lunes, 15 de julio de 2019

La caída de Mario Roberto Santucho, un golpe a la unidad revolucionaria argentina

Vamos a escribir sobre nuestro hermano mayor, que fue un personaje central en las luchas populares y revolucionarias de los años 60 y 70 del siglo pasado: el Negro, o el más familiar Robi, Santucho. Fue el Secretario General del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Comandante Jefe del Ejército Revolucionario del Pueblo y, sin dudas, el mayor líder de la etapa revolucionaria que transitó Argentina.
Circunstancias de su caída en combate
Hacía unos meses Domingo Menna había comprado (información interna) el Dto. 4ª B a nombre de Munich(Seoane [1]) ubicado en la calle Venezuela 3145 de Villa Martelli. Allí vivía con su compañera Ana María Lanzilloto, embarazada de 8 meses, el hijo de ambos Ramiro de 2 años, y transitoriamente con Mario Roberto Santucho y su compañera Liliana Delfino. La compra se había decidido porque desde noviembre de 1974, Eduardo Merbilháa y su compañera eran dueños del Dto. 3ero C,y había hecho buenas relaciones con los demás habitantes del edificio por lo que Eduardo había sido elegido presidente del Consorcio de Copropietarios.
Santucho integraba el Buró Político partidario junto a Benito Jorge Urteaga, Domingo Menna, Luis Mattini y, el recientemente cooptado, Julio Oropel. El Secretario del Buró era Eduardo Merbilháa que dirigía la Secretaría en la que estaban su compañera, Fernando Gertel, Ana María Lanzillotto, mientras que Liliana Delfino que integraba el Comité Ejecutivo era la Responsable Nacional de Propaganda.
El 19 de julio en horas de la mañana estaba programada una reunión entre las máximas direcciones del ERP y Montoneros incluidos Santucho y Firmenich. Fernando Gertel fue a la cita con el “enlace” del dirigente Montonero Roberto Perdía en la que aquel le informó que por problemas de seguridad, en la casa que estaba programada, la reunión se suspendía (información interna del PRT). Desde hace unos años circula la versión que nadie había concurrido a la cita. Mientras Gorriarán informa que “los compañeros que hicieron todo el chequeo de ida y de vuelta a la cita con Montoneros confirmaron fehacientemente que no hubo ningún seguimiento”.
Posteriormente, el Gringo Menna (documento a nombre de Guillermo Longo, según la revista Sudestada nº 136) se dirigió a una cita en la estación Rivadavia del Ferrocarril Mitre. Se presume que allí fue secuestrado por fuerzas del Ejército entre las 10 horas (Mattini) y minutos antes del mediodía (Seoane). También se presume que su secuestro se realizó en el mayor de los sigilos (Narducci-Bohoslavsky-Ortolani)[2] porque no se obtuvieron evidencias del hecho.
Ese día (todos coinciden en esta información) a las 22hs (Gorriarán) Santucho viajaba al exterior por resolución del Comité Ejecutivo.
Alrededor de las 14 horas del lunes 19 de julio de 1976, una patrulla del Ejército llegó hasta el departamento 4to B. En ese momento se encontraban en el Santucho, Liliana Delfino, Benito Urteaga y su hijo José cuya madre es Nélida Pola Augier y Responsable de Contrainteligencia. Ramiro estaba en la guardería.
Enrique Gorriarán que por “indagaciones hechas entre los vecinos, gente del lugar y el portero, pudimos reconstruir los acontecimientos: apenas pasado el mediodía, la policía había montado una pinza sobre la General Paz, entre la Philips y el edificio; aproximadamente a las dos, dos y media de la tarde se acercó un grupo de cuatro militares que obligaron al portero del edificio a llevarlos directamente, sin dudas ni vacilaciones, al departamento donde estaba Roby y le ordenaron golpear la puerta”[3].
En el momento de abrirse la trabaron desde afuera lo que posibilitó que los integrantes de la patrulla ingresaran. Se originó un breve tiroteo en el que murió el Jefe del Comando del Ejército Capitán Juan Carlos Leonetti y, presumiblemente, Benito Urteaga, siendo mal herido Santucho, mientras Liliana Delfino era secuestrada viva. Fernando Gertel fue secuestrado en una cita en un bar de San Antonio de Padua a las 15 hs. (Diana Cruces compañera de Gertel y testigo presencial).
Al llegar a su casa Merbilháa y su compañera fueron advertidos por el portero y lograron retirarse. Su casa fue allanada posteriormente.
Probablemente, Ana Lanzilloto llegó poco después y no tuvo la misma suerte. Ana, había salido temprano hacia zona norte a alertar sobre su seguridad a otros compañeros (Diana Cruces), y cuando regresó a su casa cayó en la ratonera montada por los militares.
Menna fue llevado a “El Campito” de Campo de Mayo y estuvo allí al menos hasta el 11 de noviembre (Cagnolo). Fue visto por la joven Patricia Erb y por el soldado conscripto Eduardo Cagnolo. Ambos testimonian sobre el comportamiento indoblegable de Menna ante sus torturadores y que alentaba y daba indicaciones a los demás detenidos, lo mismo que a partir de septiembre hacía Eduardo Marbilháa. Patricia Erb testimonia que allí mismo vio a Liliana Delfino y Ana María Lanzillotto que estaba embarazada. José, el hijo de Benito y Pola, fue restituido a sus familiares varias semanas después.
Menna, Delfino, Gertel y Lanzillotto, fueron secuestrados con vida. No hubo redadas vinculadas con ellos en forma inmediata ni posteriormente, y los testimonios citados nos hablan de sus heroicos comportamientos en el más difícil de los combates ante el enemigo de clase.
En el lapso de cuatro horas fue eliminada la mayor parte de la dirección del PRT: Los tres principales dirigentes, la Responsable Nacional de Propaganda, y dos cuadros de nivel del CC. Sobre estos hechos se han realizado y difundido varias versiones pero ellas se pueden resumir en dos: un trabajo de infiltración en el nivel de dirección o la casualidad.

1.- Hipótesis de la infiltración interna

Nuestra experiencia nos indica que la información procedente del Partido ha sido una apropiada guía para esclarecer las situaciones pasadas por la organización y sus integrantes, lo que en este caso suponepartir del trabajo de la contrainteligencia partidaria dirigida por Pola Augier[4]. De ella (Paula en el texto) reproducimos parte del capítulo “Pequeño burguesa pequeño burguesa” de su libro Jardines del Cielo.(los demás nombres los unificamos con el resto del presente texto).
Luis Mattini, a cargo de la Secretaría General del Partido, llamó a Pola Augier y le propuso que asumiera la investigación de las caídas de los compañeros de la dirección: "Tenés carta blanca para investigar todo lo que queda del Partido, incluido el Buró Político, y tratar de resolver rápidamente las acusaciones; son un cáncer que se difunde aceleradamente por la organización.
Paula formó un equipo especial (…) integrado por los mejores militantes de los equipos a su cargo. Visitaron varias veces el edificio donde ocurrieron los hechos, especialmente los negocios cercanos. Así, confirmaron que del lugar habían sacado un cadáver y otra persona gravemente herida cuya descripción correspondía a Benito, una mujer viva, Liliana Delfino, y a un niño. Hubo un segundo allanamiento en otro apartamento del mismo edificio donde vivía Merbilháa: allí no encontraron a nadie. En las inmediaciones de la vivienda fue secuestrada Ana Lanzillotto, quien estaba embarazada, y su hijo sacado de la guardería donde asistía.
En un primer momento, no estaba claro donde había caído el Gringo Mena; más tarde, pudieron saber de dos citas que había tenido en el espacio de tiempo en que había sido capturado. Las dos, con militantes relacionados con la regional de Córdoba. Analizaron los datos facilitados por los informantes, conversaron con la mayoría de los militantes que en esos días habían tenido contacto con los caídos y lograron reconstruir, hora por hora, gran parte de los últimos quince días del Comandante y Benito.
Llegaron a barajar varias hipótesis (...) había tres que se destacaban. La primera: contactos mantenidos con otra organización guerrillera. Otras, coincidían en lo primordial: la pista sobre el lugar donde se encontraba Santucho, y su inminente salida del país, habría llegado a los servicios de inteligencia enemigos desde Córdoba o de un militante oriundo de esa provincia. La tercera, podría haber sido una combinación de ambas.
Los resultados eran abrumadores. Las dos últimas posibilidades se circunscribían a militantes del partido, uno de ellos un militante cordobés de gran trayectoria quien, supuestamente, habría entregado al Gringo Menna para salvar a su compañera secuestrada.
La que se imponía con mayor fuerza, por el cúmulo de coincidencias y señales, involucraba a un alto dirigente del partido y, en ese momento, integrante de la dirección de origen cordobés.
Nunca pudieron confirmar insistentes versiones que indicaban que el Gringo Menna había caído con un recibo con la dirección de la casa donde se encontraba el Comandante. Esta hipótesis venía principalmente de los servicios de inteligencia. Toda la información recopilada de los informantes del Partido era tomada con mucha precaución, ya que, en las grandes caídas de la Regional Córdoba, habían tratado de hacer creer a la organización que un miembro de la dirección, quien había desaparecido poco antes, era quien estaba cantando.
Esto más tarde fue totalmente refutado sin lugar a dudas: el compañero no era quien estaba dando información. De esta manera desviaban el curso principal de la investigación, mientras el informante permanecía en las filas del partido.
Los integrantes del equipo decidieron elaborar un informe presentando las tres hipótesis y contemplando la posibilidad de la convergencia de más de una.
Lo delicado de la situación se agravaba porque “se iba a ‘tocar’ a uno de sus connotados miembros”. Paula (…) antes de proporcionar al Secretario General los resultados obtenidos, decidió entrevistar al principal sospechoso (…) Lo citó en una esquina, desde donde lo llevó a una casa que sería abandonada. Al llegar al lugar, notó vigilancia. Mientras caminaba hacia el apartamento junto al dudoso, tuvo la certeza de que al menos un hombre rubio, pelilargo, los seguía con la mirada, recostado displiscentemente al borde de una vidriera.
El citado se mostró simpático. Su compañera estaba presa, él había sido aprehendido junto a ella. Sorpresivamente, a pesar de tener mayor jerarquía dentro del partido, situación conocida por el enemigo, fue expulsado del país y ella permaneció detenida. Desde donde se hallaba, retomó contacto con la organización y reingresó clandestinamente a la Argentina.
Paula inició la conversación haciendo preguntas para confirmar algunos detalles. El comenzó a transpirar copiosamente; estaba pálido y parecía a punto de desarmarse en un charco de sudor. En un principio, trató de hablar pausadamente, pero súbitamente saltó de la silla, gritando: “¿Porqué tantas preguntas?” Paula le respondió que debería saber que el Partido estaba llevando a cabo una investigación. Lo vio dirigir su mirada a la puerta, ella pensó que se marcharía o esperaba a alguien.
El sujeto tenía miedo y podía ser por dos razones que la llevaban al punto de origen: porque era culpable o porque era inocente (...). Decidió tirárselo en la cara: “Nuestro informe indica fuertes sospechas sobre vos. (…) Comenzó a ponerse agresivo, diciéndole: "Pequeño burguesa, pequeño burguesa", con los ojos fuera de órbita. Paula le pidió enérgicamente que se calmara. Le comunicó que otras dos personas sabían de esa reunión y tenían acceso a copias del expediente, que tiró sobre la mesa. Creyó que él se desmayaría al derrumbarse sobre la silla, tratando de leer lo que decía.
El preguntó: “¿Mattini está enterado?” Al saber que todavía no, respiró más tranquilo, su rostro desencajado esbozó una sonrisa. La miró por primera vez directamente a los ojos y le dijo: “¿Tenés más preguntas?”. Paula hizo un gesto negativo con la cabeza. El dejó el apartamento sin saludarla.
Era imprescindible partir de lo irrefutable: un sospechoso, dentro de la organización primero era un compañero. Ponerlo en duda debía hacerse con elementos contundentes. Ella consideraba que los tenían, aunque en ningún caso eran suficientes.
Paula y Yoli (compañera del equipo que había observado desde afuera) coincidieron en que la actitud había sido extraña. Entrevistaron a varios miembros de la organización y ninguno reaccionó como él (...). La posibilidad de que fuera un informante se tornaba convicción. Aunque, como siempre en ese trabajo, nada podía aseverarse hasta que él mismo confesara (...) el sospechoso debía ser interrogado en una cárcel del pueblo.
El sospechoso, señalado por la contrainteligencia como posible delator del Comandante, reunió a miembros de la dirección y los convenció de que era mejor dejar de lado las investigaciones que podrían involucrar a cualquiera. Sobraban argumentos para sostener esto: las circunstancias por las que atravesaba la organización; el aparato no estaba integrado por profesionales formados en técnicas de inteligencia y contrainteligencia, sólo militantes de confianza y la responsable de la investigación vivía una etapa que podía dificultar su objetividad.
Paula se entrevistó con el nuevo Secretario General y éste le indicó que debían suspender el trabajo. Según él, el Partido no estaba en condiciones. Nunca esperó que Mattini entendiera la esencia de su trabajo, especialmente porque nunca supo, salvo de segunda o tercera mano, lo que ellos hacían.
La realidad era que habían llegado hasta el Comandante el día antes de éste salir del país, información que muy pocos conocían. La casualidad había dejado de tener cita en el pensamiento de Paula mucho tiempo antes”.

2.- Por obra de la casualidad

El Ejército difundió inmediatamente de producidos estos hechos:
-Que Menna concurrió a una cita con “Gustavo” o “el Médico” quien, según Plis Sterenberg, era un viejo conocido de Menna, militante de una Liga, cuya compañera había sido secuestrada el 15 de julio por el Ejército. “Gustavo” fue a una dependencia del Ejército a negociar la vida de su compañera por una cita con Menna. Según esta versión el Ejército no cumplió y “Gustavo” y su compañera fueron desaparecidos. Otros investigadores agregan que había sido responsable de Sanidad en la Compañía del ERP de Córdoba, pero Gorriarán que fue Jefe de esa unidad militar niega la existencia de “el Médico” y su esposa.
-Que una vez detenido, a Menna se le encontró en sus ropas la boleta de un nebulizador que estaba usando su hijo Ramiro. Unos investigadores dicen que en la boleta estaba la dirección de la farmacia y que fueron hasta ella y allí le dieron la dirección de Menna. Posteriormente, otros investigadores, afirman que en la boleta estaba la dirección de su domicilio.
Una tercera versión (El secreto mejor guardado de la Dictadura–Purochamuyo.com) lo confirma y agrega que “ya que el negocio que alquilaba esos aparatos (no una farmacia) los pasaba a retirar a domicilio”, y que en esos días “una persona efectivamente había alquilado un nebulizador en ese mes de julio de 1976, en una zona no muy alejada del domicilio de Menna.”
Bajo estas hipótesis,Leonetti y su comando habrían actuado por iniciativa propia y con toda celeridad se dirigieron, sin consultar a su superior Coronel Valín, al departamento de Menna y se encontraron con Santucho. (Narducci-Bohoslavsky-Ortolani), con criterio que compartimos se preguntan, si “¿tomó Leonetti esa audaz decisión presumiendo que la ausencia de Menna desatase una alerta en la organización insurgente?
En una carta de Merbilháa a Julio Santucho se desprende la casi certeza que Menna fue a una cita con algún miembro de la organización. Lo que aproximadamente coincide con la información que brinda Abel Bohoslavsky, cuyo responsable Eduardo Merbilháa le dijo que: la cita de Menna era con un médico, que seguramente conocía al Gringo, y que pertenecía a un grupo denominado Liga Comunista. Información que coincide con la del soldado Cagnolo. Lo que hoy se sabe apunta a las dos citas que había aislado Pola en 1976.
Algunos de los investigadores dan a la hipótesis del nebulizador como la más probable y casi segura. Por nuestra parte hacemos las siguientes puntualizaciones.
Es una hipótesis lanzada por el Ejército.
¿Con qué objeto llevaba Menna esa boleta? La duda aumenta si la casa de alquiler llevaba los instrumentos a domicilio.
De existir la boleta, que según nuestro conocimiento nadie vio, es más verosímil que fuera encontrada en la casa de Menna y plantada posteriormente en su bolsillo.
Esta hipótesis fue intensamente investigada sin resultados (Pola y equipo).
La presencia del Capitán Leonetti sugiere que estaban en la búsqueda de Santucho porque era el oficial a cargo de su persecución y detención. Había sido designado por el mismo dictador Videla para esa tarea.
El día anterior los dirigentes del PRT bajaron a un potrero pegado al edificio y jugaron y/o presenciaron un partido de fútbol. Uno de los que estaba con Santucho le señaló a dos personas que le resultaron sospechosas, lo que fue desestimado por Mario Roberto (información interna).
Una verdad de hierro que se ha establecido es que, lo que demuestra que no sabían que iban a buscar a Santucho es el reducido número de miembros del comando del Ejército. Un primer dato que la pone en cuestión es que probablemente la detención de Menna se haya realizado por medio de un operativo basado en el sigilo.Otro, que cualquier fuerza militar antes de ejecutar una operación realiza un análisis de la situación en base a la información que tiene (que nosotros desconocemos) y en base a ella decide la línea operativa.
Una podría estar basada en un despliegue masivo de fuerzas que tiene la desventaja de ser más lenta, ofrecer más posibilidades de que se filtre información y/o ser detectada en algún momento desde la toma de la decisión hasta su concreción. Otra línea podría ser utilizar una pequeña fuerza más operativa, ágil y secreta, como infinidad de veces había realizado la guerrilla, línea táctica que no es desconocida por una fuerza regular.Fortaleciendo la primera hipótesis (Narducci-Bohoslavsky-Ortolani) dicen que “Sobre todo, porque los militares seguramente sí sabían que Santucho tenía un grupo de protección armado, que en la nomenclatura erpiana se denominaba “escuadra especial”, que entre sus tareas tenía la de cubrir sus movimientos”.
La Escuadra Especial tenía ese nombre no por custodiar a Santucho sino porque el ERP, tomando la experiencia vietnamita, consideraba que sus unidades militares tenían el nivel de lo que en el país de Ho Chi Minh llamaban tropas regionales, mientras la Escuadra Especial era considerada, junto con la Compañía de Monte, las primeras unidades de un ejército regular.
Pero además Gorriarán informa que en las inmediaciones de la casa escondite de Santucho se realizó un operativo de control de automotores. ¿fue otra casualidad que se suma a la boleta del nebulizador y a la fecha de partida de Santucho?

El testimonio del Soldado Cagnolo [5]

Inesperadamente para quién esto escribe encuentra una explicación más simple que la pista del nebulizador, sobre la que nadie ha reparado,al volver a leer después de 10 años el testimonio del soldado Cagnolo. Este, estando secuestrado en Campo de Mayo, habló con Menna y varias veces con Merbilháa (secuestrado en septiembre). Cuando Eduardo le preguntó si había visto al Gringo Menna, Cagnolo lo relata así: “le dije que si, que estaba frente de mi (…) quería fugarse (…) entonces me relató cómo había sido su caída: (…) Había concurrido a una cita con un representante de una Liga de “no se qué” y que era un infiltrado, y lo secuestraron. En el bolsillo del saco tenía el teléfono de la inmobiliaria donde había alquilado el departamento en Villa Martelli, averiguaron en la inmobiliaria y lograron la dirección; cuando fue el Ejército estaba Santucho y pasó lo que pasó”.

Los desclasificados de la inteligencia estadounidense

De los informes de la inteligencia norteamericana el que nos despierta más interés tiene fecha 21 de julio de 1976, y dice: “La información que permitió a las fuerzas de seguridad localizar a Mario Roberto Santucho fue proporcionada por un oficial del ERP que se puso en contacto con el Ejército Argentino y se ofreció a revelar el paradero de Santucho y otros líderes del ERP a cambio de la liberación de su esposa, que había sido secuestrada.
El Ejército no solo aceptó, sino que prometió al oficial del ERP que le daría dinero y asistencia para salir de Argentina con su familia. En ese momento, el Ejército Argentino llevó al oficial del ERP para que corroborara que su esposa estaba detenida y se encontraba bien. Después de lo cual, el oficial señaló el edificio de Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, cerca de la capital, donde Santucho y otros líderes estaban escondidos”.
Podemos afirmar que no había ningún miembro el PRT o del ERP que tuviese su compañera detenida y que conociera la casa en la que estaba Santucho. No surge de las investigaciones de Pola Augier, ni de afirmaciones de Gorriarán, Merbilháa o Mattini.
Con buen criterio (Narducci-Bohoslavsky-Ortolani) escriben que: “este y otros “detalles” nada menores sobre la captura de Menna, sobre la identidad del delator y de su mujer secuestrada y luego liberada, sin duda que están en alguna de las partes borradas de los documentos desclasificados o, más probablemente, en algún archivo secreto del Ejército Argentino. Y por supuesto, en la memoria de los militares que aún viven y fueron directores de las tareas de inteligencia”.

Hablan Santucho y Firmenich [6]

El 19 de julio de 1976 se iba a firmar el acuerdo unitario entre el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT-ERP), la Organización Político Militar Montoneros y la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO).
Escribió Santucho: Un gran paso unitario [7]
“Esta gran tarea se verá considerablemente facilitada por los recientes avances unitarios en el campo revolucionario que nos han colocado ante la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero, que unifique la lucha antidictatorial y encauce un trascendental proceso hacia la completa unidad política y militar de las organizaciones revolucionarias proletarias y populares (el Partido de la Clase Obrera, el Ejército Popular y el Frente de Liberación Nacional).
Dar este paso significará iniciar un proceso de convergencia quizás complejo, pero de un positivismo difícil de exagerar. En primer lugar influirá favorablemente en el estado de ánimo de las masas populares, que se sentirán respaldadas por este sano paso de sus organizaciones. Se materializará en un aumento cualitativo de los recursos revolucionarios globales, que serán empleados más racionalmente y con mayor eficacia.
Reforzará nuestra presencia internacional facilitando por lo tanto el esfuerzo para conquistar la solidaridad y apoyo internacional activos a nuestra causa revolucionaria. Al Partido le cabe una gran responsabilidad en el proceso de unidad que se abrirá. Sin ceder un milímetro en los principios, activo en la lucha ideológica que se intensificará en los nuevos marcos unitarios nuestro Partido deberá actuar con gran dinamismo y flexibilidad. Los cuadros y militantes deben predicar con el ejemplo de sus virtudes proletarias, de su línea de masas, de su confianza en las masas, de su combatividad y heroísmo, de su dedicación profesional, de su férrea voluntad en el cumplimiento de las tareas, de su sencillez, fraternidad y espíritu solidario.
La total unidad que es posible, se conquistará, en un proceso gradual a desarrollarse paso a paso en todos los niveles, en la base y en la dirección, que requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica. La fusión de las organizaciones revolucionarias será un gran avance para la lucha de nuestro pueblo, en la medida que se asiente sobre sólidos principios ideológicos y orgánicos, y nuestro Partido pondrá todo su esfuerzo para hacerla realidad”.

Entrevista a Firmenich [8]

Mario Firmenich, principal dirigente de la Organización Montoneros, en una larga entrevista televisiva realizada en 1995, ante una pregunta, habló de los hechos del 19 de julio de 1976.
34:07.“Clara de Palermo: El día que mataron a Santucho estaba programada una reunión entre Montoneros y el ERP. ¿De qué se iba a hablar en esa reunión?
34:14. Firmenich: No, no es verdad, no es verdad y leyó mal la versión equívoca que da la señora Seoane de la muerte de Santucho. El día que murió Santucho no había ninguna reunión programada entre Montoneros y el ERP. Era el día que Santucho se iba del país.
Ese día el Gringo Menna, que era en la casa de él donde estaba Santucho, fue a una cita, lo capturaron. Según la señora Seoane en los documentos de Menna figuraba el domicilio de Santucho. En otras hipótesis que uno puede considerar que Menna haya delatado el domicilio.Lo concreto que con Santucho no había ninguna reunión entre Montoneros y el ERP.
Le voy a aclarar otra cuestión. En aquel período, antes de eso, hubo algunas reuniones entre Montoneros y ERP donde estuvo en discusión la posibilidad de construir algún modo de coordinación y apoyatura logística mutua para enfrentar la dictadura con fundamento de necesidad. Pero cuando profundizamos la discusión política concluimos que los fundamentos de necesidad no podían ser superiores a los fundamentos de acuerdos políticos. Y no existiendo acuerdos políticos no se podía proceder a ninguna forma de (identificación) logística.
Esas fueron las reuniones que hubo en ese momento con Santucho. Ese día no había ninguna”. (35:38).
Roberto Perdía:
Además de esta flagrante contradicción entre los dos principales dirigentes de ambas organizaciones, han trascendido declaraciones contradictorias del número 2 de Montoneros Roberto Perdía a cargo de la relación con el PRT.
Perdía fue entrevistado en 1996 por María Seoane y su respuesta fue publicada en el Epílogo de una edición posterior de Todo o nada: “Perdía insistió en que dado el nivel de persecución que sufrían y la clandestinidad ala que estaban sometidos, la jefatura de Montoneros no se había enterado de la detención del enlace con el ERP”.
Como supuestamente “el enlace de Perdía había sido secuestrado dos semanas antes” (Revista Sudestada nº 136 de marzo-abril de 2015). Perdía escribe en su libro Montoneros (P 480)[9]: “Tratamos de dar los avisos del caso por otras vías, pero por lo que fuimos sabiendo con el paso del tiempo los mensajes que enviamos por esos canales indirectos no llegaron a destino”.
En el periódico Resumen Latinoamericano.org/2019/04/30/argentina-la-hija, como en Sudestada 137, Marcela Santucho, hija de Mario Roberto, se hace eco de las palabras de Perdía. Éste, “cansado de ser acusado de traición, acude al EAAF que tienen las fechas de los desaparecidos y constatan que el secretario de Perdía (que tenía la cita con el PRT para la cita de la OLA), había sido secuestrado (…) el 21 de julio, por lo que no podría haber “cantado” la cita con Fernando Gertel.
El “enlace” de Perdía en estas tres contradictorias versiones se mantiene anónimo.El “enlace” del PRT Fernando Gertel integraba la Secretaría del Buró Político y era un cuadro de nivel de Comité Central.
Abel Bohoslavsky, en carta-respuesta a Sudestada nº 136, Informaba de la reunión entre Montoneros y el ERP realizada en noviembre de 1975 en una casa de los primeros en el oeste del Gran Buenos Aires. Allí Santucho y Menna se encontraron con Firmenich, Quieto, Adriana Lesgart, el Gordo AY. El Gringo muy entusiasmado con la reunión le informó a Abel que se presentaba la posibilidad de un frente único entre las dos organizaciones. En esta ocasión el “enlace” era el dirigente de la M: Héctor Talbot Wrigth (detenido desaparecido el 16 de octubre de 1976), un veterano militante que se conocía con Menna desde 1966.
En la presentación del libro de Guillermo Caviasca Dos caminos. Prt-erp y Montoneros en los setenta (2009) se dio un debate entre los presentadores: Roberto Pedía y Daniel De Santis, porque en el libro el primero afirmaba que: “En el 75-76 se plantea el tema de la fusión (con el PRT-ERP), fuimos avanzando hacia eso en el mismo sentido que planteábamos la crítica al peronismo y su agotamiento, pero en abril, mayo, junio comenzamos a revisar la posición respecto al peronismo (…) La línea divisoria pasó de confrontar con Isabel y el sindicalismo a confrontar con el Proceso, entonces cambió el marco de alianzas”.
Mientras, el segundo sostuvo que “a fines de 1975 y principios de 1976 entre las dos organizaciones se debatió un temario (publicado en el BI del PRT) en perspectiva de la unidad. A nivel de las direcciones nacionales el debate se interrumpió pero prosiguió entre el responsable de la Regional 8 de Montoneros, Marcelo Kurlatel Monra, y el de la Regional Sur del PRT, Daniel De Santis.
En mayo Kurlat le pasó a De Santis una cita con Julio Roqué. Éste, en representación de Montoneros, propuso firme e insistentemente la necesidad de retomar la relación”, propuesta que el PRT aceptó, al punto que se avanzó en un borrador de Declaración conjunta y un nombre propuesto por Montoneros: “comenzamos a elaborar las bases de la Organización para la Liberación de Argentina (OLA),a semejanza de la OLP palestina” (Perdía.P 479), hechos que se corresponden con el BI escrito por Santucho.
A renglón seguido Perdía reconoce que “en el mes de junio de 1976 (…) uno de esos encuentros, del que participaron Mario Roberto Santucho y Domingo Menna, sería en mi casa, en Ciudadela. Allí compartimos un día entero de trabajo, apenas interrumpido por un puchero. Unas semanas después, fui con mi hija a comprar el diario: “¡Es el tío, es la foto del tío!”, dijo señalando a los titulares”. Perdía no dice de qué hablaron.
El CE del Partido, reunido el 11 de julio, había resuelto que Santucho saliera inmediatamente del país, éste solicitó permiso para asistir a la reunión que en principio se iba a realizar el 12 (Información interna y Gorriarán en sus Memorias. Pág. 318). Como la reunión se postergó una semana, Santucho pidió quedarse porque temía que diferencias secundarias abortaran este paso unitario. Insistiendo sobre el tema argumentaba, que había temas en los que teníamos diferencias como respecto a la CGT en la Resistencia que impulsaba Montoneros, pero que si teníamos que ceder en ese y otros puntos cediéramos mientras se firmara avanzar hacia la completa unidad política y militar.
El Boletín Interno del PRT escrito por Santucho es el único documento que se conserva de esta relación y de él se desprende la posibilidad real e inmediata de construir una organización frentista integrada por el PRT, Montoneros y Poder Obrero.

Anexo: Conferencia de Prensa de Santucho en 1973

https://youtu.be/tN43vTK7upE

Daniel De Santis

Notas

[1] Seoane, María. Todo o Nada. Planeta. 1991.
[2] Narducci-Bohoslavsky-Ortolani. El secreto mejor guardado de la dictadura – purochamuyo.com
[3] Gorriarán Merlo, Enrique.Memorias. Planeta. P. 317. La pinza simulaba estar montada para revisar coches pero el propósito real era de participar del operativo.
[4] El otro trabajo sistemático lo realizó durante años Diana Cruces,fallecida en enero de 2017.
[5] Sísifo. La revista del Centro de Estudios Sociales y Sindicales (CESS). Año 2. Número 2. Diciembre de 2012.
[6] Principal dirigente de la Organización Montoneros.
[7] PRT. Comité Ejecutivo Edgardo Enríquez. Boletín Interno Nº 121. 14 de julio de 1976. En De Santis, Daniel. A vencer o morir. PRT-ERP. Documentos. Tomo II. Primera edición. Pág. 575. Eudeba. Julio de 2000. Tercera Edición. Pág. 609. A formar Filas. Abril de 2015.
[8] Entrevista a Firmenich. Duración 46:34 minutos. Año 1995. Publicada por Mariel Alonso el 31 de julio de 2015.[8]Youtube. https://youtu.be/E9Rx.50o6w
[9] Perdía, Roberto Cirilo. Montoneros. El peronismo combatiente en primera persona. Planeta. 2da ed. Buenos Aires. (2013)


*A los veinte años inició su militancia por el socialismo y en 1971, se incorporó al ERP y al PRT. Militó en los frentes universitario, barrial y fabril. Como dirigente de la fábrica Propulsora Siderúrgica fue electo para integrar el Comité Central; tuvo a su cargo la responsabilidad del Frente Sindical en la Regional Sur y, a partir del golpe del 24 de marzo de 1976, fue designado Responsable político de la misma Regional. En 1977, desde Brasil, dirigió la segunda etapa del repliegue partidario. Un año y medio después se estableció en Nicaragua, donde contribuyó con la Revolución Sandinista. Regresó a la Argentina en 1983.

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