domingo, 15 de enero de 2012

2012: Abriendo el paraguas y esperando la lluvia


Despejado el horizonte de la salud de la Presidente, y en el entendimiento que volverá a ejercer sus funciones en plenitud, con el despliegue intelectual y físico que la caracteriza, las preocupaciones han vuelto a su punto de origen. Por Eduardo Lucita, integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

Por ANRed - L (redaccion@anred.org)

Atrás han quedado los temores por la salud presidencial. Temores más que fundados, porque mas allá de las legítimas preocupaciones por la persona es inocultable que, al menos por el momento, no hay recambio en la oposición, tampoco en el oficialismo. Las miradas han vuelto entonces a la economía y se centran en sus repercusiones sociales.
Hay un hilo conductor que anuda un rosario de preocupaciones y no es otro que la situación fiscal. Es sintomático que resulte el eje de las discusiones, cuando todos los analistas, de las más diversas corrientes políticas e ideológicas, han señalado que la crisis mundial podía contagiarse por la vía comercial (China, Brasil) pero no por la financiera. Los argumentos fueron expuestos más de una vez: la deuda ya no pesa como antes, los bancos están sólidos, el país “...no tiene acceso a los mercados voluntarios de crédito”, como acostumbran decir los gurúes neoliberales. Por lo tanto ese costado estaría cubierto.
Efectivamente así es. Sin embargo he señalado en otras notas que en la coyuntura estaban pesando tanto los problemas exógenos -esto es los derivados de la crisis mundial- como los endógenos -esto es los que tienen que ver con el agotamiento de ciertas variables del modelo, e incluso con sus propios límites. Tal vez aquí radique la explicación de porque ya casi nadie en el gobierno habla de “profundizar el modelo” y sí de aplicar “sintonía fina”.

Del superávit al déficit

Sucede que después de casi una década de superávit fiscal primario -esto es antes del pago de intereses de la deuda- el año que iniciamos volvería a los resultados negativos. Pesan aquí indudablemente el fuerte aumento del gasto público y la perspectiva de menores ingresos fiscales, y hay toda una discusión sobre la magnitud de ese déficit. Esta magnitud depende de si se toman en cuenta ciertos recursos como transferencias del BCRA y de la ANSES.
Para algunos se trata de recursos extraordinarios que no debieran tocarse, mientras que para otros se trata de recursos corrientes con los que cuenta el Tesoro nacional, “...recursos que siempre existieron y se han utilizado, pero han ganado gran notoriedad en los dos últimos años cuando su participación en el total de recursos fue más que relevante”.
Más allá de este debate técnico-conceptual lo cierto es que el déficit consolidado -Nación+Provincias- incluidos los pagos por intereses de la deuda, puede oscilar entre el 2 y el 3 por ciento del PBI. Es un porcentual importante si se lo compara con los años recientes, pero que resulta insignificante si se analiza el historial fiscal del país, aún si se lo compara con el de los países de la Eurozona, exceptuando Alemania que, conviene precisarlo, recién lo ha mejorado en el 2011, o EEUU. En nuestra región sólo es superado por Chile y Brasil. Salvo para los campeones del ajuste permanente el actual nivel de déficit no parece inmanejable.

Preocupaciones

Sin embargo subyace en las preocupaciones actuales por sus derivaciones: ¿Qué pasará con la quita de subsidios y las tarifas de los servicios públicos? ¿Qué con la inflación? ¿Y las paritarias? ¿Cómo afectarán la sequía y la crisis mundial? Son las preguntas que hoy están en circulación no solo en los círculos de economistas y políticos, también en los lugares de trabajo, en reuniones familiares o de amigos.
A estas preocupaciones generales se han agregado en estos días algunas más concretas como el exabrupto del tarifazo en Subterráneos de Buenos Aires o el aumento del cargo por importación de gas o la esperada-postergada-negada suba de tarifas en trenes y colectivos.
También dos decretos: el que refinancia la deuda de las provincias con el Estado nacional, que contiene una cláusula que supedita esa refinanciación, tanto a nivel provincial como municipal, al envío de datos sobre la plantilla del personal y la masa salarial respectiva. Y el del 30 de diciembre que reajustó al alza el gasto público del ejercicio 2011, inesperadamente uno de sus artículos incluye la revisión de los adicionales que perciben unos 300.000 empleados públicos. Conviene señalar que estos adicionales pueden llegar a superar el 30 por ciento del salario de bolsillo de esos trabajadores.
Por si fuera poco el run-run de un tope del 18-20 por ciento a las paritarias nunca fue desmentido. La reducción de gastos en algunas provincias sureñas y en municipios del conurbano bonaerense completan el combo de preocupaciones.

Amenaza meteorológica

El impacto regional de La Niña pareciera ser más fuerte y extendido de lo previsto y le añade mayor dramatismo a la cuestión, aunque por ahora no llega a dañar como la sequía del 2009. Algunas estimaciones arrojan datos de una pérdida importante en la cosecha de maíz y un retraso en el sembrado final de la soja. Parte de esas pérdidas serían compensadas con mejoras en los precios internacionales. De todas maneras se verían resentidos el ingreso de dólares y los ingresos fiscales por retenciones. Claro que no dejan de ser cálculos especulativos, todo depende de que llueva de ahora en adelante en la cantidad suficiente.

Otro camino

Sea por impacto de la crisis mundial - se supone se hará sentir en el segundo semestre-; por complicaciones internas del modelo o por la baja de ingresos derivados de la seca en el agro el cuadro ya no es el mismo. Nadie habla de una recesión, tampoco lo hacen respecto de Brasil o China, pero sí de una caída en la actividad, tal vez a la mitad del crecimiento del 2011.
No se conoce qué medidas de sintonía fina está pensando el sector privado -aunque hubo ya suspensiones, adelanto de vacaciones y caída de contratos, por ahora en baja escala- pero sí que el gobierno ha acelerado su implementación en el sector público. Orientada a rebajar el gasto, por ahora vía subsidios y masa salarial, buscando disponibilidad para sostener la demanda frente a la crisis. En este curso el primer impacto de la sintonía fina recaería mayoritariamente sobre las capas medias-medias, empleados públicos, trabajadores convencionados y usuarios en general
Sin embargo hay otras opciones para mejorar los resultados fiscales. No se trata solo de optimizar el gasto, de hacerlo más eficiente. Es necesario y más justo operar sobre los ingresos. No alcanza con aplicar mayores aranceles a bienes suntuarios hay condiciones políticas suficientes para elevar al Congreso un proyecto de reforma tributaria progresiva, que haga que paguen los que mas tienen, que reduzca el IVA a los artículos de primera necesidad y eleve los mínimos imponibles para que los trabajadores no carguen con esa aberración tributaria que considera ganancia al salario. También reponer los aportes patronales eliminados por Cavallo, con lo que la ANSES dispondría de fondos para una mejora efectiva de las jubilaciones mínimas.
Esto es hay otro camino que no sea el trillado de reducir ingresos de los trabajadores estatales, de descargar parte del gasto sobre los usuarios de las clases populares o de poner techo a las paritarias, como si el salario fuera causante de la inflación. Este sendero siempre tiene un límite y al final se cae nuevamente en el endeudamiento
Es el momento de invertir la carga del esfuerzo. El gobierno cuenta con holgadas mayorías parlamentarias y una relación de fuerzas políticas absolutamente favorable. El 54 por ciento lo habilita. Sino bajo el impacto de la crisis tarde o temprano los trabajadores y sectores populares pasaran a cobrar el apoyo electoral. Que debe reconocerse no ha sido un cheque en blanco.

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