domingo, 12 de abril de 2020

A quién le habló Alberto Fernández al anunciar la cuarentena a la carta



El Presidente se extendió en una larga exposición comparativa con otros países acerca de curvas de contagio, de proyecciones de infectados y muertos, para anunciar que tendremos una cuarentena administrada. No sin cometer el furcio, ante las preguntas periodísticas, de hablar de la “salida administrada de la cuarentena”.
El punto no es menor porque habrá cola de industriales y empresarios de todo tipo, de gobernadores e intendentes, para dar forma a nuevas excepciones ante el dedo del Jefe de Gabinete.
Fernández sólo especificó bancos, talleres, gomerías y –sorprendentemente- producción de neumáticos, cuando las fábricas automotrices están paradas, andan hasta ahora el 15% de los colectivos, un porcentaje similar de camiones, poquísimos autos y cero transporte interprovincial de pasajeros.
El lobby patronal se hará sentir todavía más. Los empresarios ya habían presentado un listado con el apoyo de la burocracia sindical que incluía un sinnúmero de ramas que abarcarían fácilmente el 70% de la economía. Recordemos que hay vigentes dos decretos de ampliación de actividades permitidas que algunos economistas estiman abarcan un tercio del PBI, sobre todo porque el campo está a full.
La cuestión de mantener a rajatablas la cuarentena en las grandes urbes y habilitar el interior se hará sentir como una presión desde la periferia hacia el centro, para romper el aislamiento.
La fractura se verá también en el dislocamiento entre producciones que no encuentran la demanda adecuada. Por ese motivo la industria petrolera se está transformando en un gran páramo, con los monopolios interrumpiendo una producción que sin embargo es declarada esencial.

Nada para los trabajadores

Pero los empresarios no hablan sólo en Olivos. Como los jueces se expresan por las sentencias, las patronales han desatado una ola de despidos, suspensiones y rebajas salariales para hacerse oír.
El gobierno ignoró por completo que la clase capitalista desconoce olímpicamente la integralidad de los salarios dispuesta en el decreto inicial de cuarentena mediante suspensiones con rebajas de salarios de hasta el 70%, y en casos sin pago alguno. Desde Aluar hasta las cadenas fast food, desde Latam hasta los pulpos mineros, pasando por miles de Pymes. Esos pagos reducidos, por otra parte son no remunerativos, es decir que no se tributan los aportes patronales al Anses, que desde la cuarentena, virtualmente han dejado de existir por el derecho o por los hechos.
Por otro lado la enorme ola de despidos que encabezó la mismísima Techint, abarca los más diversos rubros: siderurgia, minería, gráficas, metalúrgicas, call centers, municipios, gobiernos provinciales, y hasta docentes que no tuvieron cargos, lo que constituye un despido encubierto. Kicillof ha “discontinuado” monotributistas que trabajan para el Estado, una forma elegante de despedir.
En lo concerniente a la violencia contra las mujeres y los femicidios, un tema de gran preocupación, tampoco se hizo referencia, mientras que en materia de medidas directas asumidas por el Ministerio de las Mujeres, géneros y diversidades las repuestas dejaron mucho que desear y las críticas se dejaron oír tanto provenientes de la izquierda como desde sectores ligados al propio gobierno.
¿Cómo puede un Presidente, que le habla a toda la nación durante una hora, pasar por alto semejante cosa? Esencialmente porque forma parte de su política y porque la CGT y las CTAs acompañan. Incluido el clan Moyano lubricado con cuantiosos fondos para su obra social.

Ghettos para los más sumergidos

Ayer estremeció a más de uno un video casero que mostró el hormiguero de gente en la Villa 11-14 durante el viernes santo. Con todo lo importante que pueda ser salir a hacer ejrcicio para tantas personas encerradas en uno o dos ambientes, el presidente muestra preocupación por un problema relativamente secundario considerando los enormes problemas sanitarios sociales y económicos a los que se enfrenta la mayoría de la población.
Para esos millones de trabajadores que viven en villas y asentamientos, se propone el “aislamiento comunitario”. O sea ghettos, fuera del radar de la cuarentena domiciliaria como si se pudiera aislar a barrios enteros de trabajadores que, en muchos casos, son los empleados de las pizzerías o de las gomerías que funcionarán, barrenderos, empleadas domésticas o tantas otras conexiones que tienen los barrios de trabajadores con la actividad de las grandes urbes.
Pero otra vez ¿a quién le habló el Presidente? Porqué los $10000 para los que se anotaron, 12 millones de personas, lo cobraron solo dos millones de personas que son las beneficiarias de la AUH, cuando van 20 días de aislamiento y se vienen otros 20, como mínimo. Las organizaciones sociales, las de lucha y las oficialistas, denuncian que la ayuda alimentaria, sobreprecios al margen, es la misma de siempre y son tan inútiles que no llega por “falta de logística”, cuando la flota argentina de camiones está parada.

De camas, respiradores o barbijos, no se habla

La llamada “estrategia argentina” sería una cuarentena precoz, anticipada, para preparar el sistema de salud para afrontar la pandemia. Como la cuarentena estricta no sería posible extenderla durante meses, la precocidad serviría a ese objetivo.
Pero Alberto Fernández jamás habla de las camas disponibles, sino de porcentajes incomprensibles, eso sí con tono explicativo, amable y profesoral. Las camas de terapia llegarían a 8000, algunos arriesgan a 10000, cuando en Nueva York son 37500 y están desbordados. Lo mismo pasa con los barbijos que ahora hay que hacerlos caseros.
No se ha reconvertido una sola industria con esos objetivos.
Y ya es un secreto a voces que la baja cantidad de contagios en la Argentina tiene que ver con la exigua cantidad de test, no de infectados cuyo número no sabemos a ciencia cierta. El presupuesto que es generoso para pagar deuda, no está para la salud.

Tomar nuestras vidas en nuestras propias manos

La caótica cuarentena “a la carta” nos planteará enormes desafíos a los trabajadores.
Ante todo proponemos un control obrero de la esencialidad de las actividades que se habiliten. Control obrero de porqué y cómo. Con qué destino se hace la producción, con cuántos turnos y con qué jornada. Asegurar salarios y condiciones sanitarias. La elección de comités con este objeto estará a la orden del día, o el mandato a los delegados, o la revocatoria de aquellos que no estén a la altura.
La apertura de los libros y cuentas de las empresas a esos comités obreros, exigiendo al Estado que intervenga para proteger salarios y continuidad laboral cuando corresponda, más allá de los inútiles decretos oficiales.
Reconversión industrial para atender masivamente las necesidades de la salud.
Centralizar urgente, contra todo obstáculo de la medicina privada y los laboratorios, todo el sistema de salud, integrando los tres sectores del sistema. Comités de médicos y enfermeros en todos los centros de salud para hacer cumplir los protocolos y atender sus demandas de salario y condiciones laborales.
Nacionalización del petróleo y de toda la cadena energética, bajo control obrero.
Poner toda la banca bajo la órbita pública.
Monopolio estatal del comercio exterior.
No pago integral de la deuda externa, impuesto progresivo a grandes fortunas y rentas, incluyendo los paquetes accionarios, para financiar el plan sanitario y económico al servicio de la lucha contra la pandemia, protegiendo a la población trabajadora.
Apertura de los libros, cuentas y tenencias empresariales de todo orden al control de los trabajadores para combatir la inflación, evitar la especulación y garantizar salarios y aportes a la seguridad social.
Los tiempos se acortan. Los trabajadores tenemos que tomar la cuestión de la vida en nuestras manos.
Los paros generales de la carne, por los puestos de trabajo y contra la brutal represión sufrida en el frigorífico Penta en Quilmes, y de Dánica y la Serenísima por sus salarios y condiciones de trabajo, muestran que la clase obrera tendrá que intervenir para tomar sus propias vidas y las de sus familias en manos propias.

Néstor Pitrola

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