martes, 26 de enero de 2010

A trece años del crimen de Cabezas


Ayer, 25 de enero, se cumplieron trece años del brutal asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas. La muerte y sus motivos, nunca del todo claramente develados, apuntaron a un suerte de venganza personal del multimillonario Alfredo Yabrán (un oscuro personaje de los favorecidos por las privatizaciones de Carlos Menem y mecenas del ex presidente cuando era apenas un aspirante a la primera magistratura) por haberlo registrado en una fotografía, cosa que al parecer Yabrán detestaba.
Semejante motivo, aunque cabe dentro de lo posible dados los antecedentes de Yabrán, aparece como desmesurado y hasta distractivo; o hubo un exceso por parte de los ejecutores o se trató de un claro mensaje mafioso dirigido a encumbrados personajes que habrán sabido interpretarlo dentro de su sangriento significado.
El suceso tuvo tanta difusión pública que será recordado por los lectores y no es del caso detallar aquí, pero reveló detrás del crimen una oscura e intrincada trama de intereses entre el gobierno menemista y la llamada "mafia de los correos", trama en la que tuvo una activa participación la policía de la provincia de Buenos Aires, la misma que poco tiempo atrás había sido calificada por el entonces gobernador Eduardo Duhalde como "la mejor del mundo", concepto que se derrumbó ante esta y otras evidencias de corrupción.
La investigación del crimen fue una larga serie de idas y vueltas que se fueron cerrando sobre Yabrán y su entorno y que culminaron en el suicidio del personaje. Hasta ese acto final del poderoso empresario estuvo rodeado de un halo de misterio, alimentado por varios acontecimientos sospechosos. De hecho de la escena del crimen desaparecieron elementos de prueba muy importantes para la globalidad de la investigación. Los ejecutores materiales del asesinato de Cabezas resultaron ser unos delincuentes de poca monta, chivos emisarios evidentes de una maniobra que se elevaba a esferas mucho más altas.
La indignación pública y de los medios periodísticos fue enorme y alcanzó nivel internacional, resumiéndose en una frase que campeó por esos días y durante un tiempo considerable: "No se olviden de Cabezas", trasladada a calcomanías, pancartas y actos en los que se invocaba la memoria del mártir. Hubo medios televisivos en los que sus caras visibles llegaron a llevar luto en elocuente recordación del colega desaparecido.
Hoy, más de una década después del asesinato, la frase se ha despintado y son pocos los que la reclaman. Por un lado el paso del tiempo (que es el olvido, según decía Borges) atenúa aquel recuerdo, diluido en un fárrago de noticias igualmente penosas. Por otro, favorecidos por ese silencio, los asesinos materiales e intelectuales han reclamado -y conseguido- su libertad bajo alguna forma, poniendo dudas sobre las razones y pruebas aducidas y también sobre la probidad el buen accionar de la justicia.
Ayer, fecha del aniversario, fueron pocas y breves las menciones específicas recordando a Cabezas, especialmente en muchos de los canales de televisión. Llama la atención este parco tratamiento del tema, especialmente porque el medio televisivo fue protagonista indiscutido en la cobertura del crimen al registrar con amplitud no sólo la investigación del crimen sino también, posteriormente, todo el proceso judicial que terminó con la condena a prisión de los culpables materiales.
Más allá de los actos que recordaron directa y sinceramente la figura del fotógrafo asesinado parecería que varios de los llamados "grandes medios" prefirieron una mención borrosa y cómoda en medio de la trivialidad informativa del verano antes que mantener en vigencia la conmovedora frase que en su brevedad reclamaba ética, memoria y justicia.

LA ARENA

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