sábado, 15 de enero de 2022

El FMI deschava a Kicillof


“El ajuste ya empezó”, señaló un funcionario del organismo financiero. El gobernador bonaerense Axel Kicillof se subió al caballo del pago al FMI con «crecimiento», en sintonía con el relato oficial de Alberto Fernández y Martín Guzmán. Atrás quedaron -por ahora- las facturas cruzadas que se prodigaron albertistas y kirchneristas cuando estos últimos le endilgaban al ministro de economía ser el responsable de la derrota electoral en las Paso. Hablando por boca de la vice Cristina Kirchner, la diputada Fernanda Vallejos trataba al presidente de «ocupa» y a Guzmán de empleado del FMI.
 Kicillof, que venía de cerrar el «canje» de deuda externa con los bonistas buitres, pontificaba entonces -para salvar la ropa- con «relajar el fiscalismo», en referencia al proyecto presupuestario de ajuste del gobierno nacional. En diciembre pactaría con Juntos por el Cambio un presupuesto provincial 2022 que autoriza un nuevo endeudamiento por 222.000 millones de pesos y 475 millones de dólares con organismos internacionales. 

 Autoencubrimiento 

Las declaraciones de Kicillof llamando a «desterrar el ajuste» son un encubrimiento de su propia acción ajustadora. Para el Frente de Todos y sus satélites de «izquierda», el ajuste sería una amenaza a futuro y no una política presente para que los trabajadores paguemos la crisis capitalista. Una maniobra para cerrar filas con el gobierno y camuflar la capitulación en marcha. 
 La hipocresía del Kici es pura desvergüenza. Fue su gobierno el que reconoció integralmente la pesada herencia de Vidal y Scioli, y pactó el pago de deuda con intereses vencidos, acortamiento de los tiempos de repago y una revalorización de los bonos defaulteados al 60%. El Presupuesto provincial 2022 lleva el sello del FMI y sus auditores. 
 El funcionario del FMI, Claudio Loser, cruzó a Kicillof con una verdad de perogrullo al afirmar que «el ajuste para pagar la deuda» ya empezó. Es lo que hace el gobernador con los programas de precarización laboral para los trabajadores de la educación, el alargue de la jornada de trabajo para los estatales, y la licuación de los salarios y la «acción social» con la inflación.
 En la mira del ajuste fiscal bonaerense, que pusieron los bonistas como condición, entra también la reforma jubilatoria, que Kicillof practica por la vía de los hechos al paralizar los trámites jubilatorios en el Instituto Previsional (IPS). La «demora» de miles de expedientes es hoy una constante que se suma al desfinanciamiento del IPS por la reducción de aportes patronales. El bono de «fin de año» para los jubilados de la provincia de Buenos Aires fue de 8.000 pesos y sólo para quienes cobran la mínima. Desde el propio gobierno se agita la insustentabilidad del «sistema» preparando la «armonización» de las jubilaciones (a la baja) con el Anses. 
 Las paritarias cogestionadas con las burocracias sindicales consagran este ataque al sistema previsional vaciado por los gobiernos capitalistas. En la docencia, las «actualizaciones salariales» dejan a la inmensa mayoría de los docentes por debajo de la canasta de pobreza, y perpetúan los básicos de indigencia que golpean los haberes jubilatorios. 

 Crecimiento del ajuste contra los trabajadores 

El padrino del ministro de seguridad provincial Sergio Berni se arroga la autoría de los pagos de deuda con crecimiento a los que llama «deuda sustentable» o «soberana». Un cuento gastado que quedó brutalmente expuesto con la reducción nominal de las partidas para salud como resultado de la inflación y la eliminación del Fondo Covid. Con más de 50.000 contagios diarios, la provincia reduce los testeos «innecesarios», suprime aislamientos preventivos, anula protocolos, y se declara impotente frente al colapso de los centros públicos encargados de testear. 
 En plena escalada pandémica y de crecimiento de ocupación de camas de terapia intensiva en el verano, Kicillof y el ministro de salud provincial Nicolás Kreplak borraron del presupuesto 2022 el fondo para combatir la propagación exponencial de la variante Ómicron. Kreplak llora lágrimas de cocodrilo cuando dice que los «autotests» son peligrosos y a la vez promueve el recorte de los testeos a cargo del Estado. Privatización y ajuste a la salud pública en combo. Donde más se ve el fracaso de las políticas públicas de los nacionales y populares es en el stress laboral agudo del personal de salud, agotado por la sobresaturación de trabajo y las dotaciones diezmadas por contagios y reinfecciones.
 Con una positividad que ya ronda el 65%, y una ocupación de camas del 41% en el Amba, el 26% de los bonaerenses no tiene las dos dosis y sólo el 17% accedió a la dosis de «refuerzo» cada vez más imprescindible por la magnitud de la tercera ola, y el tiempo transcurrido desde marzo-abril cuando fueron aplicándose las primeras vacunas al personal de salud y educación. La vacunación universal debe incluir las tres dosis en el marco de una centralización estatal del sistema de salud. 
 Después del affaire del clan Volnovich, cuyos sueldos equivalen a más de medio centenar de jubilaciones mínimas, y del saludo caribeño de la titular camporista del Pami, Kicillof se sacó la foto con el gabinete provincial en Chapadmalal para festejar el éxito del turismo en la costa atlántica. De paso reafirmó el rechazo al «Atlanticazo» haciendo causa común con las concesiones petroleras en el mar. Toda una definición sobre la finalidad del «crecimiento» cuyas regalías van al pago de la usurera deuda externa nacional y provincial. 
 El gobernador aprovechó la foto para diferenciarse de La Cámpora en el contraste con la viajera Luana Volnovich. A pesar de la lluvia de contagios, Kicillof no repone el Fondo Covid ni anuncia una movilización sanitaria excepcional para garantizar la vacunación con las tres dosis. Por el contrario, Kreplak picó en punta con la supresión de los protocolos y aislamientos a pedido de las patronales. El pasaporte sanitario que es papel mojado pretende, sí, ser manejado por los capitalistas para limitar al máximo las licencias médicas calificadas como «ausentismo laboral». La exigencia de la Confederación Empresaria de la República Argentina va en ese sentido y se corresponde con los ataques patronales a los derechos laborales.
 Como el tero, Kicillof grita y pone el huevo en el nido ajeno. El gobierno del Frente de Todos bonaerense anticipó la rendición ante el capital financiero con el «canje» primero y después con la ley de leyes garante del ajuste provincial. Uno y otro pasaron por el filtro del FMI. El principal beneficiado del presupuesto 2022 es Berni que recorrió todo el espinel del aparato represivo y de espionaje del kirchnerismo (incluido el desalojo de Guernica con 4.000 efectivos de la Bonaerense), y lo tiene a Kicillof agarrado del cogote. 
 En medio de la otra pandemia, la de los apagones en la ola de calor (depredación ambiental y desmontes), el Frente de Todos vuelve a amenazar con retirar la concesión a Edesur y Edenor. La huelga de inversiones ea el anticipo de un tarifazo mayor a favor de las privatizadas. Como viene ocurriendo desde su asunción, y antes como ministro de Cristina, Kicillof ladra pero no muerde. Varias veces parloteó sobre una eventual provincialización o nacionalización de los pulpos de energía (que sigue en veremos) mientras miles de usuarios están sin luz.

 Por una salida de los trabajadores basada en la movilización popular

 El Frente de Izquierda Unidad rechaza el pago de la deuda externa confiscatoria del ingreso nacional y provincial, y opone la lucha por las reivindicaciones urgentes de las masas y un plan económico bajo control de los trabajadores, al presupuesto del Frente de Todos y Juntos. No al pago de la deuda buitre. 

 Daniel Rapanelli

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