jueves, 23 de diciembre de 2021

“El encanto de la mosca”: la denuncia sobre la contaminación de Aluar


Impactante documental sobre la productora de aluminio. 

 Se estrenó esta semana el documental “El encanto de la mosca”, de forma online, por la plataforma de FIDBA (Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires), dirigido por Lucía Levis Bilsky y Octavio Comba. Estará disponible para ver online y de forma gratuita hasta el lunes 20 en https://tv.festhome.com/ff/fidba-9/4577/196946. 
 El documental tiene como eje principal la contaminación pasiva que recibe la población de Puerto Madryn, ciudad ubicada al noreste de la provincia de Chubut, conocida como la “capital nacional del buceo”. Sin embargo, también es conocida mundialmente por ser el lugar donde está asentada, desde la época de la dictadura, una de las fábricas de aluminio más grandes del mundo: Aluar. 
 De forma específica, a través de testimonios con vecinos de la ciudad, como el ingeniero Carlos Moreno, Hugo Trovant (médico laboral de la fábrica que llevó adelante denuncias y publicó un libro al respecto) y ex trabajadores, se logra recomponer los costos en la vida de la población: la entrega de la salud y cómo es afectada por los pasivos ambientales a cambio de garantizar el 5% de la producción mundial de aluminio en una ciudad que tiene menos de 150.000 habitantes. Deja expuesto que Aluar no sólo fabrica aluminio sino que es una gran fábrica de contaminación, enfermedades y muerte. 
 En 2013 se llevó adelante una demanda a la planta industrial, por “daño ambiental colectivo”, por parte del ingeniero Moreno, a partir de los daños ambientales causados por la elaboración del producto y de los repositorios de residuos de fabricación. El impacto ambiental es tan grande que ha modificado sustancialmente la calidad del agua, la tierra y el aire en la ciudad, debido a la cantidad de elementos tóxicos que son necesarios en el proceso, y que durante cuarenta años no tuvieron control alguno ni fueron denunciados en la ART, y que traen, como consecuencia, el impacto directo en la vida de la población madrynense, ya que la fábrica está ubicada prácticamente dentro de la ciudad, a tan sólo 10km de la plaza central de la ciudad. 
 Aluar es parte de la geografía local, al igual que el Vía Crucis marítimo (único en el mundo), las tortas fritas “con colita de ballena” en la costa, las algas que invaden las playas (por otro tipo de contaminación, ya que fueron traídas en buques pesqueros chinos hace muchos años), el sonido del mar y la llegada de los cruceros. En efecto, el sonido constante, y en días calmos, de las turbinas, ya son parte de la sensorialidad local de la ciudad costera. 
 El Estado es cómplice respecto de los impactos: Aluar se controla a sí misma. La falta de estudios de investigación y relevamiento de datos sobre las enfermedades; la falta de acción de las instituciones, como lo es la justicia, también es parte del entramado que sostiene y reproduce la contaminación ambiental. La fábrica de Javier Madanes Quintanilla, conocido por ser dueño también de Fate y de otras empresas y sus vínculos con los diferentes gobiernos – de los que siempre ha salido favorecido sin ningún tipo de pérdida económica-, ha logrado incorporarse en la vida de la sociedad madrynense en la conciencia social, una clara maniobra del capitalismo; su participación como auspiciante está presente en prácticamente todos los eventos sociales de gran impacto, la fiesta del cordero u otros. 
 Cincuenta años atrás, la llegada de Aluar generó una sensación de prosperidad, tanto para la población local como para el ideal de construcción de modelo económico nacional. Pero Aluar es el panóptico de Bentham: su construcción fabril y, lo que fue en su momento, el barrio Roca (para los obreros) representa sin ninguna duda un modelo de producción capitalista con extremo control sobre todo aquello que pueda exponer la depredación ambiental que ejecutan.
 “El pueblo agradecerá a Dios por el beneficio que representa, para sí mismo y para el país, la futura planta de aluminio”. Fue la consigna de una misa de acción de gracias previa a la instalación de la planta. Hoy la sociedad madrynense sabe que el costo de que Aluar esté instalada en la ciudad implica la exposición a enfermedades cancerígenas. 

 Julieta Rusconi

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