viernes, 23 de octubre de 2020

El gobierno está metiendo mano en los depósitos en dólares


A esta altura, la gran incógnita es si la devaluación llegará antes que la corrida bancaria. 

 Ya son varios los economistas que aseguran que se agotaron las reservas netas líquidas del Banco Central. Esto significa que las operaciones con dólares se realizan echando mano de los depósitos. A esta altura, la gran incógnita es si la devaluación llegará antes que la corrida bancaria. 
 No hace falta explicar que, una tras otra, fracasaron todas las medidas oficiales para contener la fuga de divisas. Ni el supercepo, ni la baja de retenciones, ni la suba de las tasas de interés en pesos, detuvieron la caída de las reservas ni el ensanchamiento de brecha cambiaria -aunque sí ofrecen jugosos negocios a los que especulan con la devaluación, como los exportadores o los operadores financieros.
 De hecho, en el mes transcurrido desde que se instauraron mayores restricciones para la compra del billete norteamericano, los propios depósitos han sufrido una sangría de 2.000 millones de dólares (lo que implica aproximadamente un 15%), producto de que los ahorristas retiran su dinero de las cajas de ahorro de los bancos. Si nos remontamos a agosto del año pasado, los depósitos que forman parte de las reservas del Central cayeron a menos de la mitad.
 También mantuvo su ritmo la caída de las reservas por las ventas en afán de contener la cotización del dólar, motivo por el cual en la primera quincena de octubre se esfumaron más de 650 millones de dólares. En este cuadro, analistas estiman que descontando las colocaciones financieras, los lingotes de oro, el swap con China (cuyo costo de activación es mayor en términos políticos que financieros), en realidad ya no hay disponibles en las arcas del Banco Central reservas netas líquidas.
 Lo que falló es la premisa de Martín Guzmán y Alberto Fernández, que consideraban al acuerdo con los bonistas como el puntapié para «poner al país de pie» y reactivar la economía. Un mes después la cotización de los bonos cayó un 20% y el riesgo país sigue en niveles prohibitivos que excluyen a la Argentina del mercado de crédito internacional. Recientemente, hasta algunos fondos de inversión que ingresaron al canje emitieron un comunicado quejándose del rumbo económico del país, porque como también señaló Moody’s el hecho de estirar los vencimientos en el tiempo no disipa el horizonte del default.
 Ahora todas las fichas del gobierno están puestas en el pacto con el FMI. Es otra premisa falsa. En primer lugar, los capitalistas descuentan que la intención oficial es suscribir un nuevo programa, por lo que en sí mismo no redundará en ningún «shock de confianza». Luego, porque si bien es presentado por Guzmán como un aval del Fondo a la política del gobierno, el resultado de la misión del organismo en nuestro país fue que Kristalina Georgieva encomendara la tarea de adoptar un rumbo «comprensible» y «creíble», lo que significa sincerar el ajuste estipulado y revertir la brecha cambiaria con una devaluación en regla. 
 La carta a la que aspiran en la Casa Rosada es incentivar al máximo a los exportadores para intentar recaudar algo de dólares genuinos. Pero incluso con precios altos de soja y del oro, la cosa no camina. Las expectativas de devaluación son más fuertes. En efecto, llegamos a esta sequía a pesar de un abultado superávit comercial. Por lo demás, en septiembre fue la primera vez en dos años que aumentaron las importaciones, porque los empresarios aprovechan para anticiparse al encarecimiento del tipo de cambio para stockearse y sobrefacturar sus operaciones.
 La devaluación se avecina como resultado del fracaso del gobierno, y probablemente se lleve puesto al propio Guzmán. Será a la vez un mazazo contra los trabajadores y un gran negocio para los capitalistas (que compran bonos linkeados al dólar, mientras que el fondo Pimco tendrá a disposición una subasta a medida para desarmar sus posiciones en pesos y embolsar las ganancias del carry trade macrista). Para imponer otra salida, hay que derrotar el pacto con el FMI y terminar con este régimen hambreador.

 Iván Hirsch

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