sábado, 1 de enero de 2011

“Me da mucha tranquilidad saber dónde está mi mamá”


Una vez más la memoria de los desaparecidos nos interpela
Los sentimientos son contradictorios: “Es una tristeza que me robaran tiempo de estar con mi madre, pero una alegría el saber dónde está ahora”
Hace un poco más de un año escribía un artículo en el cual sostenía que la memoria de los desaparecidos nos interpelaba. En ella narraba la historia de Juan Carreras, estudiante oriundo de la ciudad catamarqueña de Belén y miembro del cuerpo de delegados de la carrera de bioquímica, desaparecido en 1976, secuestrado de un edificio de la propia Universidad Nacional de Tucumán, por una patota a las órdenes de los dictadores que “gobernaban” entonces en la República Argentina.
Poco más de un año después, la historia de “otro” Juan y la memoria de los desaparecidos, vuelve a interpelarnos. Es 31 de diciembre de 2010, vísperas de un nuevo año y un mail llegado a mi casilla un par de días antes me evoca una vez más a la memoria y me convoca en el encuentro con Juan José Cazorla, hijo de Mercedes del Valle Morales, secuestrada y desaparecida por los genocidas en 1976. 34 años después Juan consigue que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) descubra, de los restos hallados en el cementerio del Norte, la identidad de su madre, y él mismo, pueda ahora, cerrar una historia que comenzó a indagar allá por el 2005. Hoy le cierra A Juan, un capítulo con la “triste alegría”, según sus literales palabras, de poder dar sepultura a su madre y tener un sitio dónde llevarle al menos, un ramo de flores.
A sus 35 años de edad, Juan descubre que la identidad es una permanente construcción y que la vamos trazando, como seres humanos, a lo largo de la vida y de la historia. Un campo de batalla, como diría Paul Gilroy, campo de batalla que pone al desnudo la tragedia que significó y aún hoy significa, la desaparición de miles de personas en Argentina.
Luego de un examen de ADN, identifican a la madre de Juan, desaparecida por la última dictadura militar. Parte de su historia comienza a escribirse entonces nuevamente. Los medios, aquellos que durante los oscuros años de la dictadura le hacían un guiño a los genocidas, hoy se interesan por su historia. Es el primer hijo de una desaparecida restituido en la norteña provincia de Tucumán. Es el primero a quien la constancia y la lucha de los organismos de derechos humanos, contribuyen a reconstruir su historia y por lo tanto su identidad. Juan prepara entonces el entierro de su madre en la ciudad de Monteros, la misma que lo vio nacer y al que, desde el mismo correo electrónico, invita a participar, esta vez para cerrar un ciclo que abrirá seguramente otro, ciclo en el que esta vez, lo tendrá por protagonista, sabiendo que, a pesar de no haber militado nunca en una organización de derechos humanos, hoy es parte de esa lucha que ya lleva más de 34 años.

La identidad “recuperada”

La esposa de Juan, Ana del Valle Díaz, ayuda a la recuperación de la historia de su marido. Poseedor de tres documentos, Ana contribuyó para que la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (Conadi) comience sus indagaciones. En su primer DNI el apellido de Juan era Zelarayán; en el segundo, Morales; y en el tercero, Cazorla. En todos se llamaba Juan. Esta “triple identidad” estaba naturalizada en el joven. Pero en 2005 la historia comenzó a cambiar. Ana se contactó con la Conadi, y desde Abuelas de Plaza de Mayo la contactaron con la responsable del organismo en Tucumán. Juan tenía tan solo 10 meses cuando entraron en su casa y secuestraron a su madre.

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Entrevista con Juan José Cazorla

El encuentro con Juan José no es sencillo. Luego de dar una nota en el principal periódico de la provincia se cuida mucho de exponerse públicamente. Entre la timidez y su falta de experiencia en hablar en los medios, es prudente. Accede a narrar sus experiencias e impresiones pero sabiendo que detrás del entrevistador está la recomendación de quién hasta el día de hoy le ha ayudado a reencontrar su identidad robada. Lo que sigue entonces sus impresiones y el testimonio que será parte de la historia de la lucha que los organismos de derechos humanos han emprendido para satisfacer las mismas dos demandas que hoy busca satisfacer Juan: la verdad y la justicia. Es así entonces como se presenta:
Juan: Mi nombre es Juan José Cazorla, tengo 35 años y soy hijo de madre desaparecida. Empecé las averiguaciones en el año 2005 gracias a una gran investigación de la CONADI que me envió todos los papeles. Después dejé de investigar un poco y archivé los papeles durante cuatro años, hasta que hace unos años me volví a interesar mucho más en el tema gracias a mi esposa Ana que me ayudó muchísimo, que hizo mucho por la investigación, me reencontré con mi familia materna y después doné sangre para que se me hicieran los estudios con los restos que se iban rescatando de los distintos centros clandestinos. Gracias al EAAF se identificaron los restos de mi madre, hace aproximadamente dos meses, los cuales ya están liberados para disponer de ellos y darle sepultura. Estoy muy contento por ello y voy a tener ahora un lugar dónde decir concretamente “aquí está mi madre”, poder llevarle flores y prenderle velas en el día de su cumpleaños y cosas así.
Pregunta: Vos decís que hasta el 2005 no sabías o desconocías la historia ¿cómo descubriste o qué te pasó a vos cuando descubriste que tenías esta historia?
Juan: Yo tenía tres documentos, yo sabía de la existencia de esos tres documentos a partir del año ’93, pero no había investigado el tema. La verdad es que no sabría por qué, pero no había investigado sobre esto.
Pregunta: ¿Conocías, por ejemplo, de la existencia de lo que fue la dictadura, de la existencia de las organizaciones de DDHH, independientemente de tú historia, conocías que había habido una dictadura y que tras esa dictadura había habido una transición, que había habido un juicio a las Juntas…?
Juan: No, no conocía esa parte de la historia. Con el correr de los años, cuando fui averiguando, digamos, en el 2005, me voy enterando más, cómo había sido la historia de esa época, una historia muy fuerte, y al enterarme de ser hijo de madre desaparecida se produce un dolor por lo cual dejé archivado por un tiempo los papeles, hasta que me animé después, nuevamente, a retomar la investigación.
Pregunta: ¿En ese momento no pensaste en acercarte a HIJOS, por ejemplo…?
Juan: No, hasta ese momento no tenía mucha información sobre con quién conectarme. Es decir, las averiguaciones se hacían más por mail o por llamadas de teléfono a Abuelas de Plaza de Mayo o a la CONADI, todo en Buenos Aires, y daban algunos referentes, acá en Tucumán, pero no grupos en sí, sino algún abogado que podía asesorar, algún psicólogo para que me brinde apoyo, hasta que pudimos contactarnos con Alejandra y Ruy, que nos ayudaron mucho en todo, y que nos ayudaron para que me reencontrara con mi familia materna.
Pregunta: En tu caso el vínculo personal con estas dos personas fue más importante para vos que el pensar en unirte a un colectivo como podía ser Familiares, HIJOS, o Madres, por lo menos para tu historia personal…
Juan: Claro, exactamente. El tema es que cuando uno le dan como referencia un número de teléfono y un grupo, no figura un nombre o alguna persona referente del grupo como para tener un poco más de confianza en contactarse y saber con quién se va a hablar, entonces nos inclinamos por la referencia que nos dieron Abuelas de Plaza de Mayo, un número de teléfono con un nombre y un apellido concreto aquí en Tucumán.
Pregunta: ¿Y qué pasó por tu cabeza en 2005 cuando descubriste esta historia?
Juan: Y… fue bastante complicado, o sea, lo que uno pensaba o creía hasta ese momento se viene abajo y es construir de nuevo, tratar de reconstruir la historia es muy difícil, pero precisamente por eso se dejó parado los papeles hasta que me animé, fue mucha más la curiosidad, digamos, y tratar de averiguar bien mi origen, tratar de averiguar sobre mi familia materna, sobre mi madre. Y que es una curiosidad que todavía tengo y que voy a seguir teniendo…
Pregunta: De saber quién fue, qué es lo que hizo…
Juan: Exactamente, saber quién fue, qué hizo, cómo era… la familia no habla mucho del tema. No es por miedo, yo, siento que es más por dolor… tampoco los presiono mucho porque sería traerles recuerdos negativos a ellos, yo se que les cuesta bastante hablar del tema, entonces no presiono sobre eso, pero me gustaría encontrar gente, amiga de ella, que la haya conocido, que haya compartido muchas cosas con ella como para que me cuenten e ir conociéndola más ya que no tuve la oportunidad.
Pregunta: Y ¿qué es lo que si pudiste descubrir o encontrar de ella, qué sabes, o es muy poco y vas intentando…
Juan: Es muy poco… que era una muy buena persona, una excelente madre, que me quería muchísimo, que era trabajadora. Y tenemos un parecido en los rasgos bastante grande, también con mi tía y una de mis primas se parece mucho a ella. Son muchas cosas a que uno a veces le impresiona un poco pero muy grato…
Pregunta: Es decir que encontraste fotografías…
Juan: Sí, sí, tengo una fotografía que me llevaron cuando se produjo el encuentro con mi familia materna, que bueno, se le hizo un cuadro y se lo colgó en el living de casa ese mismo día, tengo una muy buena fotografía de ella.
Pregunta: ¿Y qué más sabes?
Juan: Y de ella se nada más que eso, es muy poco, por eso te digo, que es una curiosidad que tengo, que a medida que va transcurriendo el tiempo me gustaría ir averiguando muchas más cosas, pero… me va a llevar tiempo. Lo único que me gusta es que voy a ser constante en eso, tratar de reconstruir muy bien cómo era…
Pregunta: … y en parte reconstruir tu historia…
Juan: exactamente, reconstruir mi historia y bueno, tratar de no decaer en ese objetivo.
Pregunta: Y para vos ¿era importante que apareciera, como apareció, o que se comprobara que la persona encontrada es tu madre…?
Juan: Sí, sí, la verdad que era muy importante. El EAAF realizó una muy buena tarea. A lo mejor no lo esperaba tan rápido, pero la verdad es que fue muy rápido todo, y lo tomé con tranquilidad, dentro de la tristeza de la noticia fue una tranquilidad porque saber que voy a saber dónde está, todo eso me dio mucha tranquilidad.
Pregunta: Vos en el mail en el que difundiste la noticia pusiste una expresión, que te dio una “triste alegría”, con como sentimientos muy contradictorios, el pensar que te encontraste con tu historia, pero el saber que obviamente no es el final que uno hubiera esperado, porque me imagino que lo que esperabas es que tu mamá estuviera viva y que ella te pudiera contar a vos… ¿cómo podes describir ese sentimiento?
Juan: Y es una tristeza por haberla perdido, porque se me robó de tanto tiempo que pude haber pasado con ella, es una tristeza, y una alegría, por haberla recuperado y por saber dónde está ahora.
Pregunta: Si hay jóvenes que están en tu situación, vos ¿qué mensaje les darías?
Juan: El mensaje sería que el camino que se recorre no es fácil, pero a la larga los beneficios son muchos, satisface las dudas que en un momento uno tiene, que las dudas son buenas, y que sería bueno que se acerquen, que donen sangre, ya que a partir de eso es posible reencontrarse con los restos de los familiares que han desaparecido. Es un poco duro el reencuentro, pero pienso que es necesario para terminar de reconstruir nuestra historia, nuestra vida.
Pregunta: Y hablando de la reconstrucción de esa historia ¿cómo te imaginas mirando al futuro? ¿tenés hijos o si vas a tenerlos, pensas que esta historia va a ser importante para ellos? Es decir ¿cómo te imaginas la transmisión generacional de esta historia?
Juan: Y en principio sería contar todo a nuestros hijos, no excluirlos. Creo que es importante dentro de la familia, eso ayudaría… ayuda a entender muchas cosas y a futuro, tratar de seguir adelante y luchando por seguir reconstruyendo la historia, la vida de mi madre, que es una manera de ir reconstruyendo mí historia también.
Pregunta: Dentro de tu historia seguramente en estos años has ido descubriendo que hay otras historias que son similares, parecidas y que forman parte también de una historia mayor que es la historia de este país, y también parte del continente, todo esto también ¿te hace pensar que tu historia es parte de la historia nacional y que parte de la reconstrucción de tu historia es parte de la reconstrucción de la historia argentina?
Juan: Sí… lamentablemente sí, la historia de esa década en Argentina fue una historia muy negativa, muchísimos desaparecidos y en gran parte, todos estamos unidos por un gran dolor, que es la pérdida de nuestros seres queridos, y al recuperar cada uno su historia y sus familiares desaparecidos, se va construyendo la historia de lo que pasó en ese momento y se van cerrando capítulos, como también se van abriendo otros.
Pregunta: Vos estuviste acompañando el juicio de Jefatura ¿Qué sensación te produjo el ir acompañando a los familiares? Porque imagino que en ese momento fue para vos un mundo nuevo en el cual no estabas involucrado como es la batalla de las organizaciones de los derechos humanos por la verdad y la justicia, que es una batalla histórica desde que las organizaciones existen ¿qué produjo en vos el ir acompañando el juicio y quizás descubrir que también sos parte de esa historia?
Juan: Me sentí muy bien acompañando a muchas personas sin conocerlas en el juicio, porque uno se siente identificado con el dolor de ellos, me pareció muy bueno, una buena experiencia. Y compartí muchas cosas con ellos, compartí emociones, compartí la tristeza, como también un gran desacuerdo en la charla de algunos acusados, un total desacuerdo con todo lo que decían. Pero me sentí identificado más que nada con todos ellos (los familiares) porque compartíamos, si bien es cierto, un dolor muy grande por las pérdidas que todos hemos tenido, y acompañándolos. En realidad es una manera de acompañarnos todos, apoyarnos y me sentí muy bien.
Pregunta: O sea que pasaste de ser un acompañante a sentirte parte también de esa experiencia, es decir, lo viviste también como si fuera propia, es decir, ya no solo como un espectador sino como alguien que está adentro…
Juan: Sí, sí, así es. No fue más que sentirme uno más por sentirme identificado con el dolor de cada uno y por las pérdidas que tuvimos todos.
Pregunta: ¿Vos crees que en el futuro cercano próximo, en este año que se está iniciando, y si se concreta el juicio de Arsenales y se llega a la verdad, crees que es necesario, importante o crees, como algunos piensan, que hay que dar vuelta la página y mirar hacia delante? Siempre hubo dos principios que acompañaron a las organizaciones de DDHH, el de la verdad y el de la justicia ¿Cómo sentís que el principio de la justicia se incorpora en tu historia?
Juan: Si bien es cierto que la justicia a veces no es tan rápida como uno espera, pero yo creo que… no habría que dar vuelta la página. Yo creo que hay que seguir luchando por esclarecer bien las cosas, por saber dónde están todos los familiares desaparecidos, todas las personas que han desaparecido, para ir esclareciendo todo, para que se sepa bien la verdad… y para que haya justicia, que es lo que pedimos todos. Hay que seguir acompañando, hay que perder el miedo, hay que apoyar a los organismos de derechos humanos y hay que interesarse más en el tema y acompañar a nuestros compañeros. Si bien es cierto se van cerrando capítulos para algunos, la lucha es de todos. Hay que seguir apoyando, hay que seguir buscando.
Pregunta: ¿Y qué pensás de la sociedad? ¿Vos crees que la sociedad, o parte de la sociedad está acompañando? Porque hay muchos que dicen, bueno basta, a mí no me tocó, demos vuelta la página, esto pasó hace mucho, a nosotros no nos afecta… ¿Cuál sería en este caso el mensaje que le darías a la sociedad, al ciudadano o al vecino, o a un amigo?
Juan: Lo que pasó pienso que no le pasó solamente a unos cuantos, sino que esto es lo que nos pasó a todos, porque en la gran mayoría… muchos perdimos familiares, perdimos amigos, conocidos… o sea, la sociedad perdió. Yo pienso que la sociedad tendría que interesarse mucho más, concientizarse y tener memoria, recordar todo lo que pasó, y tratar de luchar para que no se repita.
Pregunta: Estos últimos días tu historia comenzó a difundirse a partir de un mail* que hiciste público, ahora aparecen los medios de comunicación que quieren interiorizarse por tu historia, me imagino que la gente cercana, las organizaciones de derechos humanos, también habrán querido conocer tu historia o expresar alguna adhesión o comunicarse con vos para interiorizarse de tus sentimientos…
Juan: Sí, recibí varios mails muy emotivos y que me alientan a seguir la lucha y quiero agradecer a Natalia Aríñez, Julia Vitar, Pablo Gallo, Raquel Zurita, Alicia Jardel, Inés Izaguirre, Luisa Vivanco, Josefina Molina y quiero destacar un mail de Norma Ríos de la APDH de Rosario**, es un mail muy emotivo que he recibido en mi correo y quería agradecerlo y destacarlo y a muchos otros que han llegado.
Pregunta: ¿Vos crees que a partir de ahora en los juicios sucesivos que esperemos ocurran en este 2011 que está comenzando vas a acompañar de una manera distinta a lo que fue el juicio de Jefatura?
Juan: No… a lo mejor distinto porque me gustaría tener un poco más de participación, es decir, una participación mucho más activa, pero voy a seguir acompañando en la medida de mis posibilidades y brindar el apoyo a los compañeros y a los familiares.
Pregunta: Algún mensaje o expresión de deseo de lo que esperas que quieras decir…
Juan: Sí… que este año que entra, me gustaría que sean castigados todos los culpables, que las identificaciones se den para todos los familiares en la medida que el tiempo lo permita y que no nos olvidemos, que tengamos memoria, que luchemos por la verdad y que sigamos juntos como grupo, y que dejemos de lado las pequeñas diferencias para apoyarnos y luchar por lo que verdaderamente importa: la verdad, la justicia y la memoria.

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*Este es el mail que Juan envió a los organismos de derechos humanos compartiendo la noticia de la identificación de su madre:

Queridos compañeras/os

Me llamo Juan José Cazorla, muchos de ustedes me conocen sin saber quién soy pues estuve presente, lo más que pude, en el juicio a los genocidas de Jefatura.
Quiero compartir con todos la restitución de los restos de mi madre, Mercedes del Valle Morales que fue secuestrada, en Monteros durante el mes de mayo de 1976, junto a mis abuelos - Toribia Romero de Morales y José Ramón Morales- y tíos -José Silvano Morales, Juan Ceferino Morales y Julio César Morales- , todos se encuentran desaparecidos salvo mi tía abuela, Angélica Romero, que fue liberada a los pocos días.
Hace un par de años me reencontré con mi familia materna, gracias a la excelente investigación realizada por la CONADI y el Nodo Tucumán de Abuelas de Plaza de Mayo, nunca hubo denuncia sobre mi existencia ante Abuelas por lo que el mérito de la CONADI es muy valorable.
Sé que es gracias a la persistente actividad de los organismos de derechos humanos que hoy puedo disfrutar el haber encontrado a mi familia y destaco el trabajo del EAAF que encontraron e identificaron los restos de mi madre.
Por todo esto es que quiero compartir con ustedes esta triste alegría de poder cerrar un capítulo de mi historia.
Me gustaría que nos acompañen a toda la familia Morales en el momento del entierro de mi mamá, les avisaré la fecha en el momento oportuno.
Reitero mi agradecimiento a la lucha de los organismos de derechos humanos, la CONADI, EAAF, Nodo Tucumán de Abuelas de Plaza de Mayo y a todos aquellos que me apoyaron y acompañaron en esta búsqueda. No quiero dejar de tener presente a mi tía abuela Máxima Rita de Moreno y a su hija Isabel que son quienes, desafiando las persecuciones y represión de la dictadura, hicieron todo lo posible para encontrar a mi familia.
Reciban todos y todas un afectuoso abrazo en mi nombre y el de mi familia.

Juan José Cazorla (tengo en trámite la rectificación de mi identidad)

**Juan ha querido leer el mail recibido desde la APDH de Rosario cuya firma lleva el nombre de Norma Ríos, quien le expresa lo siguiente:

“Muchísimas gracias por tu generosidad de agradecer a quienes de una forma u otra bregamos cada día por estas alegrías. Te abrazamos, sabiendo que tu mamá, esté donde esté, está orgullosa de vos. La tragedia que nos atravesó a todos como sociedad, pero a algunos muchos más personalmente, nos hace en estos días más fuertes, seguros de que siempre intentamos hacer lo correcto, luchar por memoria, verdad y castigo a los genocidas. Con firmeza, con ternura, con felicidad mezclada con dolor, te decimos: compañero, continúa con nosotros esta lucha que es larga y dura, pero está plagada de satisfacciones ante cada hecho que nos demuestra que el amor y la resistencia le han ganado por largo a la ferocidad de los genocidas.

Rubén Kotler

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