miércoles, 10 de abril de 2019

Abuelas de Plaza de Mayo encontró a la nieta 129

“Siento que el encuentro va a ser algo grandioso”

Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la recuperación de la nieta 129. Lo hicieron junto a su padre y su hermano. “Es una alegría enorme”, dijo Estela de Carlotto, que llamó a redoblar la búsqueda: “el tiempo es hoy”. El padre recordó “las miles de noches que pasó sin dormir, esperando este momento”.
“El tiempo es hoy, ayudemos a reparar las heridas que la dictadura nos dejó”, exhortó la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, tras anunciar el hallazgo de la nieta 129. Junto a Carlotto estuvo sentado Carlos Alberto Solsona, padre de la joven recuperada. “Nadie tiene idea de las miles de noches que yo pasé sin poder dormir, esperando este momento”, describió Solsona, quien luego de 42 años de búsqueda podrá encontrarse con su hija, arrancada de los brazos de su madre Norma Síntora, militante del PRT-ERP, detenida y desaparecida durante la última dictadura cívico-militar.
La nieta 129 | Una trama que arrancó en 2012
“Es la nieta número 129, que podrá conocer a su padre, a sus hermanos. Es una alegría enorme”, indicó la titular de Abuelas en el inicio de la conferencia de prensa realizada para confirmar el hallazgo de la joven, que vive actualmente en España y se realizó voluntariamente la prueba de ADN. “Su papá la espera para abrazarla. Pedimos que se respeten los tiempos y la privacidad de la familia”, solicitó la titular de Abuelas.
El 21 de mayo de 1977, Norma –a quien Solsona describió como una mujer “inteligente, amable y persistente”– fue secuestrada junto a sus compañeros de militancia y dueños de la casa donde se alojaba en Moreno, Isolina Beatriz Rocchi y Rubén Castro. Según indica el comunicado difundido por Abuelas, al momento del secuestro, Carlos Alberto se encontraba fuera del país y luego debió exiliarse. La familia Solsona-Síntora pretendía escapar de la dictadura y reencontrarse en España: Norma con su hijo mayor Marcos y su bebé –a quien pensaban llamar Pablo, si era varón, o Soledad, si era mujer–, con Carlos, ya fuera de Argentina. Norma, Isolina y Rubén continúan desaparecidos. Del bebé nacido en cautiverio no se supo nada más.
En junio de 2017, pudieron establecer vínculo con la joven, incentivada a buscar su origen por un allegado. Ese amigo, que vive en la Argentina, fue atendido por el equipo jurídico y el de Presentación Espontánea de Abuelas para despejar dudas y restablecer los puentes para que la mujer accediera finalmente a analizarse. Hace dos semanas la nueva nieta ingresó al país y, por una notificación de Migraciones, se presentó a la Justicia el miércoles 3 de abril. Allí, con intervención del equipo interdisciplinario de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), aceptó realizarse voluntariamente el análisis en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), que arrojó que es hija de Síntora y Solsona.
“Sabía que podía ser cierto que no llegara nunca este momento, y por eso activé una especie de mecanismo de autodefensa que, para evitar que me destruyera y que me desgastara antes de tiempo, fue generando una coraza que se hacía cada día más grande”, relató Solsona, asomando su acento cordobés, ante un auditorio colmado de cuerpos abrazados que soltaban lágrimas de felicidad. “Todo eso hace que uno tenga que convivir con una mochila que es pesada y que cada día pesa más, pero nunca abandonamos la búsqueda ni perdimos la esperanza”, agregó.
Por su parte, Marcos Solsona, presente durante la conferencia de prensa, aseguró que el encuentro con su hermana “es algo que espero desde hace muchísimo tiempo”. “Siento una profunda emoción y además siento una profunda gratitud hacia Abuelas y su equipo, que con tanto esmero trabajan y hacen que nuestro país sea un ejemplo en materia de derechos humanos y de construcción de la memoria”, señaló.
La búsqueda de Carlos Alberto empezó hace poco más de 40 años, cuando él todavía era un treintañero. “Hemos recorrido, con distintos compañeros y amigos, no sé cuántos barrios de Buenos Aires. Donde había un dato o una mínima pista, ahí íbamos, a hablar con la gente y a preguntar”, recordó, al tiempo que intentó trazar cuidadosamente la forma en que se imagina el primer encuentro con su hija: “No quiero crear imágenes o situaciones previas porque tengo, sobre todo, mucho miedo de lastimarla a ella. Tiene una vida, tiene más de 40 años, y le cayó esto encima”. “Mi principal preocupación y la de mis dos hijos es que ella pueda transitar este cimbronazo con la mayor tranquilidad posible y en las mejores condiciones para procesarlo. Más allá de eso, siento que va a ser algo grandioso”, aseguró.
En relación a los detalles del proceso legal, el abogado de Abuelas, Alan Iud, subrayó que “para resolver este caso intervinieron todas las áreas de la institución, reflejando que verdaderamente fue un trabajo colectivo” y destacó también el trabajo de la Unidad Fiscal de Investigación a cargo de Pablo Parenti, el Juzgado federal 12, el Banco Nacional de Datos Genéticos, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), entre otras instituciones. “Para resolver todos los casos que faltan, maximizar y acelerar los encuentros, hay que potenciar esos espacios, que necesitan más recursos, más herramientas legales y más medios”, detalló. Al respecto, Parenti destacó que “cada vez que estamos acá es la materialización de un trabajo en común, que se hace silenciosamente día a día”.
“Este caso devela la trama de complicidad que conlleva el delito de apropiación de identidad y la necesidad de que toda la sociedad se comprometa a resolverlo. El encuentro de Carlos con su hija no habría sido posible de no haber recibido las informaciones acercadas desde la sociedad, no podría haberse constituido como caso si el Estado no se hubiera comprometido con la búsqueda, y a esto se suma el acompañamiento de su amigo que la guió para que se sacara las dudas sobre lo que la restitución implicaba”, destacó Abuelas. Durante el cierre, Carlotto llamó a construir “una democracia, una libertad y una soberanía como querían nuestros hijos”, y sentenció: “Las abuelas somos optimistas, alegres y perseverantes, pero implacables para que las consignas Memoria, Verdad y Justicia sean una realidad”.

Página/12

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