martes, 3 de julio de 2018

En la crisis todos dicen tener razón, pero la solución está en la fuerza



Alguna vez, Eduardo Duhalde afirmó que las crisis son aquellos momentos en los que “todos tienen razón”. Algo sabía el caudillo de Lomas de Zamora que es un experto en turbulencias críticas -tanto en generarlas como en contenerlas- .
La tormenta permanente que atraviesa el Gobierno de Macri se acerca bastante a un escenario de ese tipo.
A esta altura, la debacle excede la “mala praxis” económica o los errores forzados (o no) en el manejo de ese área, porque la incertidumbre está motorizada por el proyecto político de Cambiemos, las dudas sobre futuro y la disminución vertiginosa de su volumen político.
Eso es lo que perciben los “mercados” (es decir, los especuladores del capital financiero) que observan cómo se diluye el horizonte de Cambiemos hacia una eventual reelección en 2019 que hasta hace tres meses daban por descontada. Ahora, nadie descarta que todo este embrollo pueda terminar en un colapso y quieren hacer los negocios aquí y ahora, rápido y furioso.
El grupo Clarín tomó nota de la misma oscura perspectiva y presionó para que el Gobierno termine de aprobar la megafusión entre Cablevisión y Telecom, dando nacimiento a uno de los monopolios comunicacionales más importantes de la región. Como diría Margarita Stolbizer en un inolvidable spot publicitario: como sucedió cuando Néstor Kirchner autorizó la fusión de Cablevisión y Multicanal, hoy Clarín puede volver a repetir “yo ya gané”.
Lo mismo percibieron los dueños de la tierra, las patronales del campo, que están en pie de guerra ante la menor posibilidad de que se retoque el generoso cronograma de baja de las retenciones, cuyo destino divide al personal político del gobierno.
También las petroleras y las empresas energéticas se percataron de la fragilidad del Gobierno y presionan para que la dolarización de las tarifas vaya hasta el final y el oficialismo autorice los aumentos que habían pactado con el renunciado Aranguren. Más lo que impone el aumento del dólar y una devaluación imparable. Javier Iguacel es el encargado de rogarles a las empresas que “pierdan algo” o ganen menos, porque sino el año que viene, dice, pueden perder las elecciones y “perder todo”. El último recurso es el chantaje hacia sus propios empleadores, una paritaria del gobierno de los ricos, con los ricos en persona, una interna de los de arriba.
Por último, también la sociedad y especialmente los trabajadores y las trabajadoras pasan a la oposición al Gobierno y -cuando tienen una oportunidad- expresan sus exigencias con contundencia.
Así quedó demostrado el pasado 25 de junio en el tercer paro general que tuvo que enfrentar Macri desde que asumió el gobierno en 2015.
La adhesión y la masividad fueron indiscutibles. Fue el paro más importante de los últimos tiempos, al punto que el Gobierno no discutió ni rebatió los números, sino que relativizó su utilidad.
Hay que retroceder 17 años para encontrar un paro general tan elocuente que haya tenido el nivel de adhesión de la inmensa mayoría del arco sindical. El triunviro Héctor Daer lo recordó en la conferencia de prensa el mismo día de la huelga: habló de aquel paro del 19 de julio del 2001, un paro de 24 horas, sin movilización, convocado por la CGT oficial ( en ese momento conducida por Rodolfo Daer), la CGT “Disidente” (dirigida por Hugo Moyano) y la CTA (en ese momento unificada).
En el contexto hay diferencias: la crisis social en aquellos años era más grave, había movilizaciones y piquetes de los desocupados a lo largo y a lo ancho del país y todos los días, la desocupación superaba el 20% y fue el ante-último paro general antes de la caída de Fernando De la Rúa en diciembre del mismo año.
Aunque también hay similitudes: se produjo inmediatamente después de que el gobierno ratificara una rebaja salarial de empleados públicos y jubilados (13%), luego de haber solicitado un “blindaje financiero” y en el contexto de un nuevo ajuste inviable.

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La diferencia entre todos aquellos que dicen “tener razón” y que grafica la crisis, es la “voluntad” que pone cada uno: mientras el capital financiero, los monopolios como Clarín o las patronales agrarias, muestran los dientes y exigen con decisión lo que consideran que le corresponde; la CGT y el grueso de la dirigencia sindical administra moderadamente la conflictividad y utiliza el paro para “descomprimir”.
El gobierno reconoce esa pasividad cómplice y al otro día del paro respondió con el despido masivo en la agencia de noticias pública del país: echó casi a la mitad de la planta de trabajadores y trabajadoras de Télam.
El paro evidentemente era necesario, pero no suficiente para el desafío que plantea el ajuste en curso.

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En una crisis “todos tienen razón”, pero en general para la resolución de la crisis se impone la razón del que tiene más fuerza. El paro general demostró que hay fuerza...mucha fuerza. La cuestión es con qué voluntad se utiliza: en el emblemático conflicto de Télam, así como en otros similares, se juega esta encrucijada: si la fuerza que manifestó el paro impone la razón de las mayorías o si los dirigentes políticos y sindicales llamados “racionales” permiten que se imponga la minoría , es decir la fuerza de los otros.

Fernando Rosso
@RossoFer

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