sábado, 15 de febrero de 2020

El alcance mundial de la lucha por las jubilaciones



La enorme huelga general en Francia, con nueve jornadas de movilización masiva y enorme peso entre ferroviarios, docentes, trabajadores del subte y otros gremios, es solamente la punta de lanza de una enorme pelea de alcance mundial: la lucha contra la tendencia capitalista a destruir las jubilaciones. Si bien el eje del proyecto de Macron es la eliminación de los regímenes especiales, que fueron conquistados por grandes luchas obreras, el proyecto eleva la edad de jubilaciones a 64 años, y establece un sistema de “puntos” que golpeará a la mayor parte de los trabajadores. Macron ha apostado a un desgaste de la huelga y ahora envía el proyecto a debate en la Asamblea Nacional, con la aspiración de que sea tratado a principios de marzo. Sin embargo, el trámite parlamentario será el centro de nuevas crisis y movilizaciones, lo cual ya ha llevado al gobierno a plantear la vía de un “decretazo” a través del llamado “artículo 49.3” de la Constitución que permite aplicar una ley sin el voto parlamentario, siempre y cuando el Parlamento no vote una “moción de censura” contra la misma (Le Monde, 4/2).
Los trabajadores franceses se miran en el espejo alemán. Es que en la primera potencia industrial europea, según datos del gobierno de Merkel, el 48% de los jubilados cobra menos de 800 euros y el 62%, menos de 1.000, contra 962 euros de canasta de pobreza para hogares unipersonales. Los jubilados alemanes son condenados a un brutal ajuste en su nivel de vida, en un país donde la tasa de sustitución (lo que se cobra de jubilación en relación con el último salario de actividad) no llega al 40% del salario. La alternativa es que el trabajador ingrese en un sistema privado de fondos de pensión invirtiendo para “complementar” su jubilación (El confidencial, 21/8/2018).
El ataque a las jubilaciones en los países industrializados es una confesión de bancarrota de parte del capitalismo. Las jubilaciones no son más que un salario diferido, que el trabajador cobra hasta el final de su vida. El ataque a las jubilaciones en los países más ricos del mundo refleja la incapacidad del régimen social para sostener a la fuerza de trabajo en forma integral -o sea, desde que nace hasta que muere. La reducción de la jubilación y su tendencia a transformarse en una “pensión a la vejez” es la expresión de una degradación profunda en la fuerza de trabajo, una tendencia de fondo que se refleja, asimismo, en la destrucción de los convenios colectivos, la flexibilidad laboral, el crecimiento del trabajo en negro.
Las reformas jubilatorias tienen un alcance mundial y no distinguen signos políticos: abarcan a los gobiernos conservadores, liberales como el de Macron, pero también a Syriza en Grecia, que aplicó una reforma jubilatoria capitulando frente a la troika (a un grupo de decisión formado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI). En la Argentina, la primera medida del gobierno “antineoliberal” de Fernández fue suspender el índice de movilidad jubilatoria. Con matices, la centroizquierda mundial se ha allanado a la agenda del capital en materia jubilatoria.

La agenda de reformas del capitalismo

La agenda de reformas del capital en materia de reformas jubilatorias tiene varios puntos. Durante veinte años, las recetas del Banco Mundial estuvieron condensadas en documentos tales como “Envejecimiento sin crisis”, de 1994. Allí se prescribe la combinación entre un sistema estatal que brinde una pensión asistencial mínima a la vejez, apuntada a reducir el “riesgo social”, con un doble sistema privado, uno de “capitalización obligatoria” y uno adicional, para quienes inviertan en una jubilación más acorde a su ingreso como activos. Bajo estas prescripciones, el Banco Mundial participó, entre 1983 y 2004, nada menos que en 68 procesos de reformas jubilatorias en el mundo.
La transformación de los llamados sistemas “de reparto”, en donde los trabajadores financian el pago de las jubilaciones en sistemas “de capitalización”, donde el trabajador tiene una cuenta de inversión que da un rendimiento y financia su futura jubilación, es un eje central de las reformas. En Brasil, justamente, la iniciativa de Bolsonaro preveía la privatización de parte del sistema jubilatorio, un objetivo que no fue alcanzado por las resistencias que encontró entre los trabajadores y en diferentes sectores políticos en el Congreso. La transferencia de los sistemas “de reparto” a los de “capitalización” es un bocado de cardenales para el capital porque implica formar un fondo de inversión al servicio del capital privado con los aportes de muchos años de todos los trabajadores en actividad.
En general, la jubilación privada ha sido una enorme estafa contra los trabajadores y un negociado para la banca, lo cual obligó en muchos países a dar marcha atrás con la misma. Por ejemplo, las enormes rebeliones en Chile tienen uno de sus centros en la denuncia del régimen jubilatorio, manejado por las confiscatorias AFP. Este régimen, que comenzó con Pinochet, fue defendido por todos los gobiernos de Chile, incluyendo los “socialistas”. La tasa de sustitución no llega al 40% y el 80% de las jubilaciones está por debajo del salario mínimo.
En México, donde también existe el sistema privado de capitalización individual, el gobierno de centroizquierda de López Obrador discute una reforma jubilatoria pero que no contemplaría su estatización, sino el aumento de la relación entre la jubilación y el salario financiado con un aumento de los aportes patronales y de la edad jubilatoria. Las jubilaciones en México orillan el 30% del salario en actividad. Los aportes, en cambio, van en gran medida a financiar al Estado, casi la mitad de lo que administran los fondos de pensión está invertido en bonos estatales. La “asociación” de las jubilaciones al capital financiero arrastra a los fondos jubilatorios a crisis y desvalorizaciones periódicas que empujan a la miseria a los trabajadores de la tercera edad.
En Argentina, donde la jubilación fue reestatizada en 2008 por el gobierno de Cristina Fernández, el negociado con los fondos jubilatorios, sin embargo, continuó. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses fue manejado con dos fines: en primer lugar, el rescate al Estado en crisis; en segundo lugar, un criterio empresarial de asociación y hasta rescate directo al capital, bajo la forma de acciones y tenencias empresariales. En la medida que la crisis de la deuda fue ganando peso, el primer criterio empezó a comerse al segundo, y los bonos de la deuda externa fueron ganando espacio en la totalidad de las tenencias del FGS hasta ser por lejos el mayor rubro de la misma. Ahora, la desvalorización masiva de la deuda argentina arrastra a los fondos jubilatorios. De esta manera, a través del Estado, los aportes de los jubilados se fueron destinando al rescate del capital privado, especialmente del capital financiero.

¿Envejecimiento o rescate al capital?

Los gobiernos capitalistas se escudan en el envejecimiento de la población para justificar la baja de la tasa de sustitución, el aumento de la edad jubilatoria y la modificación de los regímenes de movilidad. El argumento es siempre el mismo: el déficit de los sistemas jubilatorios por el aumento de la edad promedio. Las formas de engañar y estafar a los jubilados son múltiples: por ejemplo, en Brasil, se eliminó, con la reforma de Bolsonaro, la obligación de no computar el 20% de los salarios más bajos en el cálculo jubilatorio. Así, se cuentan los salarios de toda la vida, promediando también los sueldos de inicio, que suelen ser los más bajos de la carrera de un trabajador. Bolsonaro también aumentó la edad jubilatoria y modificó la escala de años de aporte para obtener una jubilación completa, el límite es 40 años de aportes. En Brasil, la reforma fue allanada por la capitulación de la burocracia petista de la CUT, que abandonó cualquier perspectiva de plan de lucha.
El argumento del envejecimiento encubre que la tendencia a nivel mundial es a rebajar los aportes patronales. De esta forma, antes que por envejecimiento, el vaciamiento de las cajas jubilatorias es provocado por el cese de los aportes de los capitalistas a las mismas.
En general, la tesis del envejecimiento no contempla una realidad evidente, que es que el aumento de la productividad del trabajo otorga la posibilidad de sostener, con una jornada de trabajo reducida en tiempo o en años, a los trabajadores durante toda su vida. El aumento de la productividad debería ser un factor que permita reducir la cantidad de años trabajadores y aumentar el tiempo de ocio. Sin embargo, bajo el capitalismo este desarrollo de la productividad del trabajo convive con la caída de la tasa de ganancia, la tendencia a la crisis y la sobreproducción.
Bajo estas presiones, el capital reclama contra los aportes patronales como una forma de recomponer la tasa de ganancia, abatiendo el salario indirecto que cobran los trabajadores. La cantidad de trabajadores inactivos que un activo pueda sostener no está dada “naturalmente”, sino que depende de su productividad, o sea, bajo el capitalismo, de la plusvalía relativa que produzca; en otros términos, del trabajo excedente que produzca sobre el trabajo necesario para que sostenerse (su salario). Pero este trabajo excedente es justamente lo que alimenta las ganancias del capital. La posibilidad de asignarlo a sostener a los jubilados choca con las necesidades capitalistas de recomponer la tasa de ganancia. El argumento del envejecimiento, por lo tanto, es el encubrimiento del rescate del capital en crisis a costa del salario de la clase obrera, en todo el mundo -o sea, de una confiscación de alcance mundial.

Un programa

Por eso, la campaña del Partido Obrero contra la quita a la movilidad por parte del gobierno de Fernández, el reclamo del 82% móvil, el control de trabajadores y jubilados de las cajas jubilatorias, la defensa de la jubilación como salario diferido y no como pensión asistencial, son puntos absolutamente cruciales de una agenda internacional de lucha de los trabajadores contra el capital. Levantamos estas banderas con un método internacionalista: la defensa de la lucha de los trabajadores de Francia contra la ofensiva de Macron, de Chile contra la confiscación de las AFP o de Brasil contra la reforma de Bolsonaro. Contra la adaptación de la burocracia sindical a las presiones capitalistas, la lucha por la defensa de las jubilaciones requiere una movilización a fondo y asambleas de base y, en última instancia, la recuperación de las organizaciones obreras como herramientas de lucha de los trabajadores.
Manos a la obra.

Juan García

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