domingo, 28 de abril de 2019

Chaco: cambio climático y crisis de infraestructura, un combo devastador



Las imágenes en los medios nacionales de pueblos enteros totalmente inundados vuelven a poner el foco en el desmonte y en la inversión en obras hídricas. Los más afectados son los pueblos y ciudades del sudoeste que comprenden la Ruta Nacional Nº 89 y la Ruta Nacional Nº 95.

La ruta de la soja

La Ruta Nacional Nº 89 es considerada la ruta de la soja. Las Breñas, Charata, Pinedo, Hermoso Campo y Gancedo son las ciudades más productivas para ese cultivo, el monte es prácticamente inexistente y la diferenciación social es aún más pronunciada, es también la ruta elegida por el Belgrano Cargas.
Aunque las precipitaciones superaron el promedio normal, el problema es la absorción y circulación del agua. La misma no es absorbida por la falta de monte y la circulación se encuentra obstruida por falta de obras hídricas y de mantenimiento de las existentes. Es en esta ruta donde se tuvo que improvisar un puente por el colapso de una alcantarilla que había sido socavada por el agua. Una situación previsible si se tiene en cuenta que la ruta data de los años 70 y donde nunca se han mejorado los canales de desagüe, puentes ni alcantarillas.

El camino del agua

El agua busca el cauce hacia los bajos submeridionales y de allí hacia el río Paraná, ese es el camino de la Ruta Nacional N° 95, cuya situación es similar a la N°89, con la distinción de que el algodón, aunque en retroceso, sigue siendo un cultivo tradicional.
Debido a la sobreacumulación de agua, los caminos terminan volviéndose obsoletos y en el caso de las rutas, terminan siendo una barrera para el drenaje de las precipitaciones por la falta de obras. Por esta razón, es que en esta ruta, los pobladores tomaron la decisión de romperla para facilitar la circulación del agua, situación que fue aliviada por la colocación de bombas. Éstas facilitan la circulación, pero afectan a otros pueblos y ciudades que se encuentran en el camino del agua. En la localidad de La Tigra, la más afectada, una población originaria denuncia esta medida.

Una salida

La zona afectada tiene un historial reciente de climas extremos, de la sequía se pasa a las inundaciones y viceversa. La infraestructura vial e hídrica, nunca modificadas, respondían a un tipo de clima y a un tipo de ambiente y cultivo. La modificación de esto últimos sin las correspondientes obras de infraestructura volvió a las existentes obsoletas.
Para paliar esta situación es necesario rever el modelo sojero, restablecer los montes y desarrollar un plan de obras viales e hídricas que se adapten a las actuales circunstancias. Los grandes sojeros, responsables de esta situación, deben pagar por las obras y la reforestación. Se debe avanzar en una reorganización de la tierra y de su uso, con el acompañamiento de organizaciones ambientalistas y pequeños productores. Un plan de obras hídricas debe ser puesto en marcha de inmediato para paliar la situación de los pueblos anegados.

Adrian Velez

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