lunes, 9 de julio de 2018

Ara San Juan: La hipótesis que no se analiza

Para tener una línea de investigación coherente con la situación que llevó al hundimiento del submarino Ara San Juan se requiere conocer el contexto en que el mismo se llevó a cabo.
En los meses de octubre y noviembre de 2017 estaban previsto realizar ejercicios militares conjuntos de la armada argentina en el atlántico sur con la participación de la armada norteamericana bajo la denominación “Cormorán”. Pese al entusiasmo del ejecutivo, la férrea oposición popular y en la cámara de Diputados se logró que finalmente no se autorizara su realización y nuestro país no participó.
Por esas mismas fechas en Chile se realizaron en el Golfo de Arauco los ejercicios Chilemar VII entre la marina de ese país y la de los EEUU consistentes en operaciones submarinas.
Esos ejercicios eran similares, aunque de menor envergadura, a los que se realizaron en 1994 en la zona del Atlántico Norte en el que sí formo parte la armada argentina y el submarino ARA San Juan. En esa oportunidad nuestro desempeño fue superlativo, recibiendo una mención especial la actuación de nuestra arma al penetrar y poner bajo la mira de sus armas al estado mayor del ejercicio oponente sin ser detectado por las defensas más sofisticadas.
Pero volviendo a la práctica “Cormorán” resulta posible suponer que nuestra armada confiada en el desempeño anterior decidió intervenir sin informar de esa resolución. Es incluso probable que el estado mayor, cuyo comandante en jefe es el presidente de la nación y por tanto el máximo responsable de las decisiones diera el visto bueno de modo de no crear mayor malestar entre las fuerzas y confiara en que la misión se limitaría al patrullaje de observación e identificación sin intervención directa en los ejercicios.
De este modo el submarino penetró en las aguas australes y dio inicio a su misión secreta, el día 7 de noviembre envió un parte con la localización de barcos pesqueros y del buque militar inglés HMS Clyde y el 8 de noviembre desde las cercanías de Puerto Argentino identificó y tuvo bajo su mira al Clyde y al buque de aprovisionamiento HMS Protector.
Este acercamiento dio por concluida su misión y representaba un extraordinario éxito de modo que ponía a la capacidad militar de la armada en un peldaño superior frente al conjunto de las demás fuerzas.
Iniciado el retorno del submarino a su base en Mar del Plata, es identificado por la nave de la armada chilena C -295 que participa de un posterior ejercicio esta vez con la fuerzas navales inglesas, equipada con tecnología israelí, el denominado AQS -24B Minehunting System, y da el alerta de su posición. Esto sucede en el preciso momento en que los ejercicios estaban en la fase de guerra submarina.
Para esta acción el submarino nuclear inglés Vanguard debía soltar un objetivo electrónico que fuera el blanco previsto para la práctica.
El aviso con la ubicación de nuestro submarino llegó antes de que el blanco fuera desplegado.
Basado entonces en esa información del buque HMS CLYDE despegó el helicóptero Merlín EH101 ASW que disparó uno de los misiles Mk54 antisubmarino de fabricación estadounidense que acabó impactando y destruyendo el ARA San Juan, inmolando a sus 44 tripulantes.
Pruebas de impacto comparadas fueron realizadas por CTBTO (Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares) confirmando el uso del arma utilizada y el informe provisto por el Comsec Lab de la UTN lo ratificó. Desde el primer momento el sistema de rastreo de detonaciones dio el punto geográfico exacto del suceso. Del mismo modo las comunicaciones satelitales previas permiten dar con el lugar del hecho.
La euforia de los ingleses se transformó en desconcierto al comprobar que habían hundido en realidad a la mejor arma de que disponía nuestro país, lo que en definitiva también les significó una victoria estratégica en el mantenimiento y resguardo de su base nuclear Mount Pleasant Complex en Malvinas integrada a la OTAN. Vale destacar que en ese mismo mes se habían realizado pruebas de misiles Rapier tierra aire desde esa fortaleza militar.
A posteriori la situación política militar de nuestro país entra en un marasmo de desconcierto. Si bien el acto criminal que se podría calificar de casus bellis estaba confirmado, no es menos cierto que la presencia de nuestro submarino en ese lugar estaba fuera de la legalidad, de modo que la responsabilidad le cabe exclusivamente a la máxima autoridad argentina.
Llegados a este punto, el 23 de enero de 2018 cuando el presidente Putin de Rusia intermedió con el mandatario argentino Macri en Moscú y una vez descartada la posibilidad de rescatar los restos del submarino con la retirada del buque ruso Yantar, se decide que toda la cuestión entre en un cono de sombras.
Pero los familiares no han cejado en su reclamo y a ocho meses de lo sucedido debieron encadenarse a las rejas de la casa de gobierno argentino en Plaza de Mayo para reclamar el esclarecimiento de lo sucedido, sin recibir de parte del ministro de defensa Oscar Aguad más que desaires y excusas vanas que solo intentan desanimar y desmoralizarlos.
Desde la armada argentina se difunden falsas hipótesis que buscan desviar la atención con el argumento de fallas técnicas y mal mantenimiento de la unidad, lo que ha sido desmentido por expertos en el tema. Al mismo tiempo, en una vergonzante actitud se retacea el reconocimiento a los marinos y en lugar de los homenajes merecidos y el resarcimiento que corresponde a sus familias se los mantiene excluidos.
Las fuerzas políticas no han asumido el rol que la ciudadanía les exige, en todo caso, de ser cierta como creemos esta hipótesis, no quedaría otro camino que el juicio político al presidente Macri y la reestructuración de las fuerzas armadas, tarea que por lo visto no son capaces, por el momento, de asumir.

¡Gloria y Honor a los tripulantes del ARA San Juan!

¡Acompañamiento a sus familiares!

¡Juicio y castigo a los responsables!

Jorge Winter

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