lunes, 24 de mayo de 2021

Migración, la crisis humanitaria del capitalismo decadente

Hacia finales de 2018 las caravanas de migrantes hacia Estados Unidos se convirtieron en multitudinarias. En 2019 Trump declaró a la frontera con México en “emergencia nacional”, y utilizó leyes durante la pandemia para expulsar masivamente a inmigrantes, ensañándose sobre todo con los niños. Había prometido crear un “muro” en la frontera. En enero, ya bajo la administración Biden, una caravana de migrantes hondureños fue detenida en Guatemala mediante la represión policial.
 Trump desmanteló el derecho de asilo, una reivindicación fundamental de los migrantes, que sufren las consecuencias de las bandas de narcotraficanes, las pandillas y la represión para militar, y por sobre todo la pérdida de trabajo, la expulsión del campo y una desocupación masiva. El derecho de asilo hace referencia, precisamente, al peligro que corre la vida de las personas y de las familias. La ‘democracia’ norteamericana aparece cuestionada en su propio terreno, o sea la vigencia del estado de derecho y del derecho internacional. Ningún gobierno latinoamericano ha planteado la cuestión en estos términos; por el contrario, México prohíbe a los migrantes guatemaltecos el paso hacia Estados Unidos, Guatemala a los de Honduras, en tanto que, en Argentina, se renuevan con distintos pretextos la migración de los países vecinos. En el momento actual, con Biden, crecen las redadas en Estados Unidos contra los llamados inmigrantes ilegales; en los últimos días las pantallas de la televisión, en Brasil y en Chile, mostraron en abundancia la llegada de aviones fletados por el gobierno norteamericano, devolviendo a inmigrantes a esos países. La cuestión de los niños no acompañados se ha convertido en crucial; miles de ellos están alojados en campamentos que carecen de provisión de alimentos y ropas, bajo maltrato, amenaza de abuso y abusos. Los centros de inmigración en EEUU (llamados “ICE”) se convirtieron en verdaderos “campos de concentración”. Fueron, por supuesto, focos de contagio durante la pandemia.

 Del ICE al DHS 

Varios meses después de asumir, Biden ordenó a cerrar 39 centros de detención ICE, pero para reemplazarlos por los centros del DHS (Department of Homeland Security), en función de alcanzar los “estándares de calidad demandados”. El personal de los DHS fue el que Trump utilizó para reprimir y militarizar las ciudades durante las protestas de Black Lives Matters el año pasado. Muchos de los centros son de carácter privado y se desconoce tanto el número de detenidos como así también cómo se hará el proceso de traslado (CNN, 20/5). 
 Miles de niños fueron separados de sus padres en la frontera suroeste de Estados Unidos durante el gobierno Trump. EEUU acusó a los padres de delitos federales de inmigración y los envió a las cárceles, mientras que los niños fueron declarados "no acompañados" y colocados en albergues. Hay más de 500 niños en esta situación. Para cruzar las fronteras, los migrantes han llegado a pagar 15.000 dólares. 
 En marzo de este año, 19.000 niños migrantes sin acompañantes llegaron a EEUU desde México, la cifra mensual más alta. Fue cinco veces más que en 2020. Los agentes fronterizos de EE. UU. señalan que expulsaron del país a aproximadamente un tercio de los padres e hijos inmigrantes el pasado marzo. 17.000 de los casi 53.000 padres e hijos capturados en la frontera el mes pasado fueron deportados bajo una orden de salud pública relacionada con la pandemia del Covid-19, con el nombre de “Título 42”. 
 Más del 60% de los casi 180.000 migrantes en la frontera con México fueron expulsados durante abril, según indica la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza con migrantes (LA Times, 22/5). “De los 173.460 encuentros de la Patrulla Fronteriza con migrantes en abril, 108.301 fueron con adultos que viajaban solos, y más de la mitad de ellos eran mexicanos. Los números fueron los más elevados desde abril del 2000, pero la mayoría fueron expulsados rápidamente del país con base en los poderes federales habilitados por la pandemia, solicitados el año pasado por el entonces presidente Donald Trump y mantenidos por el presidente Biden” (ídem). 
 A diferencia de las deportaciones, las expulsiones no tienen consecuencias legales y muchos migrantes vuelven a cruzar las fronteras. La Patrulla Fronteriza dice que el 29% de las personas expulsadas en abril habían sido expulsadas previamente (ídem). 
 Biden ha negociado con algunos países centroamericanos límites a la inmigración a cambio de acuerdos económicos, vacunas (México), o favores con el FMI. El gobierno va a reabrir los casos de los migrantes a los que se ordenó la deportación después de que no comparecieron a una cita programada. Los defensores dicen que algunos migrantes no pudieron asistir a las audiencias porque fueron “secuestrados” en México. Se ordenó la deportación de casi 28,000 migrantes debido a que no comparecieron ante el tribunal desde 2019, según el Transactional Records Access Clearinghouse de la Universidad de Syracuse.

 El “Título 42” 

El “Título 42” lleva ese nombre por una sección de una ley de salud pública de 1944. Trump la usó en marzo del 2020 para negar asilo en la frontera sur de Estados Unidos. Biden ha dejado la medida en vigor, aunque con excepcciones para los menores de edad que cruzan sin compañía de adultos. Se sigue aplicando a los adultos solteros y a algunas familias. 
 De conformidad con esa norma, las personas de México, Guatemala, Honduras y El Salvador que cruzan la frontera son expulsadas de regreso a México sin que se les dé la oportunidad de solicitar asilo en Estados Unidos. Biden ratificó el 25 de marzo que su administración está “enviando de regreso a la gran mayoría de las familias que vienen”, y que está “tratando de resolver con México, su voluntad de recuperar a más de esas familias" (France24). Sin embargo, la atención a los reclamos de asilo está paralizada. 
 “Aquí mueren personas. Se pierden personas. Personas de las que no se vuelve a saber nunca. Desaparecen”, dijo Canales, director del South Texas Human Rights Center -Centro de Derechos Humanos del Sur de Texas- (LATimes, 22/5). 

 Posdata de Jorge Altamira 

La cuestión migratoria, a nivel mundial, ha creado una crisis humanitaria internacional mucho antes de la aparición del Coronavirus. Se trata entonces de una tendencia, no del hecho puntual causado por un virus sin fronteras. Es la manifestación más aguda de la decadencia del capitalismo. Se distingue radicalmente de los infortunios sufridos por las masas en los albores del capitalismo y de la acumulación originaria del capital. La crisis humanitaria de hace cinco siglos develaba la descomposición del mundo antiguo y la transición hacia un régimen social que llevaba en sus entrañas un poderoso desarrollo de las fuerzas productivas. Ahora asistimos a la descomposición del régimen capitalista y hacia una transición histórica hacia su abolición. En las entrañas del capital operan poderosas fuerzas destructivas, que se manifiestan en todos los órdenes de la vida cotidiana.
 De otro lado, la actitud asumida frente a la crisis migratoria revela la completa pudrición de los regímenes patronales en América Latina, sean ‘nacionales y populares’ o ‘neoliberales’. No solamente no se han pronuciado contra esta crisis humanitaria, tampoco lo han hecho para defender una norma elemental del derecho como el asilo. El mexicano López Obrador se ha convertido en un gendarme tercerizado de Estados Unidos, lo mismo los gobiernos centroamericanos. Trafican seres humanos por la disminución de algún pago al abusvio FMI o a los fondos internacionales. El constitucionalismo que ha reemplazado el ciclo de dictaduras de finales de la década del cincuenta hasta la década del ochenta del siglo pasado, ha sembrado una secuela de pobreza y descalificación social como nunca antes en la historia. 
 El ataque salvaje a los migrantes y la denegación de los derechos más elementales, tampoco aparece en los programas políticos ni en las iniciativas de acción de la Izquierda. El Foro de Sao Paulo hace precisamente mutis. La izquierda que se declara portavoz del marxismo, no sale de sus ocupaciones nacionales, salvo cuando se trata de crear un grupo en otro país con las mismas deficiencias. La cuestión migratoria es, sin embargo, de la mayor importancia política internacionalista. De un lado se trata de una lucha contra el imperialismo yanqui, en lo que atañe a América Latina, porque el saqueo de las economías de su patio trasero es la principal causa de la ola de emigración. Para ganar para una lucha internacional a los obreros norteamericanos, es necesario mostrar la responsabilidad del imperialismo yanqui en la crisis. A nivel mundial es una lucha contra las guerras imperialistas y para forjar una unidad entre los pueblos oprimidos de Asia y África con los obreros de los estados opresores.
 Un Conferencia internacional de los luchadores de toda América Latina, Estados Unidos y Canadá, y sus organizaciones, es un paso necesario e impostergable, para iniciar una campaña por el respeto al derecho de asilo y al libre tránsito entre todos los pueblos del mundo.

 Emiliano Monge
 24/05/2021

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