sábado, 21 de abril de 2018

Los noventa años de Lilita Carrió



¿Qué distingue a la mentira de la falacia? Simplemente que la falacia pretende conservar una apariencia de verdad. La irrupción de un mundo de la “pos-verdad” – la última moda del macaneo–, es francamente una observación mentirosa, porque la falacia ha sido detectada por la humanidad desde antes de Aristóteles.

Yrigoyen

Una ilustración de la falacia que más ha circulado en el último tiempo es la que resume una declaración de Elisa Carrió, que cita La Nación (20.4): “Nada quiero más, dice la diputada, que termine su mandato un presidente no peronista por primera vez en 90 años y a ello le dedico toda mi energía”. La auto-proclamada discípula de la alemana Hanna Arendt, solamente debe haber leído las solapas de la abundante literatura de la que fuera alumna de Heidegger.
¿Quién perdió su mandato hace noventa años? Hipólito Yrigoyen, quien no fue derrocado, como es obvio, por el peronismo, en 1930, aunque en las filas de los golpistas revistara un teniente coronel llamado Juan Perón. Lo voltearon un ala fascistizante del ejército y… la UCR anti-personalista, junto a… los socialistas independientes. El anti-personalismo radical se proclamaba “republicano”, como lo haría siete décadas más tarde Elisa Carrió, en oposición al caudillismo y al ‘populismo’ que se le atribuía al “Mudo”, aunque no por no haber usado la cadena de Radio Nacional. En el prontuario ideológico de la historia de Argentina, la chaqueña desciende de los “alvearistas” que fogonearon el golpe del 30. Algunos nostálgicos ven en el gobierno de Macri un retorno a ciento dos años atrás cuando Yrigoyen, precisamente, puso fin al ciclo de gobiernos conservadores. Un ciclo dominado por los descendientes, reconciliados, de Rosas y Mitre. De memoria interesadamente frágil, no registra el gobierno conservador Ortiz-Castillo (1938-43), ni el gobierno ultra-conservador del militar radical de Juan P. Justo (1932-38). ¿Cómo es entonces que ningún gobierno “no peronista” (sic) no pudo completar su mandato desde el golpe del 30?

Frondizi-Illia

Un período histórico que fue dominado fuertemente por la proscripción del peronismo y el derrocamiento de Perón, en 1955, y de Isabel Perón, en 1976, Carrió lo describe al revés – como uno caracterizado por la gobernabilidad imposible del no peronismo. Frondizi (1958-62), sin embargo, no fue destituido por su condición de no peronista sino por la responsabilidad que le cupo en la victoria del peronismo en la provincia de Buenos Aires en marzo de 1962, que anuló en un par de días. Durante su mandato sufrió 36 ‘planteamientos’ de los mandos militares anti-peronistas del ejército (apodados más tarde como “colorados”), con el pretexto de que había llegado al gobierno por medio de un “pacto” con Perón.
¿A Illia lo derrocó el peronismo? Ciertamente, el golpe de Onganía contó con la complicidad abierta del peronismo, en especial de su ala vandorista y ¡el radicalismo! Frondicista y frigeriano. Antes, sin embargo, Illia pactó con la dictadura brasileña la detención de Perón en el aeropuerto de Río de Janeiro y su reenvío a Madrid, aun cuando el pejotismo había recobrado la legalidad y participó en las elecciones parlamentarias subsiguientes. El pacto con los militares de Brasil se tramitó por medio de los mandos de las fuerzas armadas argentinas que voltearían a Illia dos años después.
La falacia ‘liliputiense’ es clara: durante dos décadas no se dejó gobernar al peronismo, ni tampoco a los gobiernos que arreglaron con el peronismo o eran incapaces de evitar que llegara al gobierno. Lo que preocupaba a los militares argentina y a sus tutores del Pentágono y del Comando Sur, era que ese retorno pudiera actuar como detonante de una irrupción popular en América Latina, en momentos en que todos los esfuerzos de EEUU estaban puestos en acabar con la Revolución Cubana. La resistencia que puso Frondizi a romper con Cuba y su entrevista con el Che, sirvieron como detonantes de su derrocamiento.

Saludo de amigos, Perón-Balbín

El ‘plato’ más fuerte de la falacia de la jefa de la CC, acerca de posibilitar que un gobierno “no peronista” pueda terminar “por primera vez” su mandato, es el ocultamiento de la responsabilidad del radicalismo y de todo el arco centroderechista y centroizquierdista de Argentina en la promoción del regreso de Perón, en 1972, y al gobierno, en 1973, y en el apoyo que ofreció más tarde al bloque lópezreguista del gobierno matrimonial y al golpe de 1976. Esta enorme ‘jugada’ comenzó con el acuerdo Illia-Perón, a partir de 1967, con el apoyo ostensible de la CGT de los Argentinos, donde se refugiaba el futuro montonerismo. Ya después del Cordobazo nació La Hora de los Pueblos, una alianza con el peronismo, cuyas principales figuras eran el radical Ricardo Balbín y el ex radical Oscar Alende. ¿Los promotores del gobierno Perón-Perón, se convierten ahora en cruzados para que concluya su mandato un gobierno “no peronista”? ¿Los descendientes del promotor del golpe genocida, Balbín, que llamó a “acabar con la guerrilla fabril”, se han convertido ahora en adalides de una reparación histórica: el tiempo completo para un gobierno “no peronista”?

Pacto de Olivos

Al gobierno de Alfonsín (1983-89), ¿lo volteó el peronismo o lo rescató? En 1987, todo el arco político respaldó el pacto de Alfonsín con los ‘carapintadas’ de Rico, o sea la obediencia debida y el punto final. En mayor del 89, el peronismo menemista le compró la hiperinflación que dejaba la UCR, como consecuencia de la ruptura del pacto del gobierno radical con los Techint, los Pérez Companc y los Bunge Born. La UCR se había presentado a elecciones con Eduardo Angeloz, oficialmente a la derecha del menemismo.
El primer gobierno peronista que terminó su mandato, luego de Perón en 1952, fue el de Menem, con el cual colaboraron conservadores, radicales, neo-liberales y anti-peronistas – y los ‘comunistas’ que llamaron a votarlo. Casi cuarenta años después. El relato de Carrió pretende convertir un largo período de golpes, contragolpes, crisis y luchas de masas, en una historia de gobiernos ‘no peronistas’ que sufrieron de precocidad. Por eso olvida, convenientemente, que la reelección de Menem, inconstitucional, de Menem fue pactada por Raúl Alfonsín, y avalada por la UCR y muchos otros, en la Convención Constituyente de 1994.

De la Rúa y los K

Sería un despropósito, en este contexto, adjudicar la caída de De la Rúa al peronismo, con el argumento, en aquel momento, de que el peronismo rechazó incinerarse aceptando un gobierno de coalición. En primer lugar, porque el primer empujón lo dio el Lilito de entonces, Chacho Álvarez, cuando renunció a la vicepresidencia y a la sucesión de De la Rúa. El pejotismo había aceptado votar la Reforma Laboral, que exigía, como siempre, Techint, Banelco de por medio.
En segundo lugar, el pejotismo hizo lo que pudo para salvar al ‘aburrido’: le votó el megacanje y el blindaje planteado por Cavallo y luego la ley de intangibilidad del peso. Cambió de frente más adelante, apoyando a la patria devaluadora de Techint, el FMI y otros. La movida devaluacionista tenía dos cabezas, no una – a la de Duhalde se sumó el ‘gran’ Alfonsín. O sea que los ‘no peronistas’ volvieron a conjugar con el pejotismo.
A Duhalde, después de la masacre de Puente Pueyrredón, no lo sacaron los radicales, sino los propios peronistas. La crisis llegó a tal severidad que en 2003 estuvo a punto de ganar Carrió. Por último, ¿quién aseguró el primer mandato de Cristina Kirchner sino Cobos, el articulador de Cambiemos? Cobo evitó, en la 125, provocar una crisis de gobierno, primero porque la rechazó y zanjó una brecha que amenazaba la gobernabilidad del kirchnerismo, y luego porque se quedó en el gobierno hasta el final. Una leyenda urbana cuenta que Néstor le habría dicho, en ese momento, a Cristina: “negra, nos vamos”.

Coalición a la carta

Después de este repaso desmitificador de los mentados últimos “90 años”, se impone un golpe final – el nocaut. ¿Con quién cree que gobierna la coalición republicana de Cambiemos sino con el peronismo – el mismo que presenta como factótum de un acortamiento del mandato de Macri? Sin los votos pejotistas no hubieran sacado cien leyes, y menos aún la reciente confiscación jubilatoria, para la que Cambiemos no mostró tener una mayoría sin el pejotismo. Macri preside un régimen político co-peronista, de ningún modo no peronista.
Incluso hay algunos atrevidos que osan fantasear con que la que pone en cuestión el mandato de Macri es la misma Carrió, con sus petardos contra Lorenzetti, en un caso, y contra los habitantes de los paraísos fiscales, en otros, como el ex ‘lilito’ Aranguren, viejo afiliado a la Coalición Cívica.
Ella misma, en La Nación, va más lejos, pues atribuye a Macri la responsabilidad de que se vaya antes de tiempo, y al peronismo (y a ella) el recurso de su salvación. En referencia a la sesión parlamentaria del 14 de diciembre pasado, que no logró aprobar la confiscación a los jubilados, dice: “Le dije al Presidente que si quería terminar con su presidencia por lo menos que le avisara, porque estaba yendo a un 2001 sin contexto… Esa noche evitamos la caída del gobierno” (20.4.18).
¡Qué tal!

Cien años de soledad

La conclusión de todo esto no tiene nada que ver con las posibilidades de gobierno de ‘peronistas’ y ‘no peronistas’. Los ‘cien años de soledad’ de la burguesía argentina, nacionalista o ‘liberal’, han demostrado simplemente la incapacidad de gobierno autónomo y estable de la burguesía nacional – cuánto más ahora bajo la presión demoledora de la bancarrota capitalista mundial y sus guerras en progresión.
Se aproxima la hora de un gobierno obrero y popular.

Jorge Altamira

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