viernes, 24 de septiembre de 2021

¿Es apresurado dejar de usar barbijo al aire libre?


Sobre las nuevas medidas oficiales que flexibilizan restricciones. 

 La nueva disposición oficial, que pone fin a la obligatoriedad del uso del tapaboca al aire libre, causó resistencia en algunos gobernadores y sectores del ámbito científico, quienes la califican de “apresurada”. En este punto, vale hacer un repaso de cuál fue la experiencia en aquellos países que aplicaron esta medida y dilucidar si verdaderamente el gobierno cuenta con pruebas flagrantes que demuestren lo acertado de su decisión. 
 Lo cierto es que la nueva normativa tiene lugar en una Argentina en la cual el 44,53% de sus habitantes cuenta con el esquema completo de vacunación. En otros países, donde el uso del barbijo al aire libre ha dejado de ser obligatorio, el porcentaje de la población con ambas dosis es mayor: 76,14% en España, 66,34% en el Reino Unido, 55,33% en Estados Unidos, 61,76% en Israel, 73,95% en Uruguay, 74,2% en Francia, 78% en Portugal y 74,21% en Dinamarca.
 Es preciso señalar también que varios de esos países tuvieron que dar marcha atrás debido al asedio de la variante Delta. Es el caso de Israel, donde se reimpuso en julio el uso de tapabocas en lugares cerrados a tan solo diez días de eliminar su obligatoriedad, lo mismo ocurrió en algunas regiones de España. Por su parte, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomendó para algunas regiones el uso de barbijos en lugares cerrados, debido al alza en los contagios. En el Reino Unido, en cambio, mantienen la flexibilización, no obstante, el secretario de Salud, Sajid Javid, advirtió que el barbijo volverá a ser obligatorio en el invierno si no se logra reducir la circulación del virus.
 Los especialistas locales que consideran prematuro el fin del uso obligatorio del tapaboca en lugares abiertos hacen énfasis en que aún restan 2,5 millones de personas recibir el esquema completo de vacunación para alcanzar el 50% de la población inmunizada con ambas dosis. Por otra parte, impera la incertidumbre sobre cuál será el avance de la variante Delta en el país. A su vez, estudios recientes han demostrado que el virus -que se transmite a través de la boca y la nariz al hablar, toser, etc.- puede mantenerse durante varias horas en el aire. 
 Si bien la variante Delta aún no es predominante en Argentina, el gobierno toma resoluciones como si descartara de plano que pudiera haber en algún momento circulación comunitaria de dicha cepa; algo que aún no está comprobado. El motivo de estas medidas precipitadas hay que buscarlo en la hondura de la reciente derrota electoral del Frente de Todos y la intención del oficialismo de revertir el descontento popular, con la mira puesta en los comicios de noviembre. Nuevamente, el resguardo de la salud de la población ocupa un lugar rezagado en la política sanitaria, primero están el ajuste que exige el FMI, los intereses patronales, y, ahora, la demagogia para obtener votos. 
 Tanto el gobierno porteño, como el de Mendoza, Salta, Córdoba y Jujuy solo cuestionan el fin de la obligatoriedad del uso del barbijo, sin embargo, no dicen una sola palabra acerca del resto de las medidas que apuntan a «normalizar» la actividad económica. Dentro de las nuevas disposiciones se encuentra el aforo del 100% en los lugares de trabajo, algo que elimina en los hechos los protocolos sanitarios que pudieran existir en cada establecimiento. Implica por lo pronto el fin de las burbujas y del distanciamiento en las líneas de producción, pautas hartamente infringidas por parte de los capitalistas, que, de todas formas, la última resolución gubernamental anula directamente. Es un puntal para avanzar sobre otras normas de bioseguridad, como las licencias al personal de riesgo o el transporte a cargo de las empresas.
 Cuando se trata de beneficiar a la clase capitalista, todos los partidos del régimen defienden medidas aperturistas en mayor o menor grado; la oposición patronal se limita a polemizar únicamente con aquellas iniciativas que resultan anodinas para el bolsillo del empresariado, como la cuestión del tapaboca. 

 Sofía Hart

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