martes, 1 de enero de 2013

El Cuartel Moncada



El cuartel Guillermón Moncada era en el año 1953 la sede del regimiento número 1 de la Antonio Maceo en la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la provincia de Oriente. Por su importancia, el Moncada era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres.
La historia de este cuartel nombrado reina Mercedes, comenzó en 1859. El brigadier Carlos de Vargas Machuca, gobernador español de la jurisdicción de Cuba, departamento oriental de la Isla, encomendó la dirección de su construcción a Manuel de Ciria, Marqués de Villaitre. Este lugar albergó a la caballería española durante la Guerra de los Diez Años que, en aquel tiempo, combatía contra los independentistas cubanos. Sirvió, además, como prisión a muchos independentistas cubanos en las guerras por la independencia y soberanía de Cuba. El 21 de noviembre de 1893 es internado, en uno de sus calabozos, el mayor general Guillermo Moncada.
El 24 de abril de 1909, por medio de la orden especial número 56, se cambia de nombre al acuartelamiento que pasa a denominarse Moncada, como homenaje a la memoria del mayor general del Ejército Libertador Guillermo Moncada. Esa nueva denominación tendría efecto a partir del 20 de mayo.
Algunos de los alzados en armas contra el gobierno de Tomás Estrada Palma en 1910 fueron encarcelados en el Moncada, como es el caso del general Vicente Miniet. El Moncada sirvió de centro de operaciones en las acciones emprendidas contra el alzamiento realizado por el partido independiente de color en mayo de 1912. El alzamiento fue brutalmente reprimido, quedó en la historia como la matanza de Mícara. La mayoría de los apresados en estas operaciones fueron encarcelados en el Moncada.
En 1916 se producen los hechos realizados por el partido liberal en respuesta al cambiazo electoral realizado por los conservadores. El golpe tuvo su inicio en el cuartel Moncada. El 12 de febrero del año siguiente, la guarnición del Moncada se subleva, posicionándose de parte de José Miguel Gómez; estos hechos fueron conocidos como la "Insurrección de La Chambelona" al celebrar los liberales la misma al son del canto "La Chambelona". Este levantamiento se sofocó con la intervención de tropas de los Estados Unidos.
El tercio táctico tenía su base en el Cuartel Moncada y fue una de las principales fuerzas represoras de la zona del oriente cubano. Dotados de caballos tejanos, herederos de los que dejó el ejército de EE.UU., realizaban cargas, machete en mano, contra los manifestantes, como la realizada contra los estudiantes en noviembre de 1930 en la alameda Michaelsen, de Santiago de Cuba, o la efectuada el 9 de junio de 1931 contra los obreros sin trabajo.
En 1933, los líderes de joven Cuba planearon la toma de los cuarteles Moncada y San Luis (entre otros), pero los planes se desbarataron al ser tomado el aeropuerto de Santiago de Cuba, donde iba a despegar un avión con la intención de atacar desde el aire el cuartel.

PREPARATIVOS PARA EL ASALTO

Para la acción del 26 de Julio de 1953 se seleccionó el Moncada por varios motivos:

· Era la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres.
· Su lejanía de La Habana dificultaba el envío de ayuda al Ejército Oriental.
· Santiago de Cuba se hallaba situada en la costa sur, junto al mar, y rodeada de montañas.
· En Oriente se habían iniciado las tres guerras independentistas en el siglo pasado que se habían librado en Cuba, allí se produjeron insurrecciones populares en varios momentos del periodo republicano —incluso durante la revolución de 1933—, sus montañas eran conocidas por la resistencia armada de los campesinos frente a los latifundistas, y su pueblo se caracterizó siempre por un espíritu de rebeldía, debido a lo cual ese territorio era llamado "el Oriente indómito".
El plan se elaboró en absoluto secreto. Además de Fidel, solamente lo conocían dos compañeros de la dirección del movimiento y su responsable en Santiago de Cuba. Los demás sabían que se iba a realizar un combate decisivo, pero ignoraban cuál era este exactamente.
La misma preocupación se tuvo al estructurar el movimiento: se hizo en forma celular y se observaban estrictamente las normas de seguridad que exigía su carácter clandestino. Tenía dos comités de dirección: uno militar, al mando de Fidel, y otro civil, dirigido por Abel Santamaría. Además, se trataba de una organización selectiva. Por orientaciones de Fidel, sus miembros se reclutaron entre las clases y sectores humildes de la población: obreros, campesinos, empleados, profesionales modestos. Eran hombres y mujeres preferentemente jóvenes, ajenos a toda ambición, no infectados por las lacras y vicios de la política tradicional. A principios de 1953, el movimiento contaba, aproximadamente, con 1 200 miembros.
Las armas, los uniformes y los recursos necesarios para la lucha se obtuvieron sin recurrir a la ayuda de personas acaudaladas ni de políticos corrompidos. Su adquisición fue posible, fundamentalmente, por la voluntad y el sacrificio personal de los propios combatientes.
Para asegurar la acción se alquiló una pequeña finca de recreo, la granjita Siboney, situada en las afueras de Santiago de Cuba, con el supuesto fin de dedicarla a la cría de pollos. En ella se situaron las armas, los uniformes y los automóviles que se utilizarían en el ataque, y allí se concentrarían los combatientes en el momento oportuno.
Se escogió para la acción el 26 de julio por ser domingo de carnaval, fiesta a la que tradicionalmente asistían personas de diferentes puntos de la isla, por lo cual la presencia de jóvenes de otras provincias no causaría extrañeza.

LA ACCIÓN

En el año del Centenario del Héroe Nacional José Martí, un grupo de jóvenes, liderados por Fidel, protagonizaron el 26 de julio de 1953 el asalto a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.
En la madrugada de ese día, 135 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército y dirigidos por Fidel, precisaban el plan de ataque. Se organizaron en tres grupos, el primero de los cuales, con Fidel al frente, atacaría la fortaleza. Los otros dos grupos, mandados respectivamente por Abel Santamaría —segundo jefe del movimiento— y Raúl Castro (devenido Jefe del Grupo en la acción), tratarían de tomar dos importantes edificios contiguos al cuartel: el Hospital Civil, donde se atendería a los heridos, y el Palacio de Justicia, donde radicaba la Audiencia, desde cuya azotea apoyarían la acción principal.
Cuando todos estuvieron listos, se le dio lectura al Manifiesto del Moncada, redactado por el joven poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel. Gómez García leyó sus versos Ya estamos en combate y Fidel les dirigió esta brevísima exhortación:
"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertad o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan.
"Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad".
De los 135 revolucionarios, 131 dieron el paso al frente. Los cuatro arrepentidos recibieron la orden de regresar a sus puntos de origen, y poco después de las 4:00 de la madrugada, todos comenzaron a salir en los autos hacia Santiago.
Los grupos dirigidos por Abel y Raúl cumplieron su objetivo: la toma del Hospital Civil y la Audiencia. El grupo principal, dirigido por Fidel, llegó según lo previsto hasta una de las postas, la No. 3, la desarmó y traspuso la garita, pero una patrulla de recorrido que llegó inesperadamente, y un sargento que apareció de improviso por una calle lateral, provocaron un tiroteo prematuro que alertó a la tropa y permitió que se movilizara rápidamente el campamento. La sorpresa, factor decisivo del éxito, no se había logrado. La lucha se entabló fuera del cuartel y se prolongó en un combate de posiciones.
Los asaltantes se hallaban en total desventaja frente a un enemigo superior en armas y en hombres, atrincherado dentro de aquella fortaleza. Otro elemento adverso, también accidental, fue que los atacantes no pudieron contar con varios automóviles donde iban las mejores armas, pues sus ocupantes se extraviaron antes de llegar al Moncada en una ciudad que no conocían. Comprendiendo que continuar la lucha en esas condiciones era un suicidio colectivo, Fidel ordenó la retirada. Al mismo tiempo que esto ocurría en Santiago, 28 revolucionarios asaltaban el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, operación que también fracasó.

DESPUÉS DEL ASALTO

Inmediatamente después de estos hechos, la dictadura reaccionó con una brutal represión. Batista decretó el estado de sitio en Santiago de Cuba y la suspensión de las garantías constitucionales en todo el territorio nacional; clausuró el periódico Noticias de Hoy, órgano del partido socialista popular, y aplicó la censura a la prensa y la radio de todo el país. Creaba así las condiciones para lanzar a los cuerpos represivos con violencia y sin riesgo de publicidad contra la rebeldía popular.
En relación con los asaltantes del Moncada, ordenó que se asesinara a diez revolucionarios por cada soldado muerto en combate. Excepto unos pocos combatientes que pudieron escapar ayudados por el pueblo, casi todos los demás fueron capturados y gran parte de ellos asesinados en los días sucesivos. Solo seis asaltantes de los dos cuarteles habían perecido en la lucha.
Además, a diferencia del trato humano dado por los revolucionarios a los militares que cayeron en su poder, los asaltantes prisioneros fueron torturados antes de ser ultimados, y después se les presentó como caídos en combate. Más tarde, ante el tribunal que lo juzgaba, Fidel denunció los crímenes cometidos en esos días por el régimen. En su alegato de autodefensa La historia me absolverá, Fidel pasó de acusado a acusador y denunció todos los males que hacían sufrir al pueblo cubano.
"No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros".

REPERCUSIÓN

El asalto al cuartel Moncada terminó en una derrota militar; sin embargo, tuvo una trascendencia extraordinaria para el pueblo cubano y para el movimiento de liberación nacional que se iniciaba. En 1961, el entonces comandante Raúl Castro Ruz y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), al referirse a la importancia histórica de este acontecimiento manifestó:
"...En primer lugar inició un periodo de la lucha armada que no terminó hasta la derrota de la tiranía. En segundo lugar, creó una nueva dirección y una nueva organización que repudiaba el quietismo y el reformismo, que eran combatientes y decididos y que en el propio juicio levantaban un programa con más importantes desmanes de la transformación socioeconómica y política exigida por la situación de Cuba..."
Como expresó Fidel: El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias.

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