domingo, 12 de septiembre de 2021

La llegada de las Paso, el ajuste y quiénes lo enfrentan


Panorama político de la semana. 

 A pocas horas de comenzadas las Paso, los resultados aún guardan cierta imprevisibilidad. El boca de urna sin dudas dará que hablar, puesto que los principales bloques políticos han recorrido un sinuoso camino hacia estas elecciones, que incluyó escándalos de poder, spots para el olvido y discursos que enmarcaron el cuadro de profunda derechización y descomposición de los partidos del régimen. 
 El acto de cierre de campaña de Javier Milei, abanderado de la arenga reaccionaria y fascitizante, intentando separarse de la “casta política”, solo ha podido acercarlo más a ella. Sus insultos hacia la izquierda y los luchadores de nuestro país son una reacción a todos los movimientos que enfrentan el programa que él mismo quiere imponer: reforma laboral, ajuste fiscal y represión de los sectores populares. De allí surge la bronca e indignación de los jóvenes y fanáticos del rock argentina ante el uso de este personaje de la canción Panic Show de La Renga, que expresó Pecho de Las Manos de Filippi para dar cuenta de lo que es Milei: un impostor que nada tiene que ver con las expresiones de las clases populares. Su presentación como “antisistema” en realidad esconde que es el candidato más consecuente con las exigencias de los capitalistas. 
 No sorprende que el resto de los bloques políticos haya adoptado el programa que Milei aprovecha para colocarse mediáticamente, sobre todo en torno a la modificación de los derechos laborales. Larreta se pronunció a favor de la eliminación de las indemnizaciones por despidos injustificados, mientras Martín Tetaz mencionó la necesidad de un sistema donde el empresario pueda contratar y despedir con más libertad. Ambos toman en cuenta el reclamo que la UIA y las cámaras empresariales vienen haciendo en favor de una proliferación de contratos basura y precarizadores. Randazzo, subido hace rato al tren de la reforma laboral, dirigió el conjunto de su campaña contra los convenios colectivos de trabajo. Por su parte, Espert, al igual que el resto de los libertarios, llama a terminar con los “impuestos al trabajo” endulzando que en realidad quiere que los trabajadores nos hagamos cargo de las contribuciones patronales. Todos ellos presentan variantes para beneficiar a los empresarios, mientras la izquierda enfrenta la avanzada de derecha. 
 La agenda de reformas estructurales no es un patrimonio de la derecha, sino que es el programa de la clase capitalista en su conjunto y del FMI. Por eso está inmerso en las propuestas del Frente de Todos. La propia Tolosa Paz, precandidata a diputada nacional en provincia de Buenos Aires, insistió en que una de las prioridades en la agenda del kirchnerismo es la de propulsar los “incentivos fiscales” para generar nuevos puestos de trabajo para los jóvenes, quienes sufren la peor cara del desempleo y la precarización, como lo demostraron los datos presentados por el Ministerio de Desarrollo en torno a la “abundancia” de los puestos laborales dentro de la economía popular en comparación con los escasos empleos en blanco para la juventud. O como lo demuestra el reciente Congreso de la Producción y el Salario, donde la reunión entre sindicalistas, empresarios y funcionarios arrojó el consenso para adecuar los convenios colectivos de trabajo a la reducción de las cargas patronales a través del aumento de la jornada laboral, la intensificación del ritmo de producción y salarios ajustados. 
 Así, intentan implantar la idea de que con menos responsabilidades para las patronales florecerá la economía y, solo entonces, los empresarios podrán volver a contratar, incentivados por las nuevas leyes flexibilizadoras. Pero la “reactivación económica” que tanto prometían solo recuperó el 54% de los puestos laborales, y a cambio la masa de asalariados que se encuentra por debajo de la línea de pobreza aumentó. El truco de Tolosa Paz y compañía para combatir el flagelo de la desocupación no es la puesta en marcha de un plan nacional de generación de trabajo, como lo reclaman los movimientos piqueteros, sino un mayor ajuste y ataque a los trabajadores a través del abaratamiento de la mano de obra y con complicidad de todo el arco de la burocracia sindical. 
 Para las mujeres trabajadoras la situación se presenta peor, porque los índices de recuperación están por muy detrás y se siguen manteniendo salarios de miseria para las trabajadoras de casas particulares, docentes y trabajadores de la salud, sectores sumamente feminizados.
 La adaptación al discurso derechista y con tintes liberales es propio del fracaso de la clase gobernante. Es por eso que intentan justificar el ajuste y los ataques históricos a la clase trabajadora, astrología mediante. No es casualidad que lo intenten cuando los índices económicos y sociales retrotraen a los de épocas donde la crisis capitalista se desplegó con fuerzas sobre los explotados. Sin embargo, se les hace difícil pasar por alto el trasfondo de la campaña, signado por un profundo ajuste formulado de la mano del FMI. La noticia del crecimiento de la recaudación fiscal hasta un 67, 4%, más de 13 puntos por encima de la inflación interanual, es bien vista por toda la clase capitalista porque significa que siguen en carrera para cumplir el objetivo de un déficit primario del 4,5%… a costa del hundimiento de los trabajadores.
 Esta recaudación no se dio sobre la base de una mayor presión fiscal sobre las patronales como algunos quieren imponer, sino que ha progresado sobre el aumento al IVA y demás impuestos a los trabajadores, golpeando sobre todo sobre quienes viven de su salario. Las promesas de campaña intentan absorber parte del descontento prometiendo el aumento del salario mínimo vital y móvil, pero solo del 10%, mientras que los alimentos acumulan un 56,4% en el último año. Compite con el precio de los alquileres de CABA, que se incrementó entre un 58 y 61%, el mayor aumento registrado en los últimos 12 años, un problema creciente que denosta la prevalencia de la denuncia de la especulación inmobiliaria que culmina en la expulsión de millones de trabajadores de la Ciudad, y de la cual han sido cómplices en la legislatura porteña tanto macristas como kirchneristas. 
 En un cuadro de crisis que, como se analiza en la editorial de esta semana, todavía no hay un cuadro de irrupción de grandes luchas populares, hay procesos muy dinámicos y luchas que emergen de sectores que han visto sus condiciones de vida degradarse en los gobiernos de quienes hoy se presentan como alternativas de “renovación”. La movilización convocada por el Polo Obrero de La Matanza, que contó con más de 10 mil personas, reflejó la masividad de un movimiento que creció al calor del ajuste y que no agacha la cabeza ante los punteros del peronismo en la provincia de Buenos Aires. Tienen en claro que la “vida que tenemos” no es la que queremos. Que ninguna de las variantes del régimen va a dar vuelta el tablero; hay que apostar a una alternativa independiente. Es por eso que el voto de la juventud, de las mujeres, de los desocupados y ocupados tiene que ser contra el ajuste. Esa es la tarea de estas elecciones y del camino de lucha que se viene.
 Que tengan un buen domingo de la izquierda y de los trabajadores.

 Lucía Cope 
Editora de Prensa Obrera.

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