jueves, 25 de abril de 2019

La gran huelga de las docentes polacas



Desafío a un gobierno ultraderechista y al clero.

La docencia polaca ingresó el 8 de abril pasado en una huelga general por aumento de salarios. La medida abarca 600 mil trabajadores y trabajadoras de la educación y enfrenta un duro ataque del gobierno derechista de Derecho y Justicia (PiS).
La importancia de esta huelga, la primera desde la derrotada lucha de 1993, es que desafía a un gobierno de naturaleza ultraderechista, que impulsó leyes para prohibir toda mención a la colaboración polaca durante el Holocausto, que lleva a cabo una política de ataque a los refugiados, y que defiende la presencia militar yanqui en la región con el pretexto de defenderse de Rusia. Ha profundizado la enorme desigualdad social en el país y lleva a fondo las políticas de ajuste que caracterizan al proceso de restauración capitalista. Desde el punto de vista geopolítico, Polonia es un campo de disputa entre Estados Unidos y la Unión Europea.
Para quebrar la lucha, el gobierno se vale del no pago de los días de paro y de la contratación de rompehuelgas. En este punto ha sellado un acuerdo con la Iglesia católica, que proveyó con sacerdotes y maestros religiosos a los sustitutos en las mesas de exámenes.
El 80% de la docencia polaca está integrada por mujeres, lo que según algunos medios de izquierda introduce en la agenda las reivindicaciones de género. De este modo, la huelga se enlaza naturalmente con las huelgas de mujeres y las extraordinarias movilizaciones (“lunes negro”) contra la prohibición total del derecho al aborto que intentó imponer el gobierno en 2016. En este punto, cabe señalar también que el gobierno impulsa una reforma educativa reaccionaria que consagra la intromisión del clero en los planes de estudio, en desmedro de la educación sexual y la ciencia.
Pero adicionalmente, los maestros se enfrentan a la burocracia sindical. Si bien el principal gremio, el Sindicato de Maestros de Polonia (ZNP), se mantiene en huelga, el gremio que responde a Solidaridad –heredero de la organización que protagonizó las huelgas de los ’80 que pusieron en jaque al régimen burocrático– cerró un acuerdo a la baja en las vísperas del paro y colabora políticamente con el gobierno.
Los maestros, que reclaman un aumento del 30%, han puesto en pie comités locales con representantes por escuela y funcionan también comités de solidaridad que reúnen fondos para los huelguistas, en particular para los no afiliados.
La victoria de las docentes polacas animaría un resurgimiento obrero en un país estratégico de Europa del Este e implicaría un golpe al oscurantismo y las políticas restauracionistas.
Vamos por su triunfo.

Prensa Obrera

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