jueves, 26 de noviembre de 2009

Se inspeccionarán centros clandestinos de detención


La Intermedia ya no es más una historia oculta: los secretos que guardaban sus paredes ganaron ayer la luz cuando la comitiva judicial que acompañó a Eduardo Costanco reveló la forma en que fueron asesinados 14 militantes políticos en la última dictadura. Ayer la casa quinta propiedad de la familia Amelong, que fuera convertida por el teniente Daniel en centros de clandestino de detención y exterminio, fue inspeccionada por los miembros del Tribunal Oral Federal Nº 1, junto a fiscales y querellantes. En la misma jornada fueron visitados otros tres centros clandestinos: la Escuela Magnasco, la Quinta de Funes y La Calamita.
El operativo tuvo un amplio despliegue de efectivos a bordo de seis combis Mercedes Benz pertenecientes a Gendarmería, más un micro con medio centenar efectivos de apoyo, más móviles de Policía Federal, Prefectura, y policía provincial además de agentes de tránsito.
Los efectivos se esmeraron en evitar el mínimo acercamiento de la prensa -en rigor, sólo un equipo de este diario y uno del Ministerio de Cultura provincial- bajo la severas y estrictas medidas dispuestas por el presidente del TOF 1 Jorge Venegas Echagüe, quien puede exhibir orgulloso en su curriculum vitae haber hecho desalojar la sala de audiencias del juicio cuando un grupo mostró fotos de sus familiares desaparecidos. "Es por la seguridad de Costanzo", repitieron ante cada reclamo de este equipo periodístico, argumento que pareció ceder ante el apetito de Venegas Echagüe que decidió comer un sandwich e hizo detener al convoy con Costanzo a bordo de una combi en la estacion de servicios YPF ubicada frente a la propiedad allanada en La Ribera. Costanzo estuvo detenido allí casi dos horas a la sombra.
En la Intermedia, Costanzo mostró el lugar donde se hizo "la comida del final", de los detenidos traslados de La Calamita, y señaló la disposición de las mesas, indicó que "ellos (por los secuestradores) estaban en una, tapando la salida", y "los detenidos en otra". Luego recordó lo que ya declaró en su momento: "Después de comer, les quisieron dar whisky envenenado. Solo bebió María y se descompuso. Guerrieri estaba del lado de afuera y les hablaba por la ventana. Les dijo a los detenidos que los quería ver Jáuregui, que no le hablen de Perón porque lo odiaba, porque había estado preso en esa época. Desde allí los hicieron salir uno por uno, hacia otra construcción más precaria, la de los caseros. Los fue matando Rodolfo Isach, de dos disparos. Después los pusieron en la galería, antes les habían tapado los agujeros de las balas, les decían que era por los aviones. Y los envolvieron en frazadas. Cuando Jauregui los vio, volvió vomitando".
Costanzo declaró además que "a María Amarilla (Raquel Negro) la trajeron en el baul de un auto, muerta, atada de pies y manos con alambre. La habían llevado a Paraná para dar a luz a su mellizos.
La parte edificada de la Intermedia es una construcción muy pequeña y precaria. Frente a las preguntas de la querella de Hijos, el Tucu dijo que Negro "no tenía ninguna atención especial, la cuidaban sus compañeras" y que "estaban muy apretados y hacinados".
Hugo Armando Correa, es el casero de la quinta de Amelong. "Me contrató Miguel Amelong", confiesta. Fue "hace siete meses", cuando llegó desde la localidad chaqueña de Duratti."Mi tarea es cuidarle toda la casa, y que no les falte nada", explica. Hugo se muestra sorprendido por la historia que encierra esta propiedad, y que conoció hace solo 20 días. "Nunca nadie me dijo nada. Ahora sé que en la casa los torturaban y en la casa donde vivo ahora los mataban", expresa.
La propiedad de los Amelong tiene un ingreso trasero por la cocina, y desde allí se accede a un comedor con un pequeña pieza, con una vieja escalera de madera atada con alambre por la que se llega a un altillo. Allí dormían los detenidos que eran parejas", recordó Costanzo.
Hugo confiesa además que no cobra sueldo alguno de los Amelong, y sólo tiene el beneficio de vivir sin pagar nada en la propiedad de unas veinte hectáreas. En el fondo hay un tractor y un viejo Jeep carrozado, de la década del setenta. "En la misma pieza donde duermen mis hijos, este hombre contó que mataron a cuatro, por lo menos, y que los apilaron en el pasillo", recuerda el casero.

José Magg

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