salario real y los índices de pobreza, o comparando solamente la evolución del salario mínimo, el cual no llega ni al 25 por ciento de la canasta familiar y que parte de un valor inicial completamente desactualizado. Según la UCA, a fines de 2011, el empleo precario seguía alcanzando al 35 por ciento de la población económicamente activa y, sumando a los subempleados y desocupados, superaba el 55 por ciento. Desde 2012, con la evolución de la crisis económica, el problema ha empeorado.

La farsa del desendeudamiento

La supuesta recuperación de la soberanía económica, sobre la base del “desendeudamiento”, es una farsa. Mientras, por un lado, el gobierno aguarda la decisión de la Justicia norteamericana en el caso de los fondos buitres, debido a la cesión total de soberanía perpetrada con los canjes de deuda de 2005 y 2010 (realizados bajo jurisdicción extranjera); el monto de la deuda pública actual ya supera los 220.000 millones de dólares. Es la deuda más alta de toda la historia argentina, superando en 75.000 millones de dólares a la de diciembre de 2001. Tomando la deuda actual -la cual es escondida por el gobierno, el que ha dejado de presentar los informes trimestrales sobre la misma desde hace un año, el índice de deuda/PBI “oficial” es del 41,5 por ciento-, pero, en realidad, se eleva a más del 50 por ciento. Este indicador es un 10 por ciento superior al de diciembre de 2000, en vísperas de la crisis de 2001.

La década perdida

A esta confiscación generalizada para el pago de la deuda externa, se le suma el rescate, con millonarios subsidios, a la “patria contratista” y a las empresas privatizadas. La consecuencia ha sido la mayor desinversión ferroviaria, energética y de infraestructura urbana de la historia. El gobierno argumenta, también, que el déficit energético es producto de un mayor consumo. Pero, según los datos de la CTA, entre 2004 y 2012 se ha reducido la extracción de gas y petróleo en más del 30 por ciento como consecuencia de la desinversión. Como los datos del PBI no toman en cuenta la depreciación del capital instalado, una evaluación realista demostraría que la estructura productiva se ha derrumbado con el kirchnerismo. Para lograr una década ganada, la perspectiva en la década próxima debe ser trazada por los trabajadores.

Sergio Szulman

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