sábado, 8 de enero de 2022

Cabandié, ministro de Contaminación Ambiental


Se ha vuelto un lobbista declarado de los pulpos extractivistas. 

 El ministro nacional de Ambiente, Juan Cabandié, sigue defendiendo públicamente y en los medios de comunicación la explotación petrolera offshore en el mar argentino. Luego del masivo rechazo popular expresado en el #Atlanticazo, Cabandié boga en línea con todo el gobierno nacional porque el proyecto de extracción hidrocarburífera en la costa marítima avance a cualquier precio. Así, aseguró muy confiado que “tenemos actividad offshore desde 1970”, que “el 17% del gas que tenemos proviene de explotación offshore” y que “nunca en 52 años hubo un accidente”. Además, dijo que “hubo cientos de exploraciones sísmicas y nunca nadie se enteró”. Imposturas que se suman a las que ya vino convidando sobre los incendios forestales, relativizando el impacto de tener medio país incendiado al decir que “las superficies quemadas fueron las más bajas en cinco años”. Cuya finalidad última es, claro, justificar el saqueo del país por todos los flancos.
 Lógicamente Cabandié no hizo mención en este último punto a que el gobierno nacional redujo en 2021 la partida presupuestaria destinada a combatir los incendios forestales por la mitad. Se constata cada vez más el evidente desbarranque del progresismo, que intenta justificar a como dé lugar el avance de una contaminación voraz con tal de obtener un margen de divisas. En tal sentido, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, ratificó ayer también el completo apoyo del gobierno a la explotación petrolera offshore. En reunión con representantes de la Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa), presentó que “no están con las posturas extremas”; que quieren avanzar en la actividad hidrocarburífera en el mar, lejos de “los prohibicionistas”, pero “con resguardos ambientales”. Lo que es, en esencia, un oxímoron. 
 Kulfas “recordó” en el mismo sentido que el 20% de la producción hidrocarburífera del país proviene de métodos offshore. Puso de ejemplo incluso al desarrollo de esta actividad en Río de Janeiro, donde “hay plataformas a 200 kilómetros de la costa y la gente convive con eso”. Aunque paradójicamente al día de la fecha todavía “no se encontró” el motivo del derrame, vale recordarle al ministro la invasión de crudo sobre más de 2.500 kilómetros en las playas del norte de Brasil en 2019, lo que generó un verdadero desastre para la fauna, el ambiente y la salud de la población. 
 También resulta prudente recordarle a Cabandié los calamitosos derrames de petróleo en Caleta Córdova en 2007 y 2008. Sí, dos derrames con un solo año de diferencia. Que dieron muestra de los riesgos que implica la explotación petrolera offshore en las costas marítimas. Ambos dos fueron ocasionados gracias al transporte por mar de crudo, en una zona que históricamente está observada por los pulpos energéticos para su explotación mar adentro. Fue en esas mismas costas donde se incurrió en exploraciones sísmicas gracias a su potencial hidrocarburífero en manos del pulpo Pan American Energy, de Bulgheroni. Aunque Cabandié diga que “nadie se enteró” de eso, en 2010 comunidades pesqueras denunciaron la reducción notoria en la presencia de merluza y algunas otras variedades de peces. Y como no podía ser de otra manera, en agosto de 2010 fueron reprimidos pescadores artesanales que se movilizaban en Caleta Olivia contra esta actividad, que implica una amenaza determinante sobre su fuente de trabajo (ANRed, 5/1). 
 Esto sentó el precedente para que en 2013, cuando la misma Pan American Energy intentó avanzar una vez más con la exploración sísmica, haya suscitado una enorme resistencia en la zona norte de Santa Cruz, fundamentalmente entre los pescadores. Tanto fue así que la organización popular logró que se decrete la prohibición en la Legislatura provincial, que no pudo hacer la vista gorda ante la evidente alteración del comportamiento de, fundamentalmente, la merluza y el langostino. No obstante, el poder político local, aliado de las petroleras, le puso un parate a esta actividad únicamente por la presión del pueblo movilizado. Pero dejó una “ventana abierta” para futuros proyectos de esta índole, siempre y cuando “no superen los 120 decibeles”, considerados el límite dañino. Va prácticamente en la misma sintonía que el argumento falaz de Cabandié de “explotar, pero sin contaminar”. Su absoluta incompatibilidad se probaría cuando en aquel mismo año YPF comenzó un plan exploratorio en Restinga Alí, Comodoro Rivadavia, el cual superaba en la exploración sísmica los decibeles informados en audiencia pública (Ídem anterior). 
 Es precisamente esto lo que desmiente al ministro. Comenzando por señalar que los estudios de impacto ambiental de estos proyectos están a cargo ¡de las propias petroleras!. Pero que incluso son vulnerados con el completo aval de los gobiernos. Cabandié sale a ensayar toda esta perorata, sin embargo, porque es consciente de que la lucha en defensa del ambiente está en franco ascenso, al ritmo en que la depredación capitalista del planeta está ocasionando daños irreparables. No solo en Argentina, sino en el mundo: al momento de escribirse estas líneas, un barco de exploración sísmica de Shell se retira de Sudáfrica tras un fallo de la justicia logrado por presentaciones de organizaciones en defensa del ambiente. Cabandié tomó nota de cómo el Mendozazo y el Chubutazo voltearon las zonificaciones mineras, y teme que el masivo #Atlanticazo se prolongue. Pero es un gobierno entre la espada y la pared: el FMI pide que se acaten sus exigencias para garantizar las divisas al servicio del pago de la deuda, mientras en la vereda contraria crece la resistencia al saqueo y la depredación. 
 A pesar de que Cabandié le diga irónicamente a quienes defienden el planeta que se necesitan dólares si se quiere comprar “paneles solares” y “molinos eólicos”, para lo que quiere los dólares el gobierno es para cumplir a rajatabla con la renegociación de un nuevo programa y el pacto de pago de la deuda externa al Fondo Monetario Internacional. Ni de cerca para avanzar hacia “la transición energética sustentable” y otras fantochadas con las que se llenan la boca. Y dejan claro que, de ser necesario, están dispuestos a condenar a la Argentina a una destrucción ambiental sin precedentes. 
 Rechacemos de lleno la impostura de este ministro ya no de Ambiente, sino de las petroleras, las mineras y los pulpos energéticos. Hay que romper de lleno con toda su orientación extractivista, que es motorizada por el telón de fondo del tutelaje del Fondo Monetario Internacional sobre la economía nacional. Ningún pacto con el FMI traerá otra cosa que no sea contaminación y depredación del planeta, primarización de la economía, hambre y saqueo. 

 Manuel Taba

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