lunes, 29 de marzo de 2010

La Comuna de París


La burguesía sintió que el mundo se detenía, todos habían posado sus ojos en ese lugar donde se estaba cuestionando el poder, se dio cuenta que ése era realmente su enemigo, quizás su único enemigo real, esos, los ‘usurpadores’, habían demostrado que un mundo sin explotados ni explotadores era posible.
En aquél mes de marzo de 1871, la clase obrera se animó a intentarlo y el mundo capitalista tembló al ver que todos sus argumentos se desvanecían, de nada vale el argumento que hay un capitalismo mas ‘humano’. O se es capitalista y se asume su lógica perversa o se es socialista y se construye un mundo nuevo.
A fines de 1870 Francia estaba bajo el poder de Napoleón III, sobrino de Bonaparte, y éste había llevado a Francia a una aventura bélica contra Prusia, tal como hacen los dictadores ya que, si ganan se llenan de gloria y si pierden, la sangre que se derrame en la contienda siempre será la de la clase obrera, nunca la propia. Esta aventura termina con una aplastante derrota de los ejércitos franceses y los ejércitos prusianos sitiando París, ya que era la ciudad que aún no habían podido tomar. En la batalla de Sedán prácticamente todo el ejército francés cae prisionero y los vencedores imponen duras condiciones para firmar la paz. La alta burguesía parisina, ante el vacío de poder nombra a Louis Thiers para negociar con los prusianos ese pacto de ‘caballeros’, seguros de hacer pagar al pueblo la indemnización de guerra y que todo siguiera como estaba. El tratado de paz, conocido como tratado de Frankfurt, contenía durísimas condiciones que incluían que el ejército vencedor desfilara por la capital francesa, además de sumas exorbitantes de dinero como ‘reparación’. El repudio de los parisinos al ver lo escandaloso de la capitulación no se haría esperar. El gobierno de Thiers se dispuso a aumentar los impuestos al pueblo para pagar a Bismark el precio de la derrota, sin importarle que el pueblo ya estaba pasando una hambruna producto de la contienda.
Una de las pocas fuerzas que habían quedado en París, eran las Milicias Urbanas, pertenecientes a la Guardia Nacional, que estaba fogueada en la lucha por haber defendido la capital ante el ataque prusiano y que tenía un bien ganado prestigio popular que lo había visto detener el avance del enemigo y que además era famosa por tener un funcionamiento muy democrático. El gobierno se da cuenta que sumando el malestar popular, más milicias bien armadas y mejor entrenadas y fogueadas en combate, significaban un peligro para su proyecto y se puso a la tarea de desarmarla, sabiendo que, desarmar las milicias era desarmar al pueblo. Pero el pueblo no lo permitió, ya que parte del parque de artillería se había comprado mediante colectas públicas y el mantenimiento durante la guerra estuvo a cargo de la población.
Como es fácil suponer, en una París amenazada por el enemigo, con un ejército rodeándola, con un pueblo ofendido y hambriento y las milicias armadas que estaban apoyadas por el pueblo, la burguesía siente que su poder se debilita y ordena a Thiers que mande a desarmar totalmente a las milicias, éstas se niegan y piden al pueblo que se opongan a la medida, ese fue el grito de dignidad e independencia de todo París.
Debemos hacer notar que muchos batallones de la milicia elegían sus propios oficiales y los milicianos confraternizaban con la población en los cuarteles barriales, que se usaban también para reuniones populares.
Ante la impotencia, el 18 de marzo, el gobierno ordenó al ejército que tomara los cañones de las milicias por la fuerza, ese hecho desencadenó la revolución. A medianoche, las tropas del régimen se desplazan silenciosamente hacia las afueras de Montmartre, una colina desde donde se domina París y donde la milicias tenían emplazadas sus baterías. Cuando las milicias se dan cuenta, comienza la contienda, los parisinos salen a la calle y se enfrentan con el ejército y esto provoca el efecto mas temido del gobierno burgués, centenares de soldados confraternizan con el pueblo y la Guardia Nacional, al punto que el general oficialista Leconte ordena a su tropa disparar a la muchedumbre que avanzaba, pero sus propios soldados lo arrestan y lo fusilan, junto a Thomas, otro General que había sido represor en la revuelta de 1848.
Una tras otra, unidades del ejército se pasan a las filas del pueblo, el gobernador Thiers, ordena a lo que le queda de tropa abandonar París y toda la burguesía huye a Versalles de modo tan desordenado (como siempre actúa un burgués asustado), que dejan abandonados varios regimientos y muchos de sus oficiales son tomados prisioneros y unos 1.500 soldados se pasan, junto con sus armas, a las filas de la revuelta. Otra de las cosas que abandonan en la estampida son las reservas del banco de Francia, que queda a merced de los revolucionarios.
Así las cosas, el Comité Central de la Guardia Nacional, se da cuenta que es la única autoridad en París, y ese 18 de Marzo, se inscribiría en la historia.
Como primera medida llamó a elecciones libres y democráticas para elegir autoridades y solo una semana después, el 26 de Marzo, 230.000 parisinos acudieron a las urnas a elegir sus autoridades, a nadie le importó que no hubiera partidos políticos formados, que no hubieran líderes ya conocidos para suplantar en el gobierno, supieron desde el primer momento de la lucha que los verdaderos representantes surgen de las asambleas, de las barricadas.
El Consejo Comunal que resultó electo constaba de 92 miembros, la mayoría obreros y artesanos, con una tendencia de izquierda, aunque no muy definida ideológicamente. Un dato para tener en cuenta es que el promedio de edad de los consejeros era de 38 años y el jefe de policía solo tenía 25 años de edad.
Louis Blanqui, un socialista revolucionario es elegido presidente honorario de la Comuna, éste se encontraba preso en una cárcel secreta del régimen anterior y el pueblo lo libera. Así el 28 de marzo de 1871, los cañones de la Guardia Nacional saludan con sus salvas la proclamación de la Comuna de París.
Las cosas no serían fáciles para la Comuna, cuatro días después, el 2 de abril, las tropas de Thiers comienzan las hostilidades para recuperar la ciudad, pero igualmente los comuneros se dan a la tarea de legislar para organizar la nueva vida de la ciudad.
La primer medida fue disolver la institución ‘ejército regular’ y reemplazarlo por la Milicia Urbana’ es decir ‘el pueblo en armas’. Se perdonan los alquileres adeudados por los trabajadores, se toman los edificios y palacios abandonados por la burguesía. Se devolvió al pueblo las herramientas de trabajo que se hallaban empeñadas y se estimuló la formación de cooperativas de trabajo. Una de las medidas que se deben resaltar es la que establecía que toda fábrica o taller abandonado por los propietarios fuera puesto a funcionar por los trabajadores y se abolió el trabajo infantil. También se creó un plan sanitario para el pueblo y la milicia, se abrió el correo y todos los funcionarios de la comuna se asignaron un sueldo igual al sueldo promedio de los trabajadores. Se quitó a las Iglesia el privilegio de controlar más de la mitad de los colegios y se consagró la separación de la Iglesia y el Estado. Los templos fueron autorizados a seguir con sus ritos y ceremonias, pero debían servir además como centro de reuniones y asambleas populares. La educación pasó a ser laica, gratuita y obligatoria. Fueron quemados en la plaza pública la guillotina y otros instrumentos de tortura.
Para los comuneros, que estaban disfrutando de su IGUALDAD, LIBERTAD Y FRATERNIDAD, todos debían ser libres, todos tenían todos los derechos, hasta la burguesía, y esta equivocada actitud fue aprovechada por los enemigos del pueblo, que a través de los hombres de negocios que se habían quedado en París y que los comuneros, en nombre de la libertad no molestaban, empezaron a sacar el tesoro del Banco de París y lo enviaron a Versalles para equipar al ejército que preparaba el gobierno depuesto. Y este fue un error fatal (este tema fue analizado por Lenin 50 años mas tarde). En las asambleas, los comunistas mocionaban para marchar sobre Versalles y destruir el ejército que se estaba formando, pero la mayoría posponía el ataque ya que el tiempo lo ocupaban tratando de organizar la nueva sociedad.
Finalmente, el sábado 20 de mayo, los ejércitos de Thiers invaden París por cinco partes diferentes, avanzan por los barrios caros sin contratiempos y llegan a ocupar el centro de la ciudad, mas de 200.000 hombres avanzaban, lo formaban los restos del ejército original del régimen, mas las tropas del Bismark que se había asociado a su supuesto enemigo, sin importarles que no habían pasado aún 4 meses desde la última batalla que los había enfrentado dejando claro que los únicos verdaderos enemigos son los enemigos de clase, la clase obrera, y que las guerras son, antes que otra cosa, negocios entre la misma clase burguesa para consolidar su poder. También habían reclutado gente de las cárceles y todos los mercenarios disponibles, y con furia inaudita asesinan y fusilan a todo parisino capturado. Allí se olvidan de los códigos de guerra y las reglas de ‘caballerosidad’, no se detenía al vencido, se lo mataba sin miramientos. El odio de clase es mayor que el odio al invasor. El 22 de mayo la tercera parte de la ciudad estaba en manos de los invasores. Los comuneros construyen barricadas en los barrios, niños y prostitutas fueron encargados de llenar bolsas y llevarlas al frente, se construyen más de 600 barricadas. Mientras el ejército burgués fusilaba sin juicio previo, los comuneros se negaban a ese trato con los prisioneros, solo se fusiló a seis oficiales capturados y a un obispo que lo sorprendieron colaborando con el enemigo.
El domingo 28 de mayo, la Comuna había sido derrotada, pero los fusilamientos y la represión siguieron durante meses. En 90 días dejaron 19.000 muertos y 60.000 encarcelados y deportados.
Apenas 9 años después, los trabajadores, en una elección, logran que un obrero zapatero ex consejero de la Comuna, sea electo diputado, unos días antes, 25.000 parisinos se habían congregado ante el muro de Pierre Lachaise para conmemorar el lugar de la última batalla.
A pesar de la derrota, la lección que dejó la comuna es irrepetible, demostraron que a pesar que en ningún momento tuvieron una dirección ni organización dirigiendo la lucha, cuando el pueblo se alza en armas contra un régimen corrupto o despótico, hace temblar el andamiaje de un sistema despiadado e injusto. No cabe duda que el camino debió se la destrucción de todo vestigio del poder burgués, de todo aparato estatal capitalista y recién después dedicarse a la tarea de la creación de una nueva sociedad socialista.
Al cumplirse 139 años de aquellos hechos, rendimos desde estas páginas nuestro homenaje a todos aquellos que se atrevieron a soñar con un mundo justo, con un mundo sin opresores ni oprimidos, y cada vez que alguien recuerde la Internacional, sabremos que esos hombres y mujeres que dejaron su vida para legarnos su mensaje, no han sido olvidados.

Ramiro Ross

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