jueves, 18 de agosto de 2011

Entre la economía y el espanto de la oposición partidaria


La tentación de regodearse en lo obvio parece irresistible. En la inmediatez, a falta de mejores y por lo pronto mayores reflexiones colectivas, surgidas desde experiencias concretas de trabajo político, es imposible evitar explicarse el arrasador triunfo kirchnerista en las primarias del domingo pasado por afuera del remanido “es la economía…” A lo que, igualmente obvio e inmediato, hay que agregar el perfil contundentemente regresivo, antipopular, oportunista y formalmente inconsistente de las propuestas político-partidarias que se reclaman polos de oposición al gobierno de Cristina Kirchner. Nada más redondito, como explicación. También, claro, nada más insuficiente.
En una instancia cuya funcionalidad no fue otra que la de una virtual primera vuelta electoral, la homogeneidad del voto a favor del kirchnerismo refiere directamente al peso que tiene en la dinámica de una superestructura partidaria blindada para la expresión del conflicto social la sensación de una economía en crecimiento pese al marco de estallido del centro del capitalismo mundial, la imagen consolidada de un desempleo acotado, del mantenimiento de instrumentos de protección del valor del salario, de mayor universalización de programas de asistencia social, de movilidad previsional
De hecho, si se compara esta elección con la de la derrota –como percepción general- oficialista de junio de 2009, si se confrontan números en términos sociales y regionales, por ejemplo en el segundo y tercer cordón del Conurbano bonaerense, o en el Gran Rosario, salta con fuerza la influencia de la Asignación Universal por Hijo, y en menor medida del plan Argentina Trabaja, más allá de las deficiencias y arbitrariedades de la implementación práctica de esas medidas. En esas legislativas del 2009 ya había sido posible comprobar que el poder simbólico de la derrota de Néstor Kirchner a manos de Francisco De Narváez en la provincia de Buenos Aires había sido más el resultado de los votos perdidos por el kirchnerismo en esos cordones del Conurbano por falta de políticas de contención social que los ganados por las variantes de la derecha liberal en las zonas rurales del interior provincial después del conflicto por la 125.
En concreto, planteada una disputa de gestión carácter esencialmente nacional y general en los estrictos límites de la lógica de un modelo de acumulación centrado en los agronegocios y la exacción de los recursos naturales, los que las “primarias abiertas, simultaneas y obligatorias” terminaron fortaleciendo fue la opción que parece ofrecer una distribución algo menos concentrada de sus ingresos, para formularlo en términos esquemáticos. Porque, además, esa opción requiere de un “relato” capaz de contener consignas de mayor dignidad nacional, de mayor solidaridad continental, de mayor autonomía respecto de los mandatos imperiales, de reivindicación de luchas populares del pasado y de denuncia y reparación de los crímenes del terrorismo de Estado ninguneados salvo excepciones por las opciones de oposición.
A favor de las preocupaciones de muchos sectores medios que esta vez también sumaron para la contundencia de la victoria kirchnerista, ese “relato” incluyó además en los últimos tiempos acciones que satisficieron aspiraciones legítimas, como la de la ley de Medios. También otras más difusas y sospechosas en sus motivaciones, como la de los cruces verbales, las desavenencias en las roscas y los distanciamientos de las cúpulas sindicales tradicionales. O la de la generación de un supuesto “nuevo sujeto” de participación política, la de los cuadros juveniles profesionales, “limpios” del manierismo de los aparatos partidarios, a caballo del golpe emocional de la muerte de Néstor Kirchner.
Queda como tarea esencial, también es obvio, replantearse el estado real de las construcciones sociales, también de los supuestos y los discursos del marco político alcanzado por esas construcciones, que sigue impidiendo romper las lógicas de este modelo de acumulación en coyunturas como las del domingo. Sólo así las explicaciones podrán dejar de ser inmediatas, obvias, insuficientes.

Carlos Eichelbaum / Prensa de Frente

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