jueves, 18 de abril de 2019

La historia detrás de la Historia de Notre Dame



Al decir de Marx, Notre Dame podría ser un buen monumento de la prehistoria de la humanidad. Expresión de la sociedad de clases que la vio nacer, y testigo de la lucha entre esas clases irreconciliables. ¿Sera testigo del nacimiento de la historia humana en donde la religión, las clases y las guerras sean solo el recuerdo infantil de una humanidad liberada? A eso aspiramos.

Notre Dame se termina de construir durante una de las guerras más famosas de la historia “La Guerra de los 100 años”, que expresaba las tensiones comerciales entre Francia e Inglaterra. Aunque su origen es previo (su edificación comienza en el siglo XII), el proceso social que atraviesa su construcción es claro: la centralización del poder de la naciente burguesía urbana, comercial (exportadora de vinos en un primer momento, tras la decadencia del imperio), y por ende el surgimiento de un renovado clero urbano, mas “elitizado” y alejado del sincretismo en el campo, y (como en la antigua Roma) más ligado al poder estatal. Los trabajadores urbanos de la joven París, y posteriormente los gremios de artesanos hacia comienzos del siglo XV, dieron forma a la piedra, la madera y el hierro, de forma extraordinaria, para traducir en inmensidad la ideología reaccionaria de las clases dominantes de la época. La idea de un Estado cada vez más autoritario y centralizador (que valga la pena mencionar, comenzaba a recaudar masivamente impuestos sobre los campesinos, dinero con el cual financiaba este tipo de obras), se complementaba con una iglesia urbana que sería partera de la inquisición moderna (vale recordar que en ese mismo París, años más tarde sería quemada viva Juana de Arco), y que en aquel entonces continuaba sus cruzadas contra judíos, moros y turcos.
Lo “gótico” en realidad es una denominación posterior: la forma despectiva en que los artistas renacentistas, haciendo alusión a los “godos” (bárbaros para ellos), se referían al arte previo. En realidad hay una combinación de interpretaciones: la combinación de estilos heredera del auge comercial y el intercambio ultramarino; las concepciones dominicas y franciscanas sobre la relación entre Dios y el hombre (es fácil ver la similitud con las universidades típicas del periodo escolástico), la aparición de nuevos materiales para la construcción, etc., etc.
Se supo bastante después que en la Catedral existían pervivencias de las antiguas clases dominantes: tumbas merovingias y caloringias. Tal vez por eso, el “restaurador de las leyes”, Napoleón Bonaparte, decidió declararse allí emperador, tal vez haciendo referencia a esa continuidad histórica. Tal vez por lo mismo, los comuneros de París, herederos del joven proletariado de 1848 que había caído tras las bayonetas de Luis Bonaparte (el sobrino de Napoleón, descrito enormemente por Marx en el célebre 18 Brumario), casi la tiran abajo en medio del ajusticiamiento popular a los abades y clérigos pro-monárquicos.
Al decir de Marx, Notre Dame podría ser un buen monumento de la prehistoria de la humanidad. Expresión de la sociedad de clases que la vio nacer, y testigo de la lucha entre esas clases irreconciliables. ¿Sera testigo del nacimiento de la historia humana en donde la religión, las clases y las guerras sean solo el recuerdo infantil de una humanidad liberada? A eso aspiramos.
Para terminar una anécdota que cuenta Trotsky:
Aquella misma mañana, o acaso a la siguiente, di un gran paseo con Lenin por las calles de Londres. Desde un puente, me enseñó la Abadía de Westminster y otros edificios notables. No recuerdo, exactamente sus palabras, pero el sentido era éste:
¡He ahí su famoso Westminster!...
Aquel su no se refería a los ingleses, sino a las clases gobernantes. Era el matiz, jamás rebuscado, sino profundamente orgánico y reflejado principalmente en el tono de voz; que se percibía en las palabras de Lenin siempre que hablaba de los valores culturales o de las nuevas conquistas de la ciencia, del tesoro de libros del "British Museum" de las informaciones de los grandes periódicos europeos, y años más tarde, de la artillería alemana o la aviación francesa; ellos pueden, ellos tienen, ellos hacen, ellos consiguen... ¡vaya adversarios! La sombra invisible de la clase dominante se proyectaba sobre todos los aspectos de la civilización humana, y los ojos de Lenin percibían esta sombra en todo momento con la misma claridad de la luz del día.

Gabriel Piro

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