miércoles, 11 de enero de 2012

Multinacional de los medicamentos, Swift y pibes rosarinos.



La multinacional Glaxo Smith Kline fue multada por la Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología con la cifra de tres de millones de pesos por experimentar con miles de pibes empobrecidos de Santiago del Estero, Mendoza y San Juan.
Catorce chicos murieron. En el último balance presentado por la empresa (2010) se lee que facturó 746 millones de pesos, a razón de más de dos millones diarios y 1.439 pesos por minuto.
Es decir que en un día y medio de facturación la empresa paga la vida de catorce pibes, la complicidad de muchos médicos que colaboraron en el reclutamiento de los mismos y los abogados cordobeses que querellaron a profesionales de la salud que denunciaron esta manipulación de las hijas y los hijos del pueblo estragado de las provincias argentinas.
La empresa Swift, por su parte, anunció el cierre de su planta en Venado Tuerto, en la punta sur de la bota santafesina, de tal manera la palabra futuro dejó de tener sentido para 517 trabajadores y amenaza con despedir alrededor de 2.500 en toda la geografía del segundo estado de la Argentina. La ahora firma brasileña argumenta crisis. Es mentira.
Durante el año del bicentenario facturó por 1.238 millones de pesos, ubicándose en el puesto 165 entre las mil empresas que más vendieron en la Argentina. A razón de 2.561 pesos por minuto. Toda una señal de las grandes patronales.
El asesinato de cinco pibes menores de veinticinco años en Rosario, entre las últimas horas de 2011 y las primeras de 2012, remarcan la necesidad de darle un sentido colectivo a la vida de las pibas y pibes santafesinos. Un informe oficial del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos de principios del año pasado daba cuenta que el 80 por ciento de las chicas y chicos de los barrios humildes del Gran Santa Fe y Gran Rosario no terminan la escuela secundaria.
¿Quién cuida de esas vidas?. ¿Quiénes acercan algún sentido existencial, entonces?. De allí que cuando aparece la frase que se mata sin sentido es, en definitiva, la consecuencia de vivir sin sentido. Una responsabilidad concreta de parte de los gobiernos, las organizaciones políticas y las sociales.

Carlos del Frade

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