miércoles, 21 de septiembre de 2011

En la Unión Soviética se vivía mejor


La instauración del capitalismo ha significado un retroceso para todos los países de Europa del Este, tanto en el plano económico como en el social. Un informe de las Naciones Unidas declara : "El paso de una economía planificada a la economía de mercado ha sido acompañada de grandes cambios en la repartición de la riqueza nacional y del bienestar. Las cifras muestran que son los cambios más rápidos jamás registrados. Esto es dramático y ha acarreado un costo humano elevado."
Entre 1990 y 2002, el producto interno bruto (PIB, el conjunto de bienes y servicios producidos en un año) por habitante de los países de Europa del Este, ha disminuido en un 10%, mientras que ha aumentado en un 27% en países de nivel comparable. Esto representa una pérdida efectiva de casi el 40%. Esta regresión vale para todos los países, salvo Polonia y Eslovenia. Hoy, el PIB por habitante de los antiguos países comunistas de Europa central y oriental es inferior por un cuarto al de América Latina. Para las repúblicas de la ex-Unión Soviética, la situación es más dramática aún. En los años '90, el PIB bajó en un 33%. Ucrania ha tenido incluso una disminución del 48% entre 1993 y 1996, y Rusia del 47%...
Las acciones de la economía del Estado se vendieron a precios ridículamente bajos. Una gran parte del poderoso aparato económico e industrial se desmanteló. En algunos años, la gran potencia industrial que era Rusia, se convirtió en un país del tercer mundo. El PIB de Rusia (144 millones de habitantes) es más bajo que el de los Países Bajos (16 millones de habitantes). La Unión Soviética ha retrocedido en unos 100 años. Al momento de la revolución socialista en 1917, el PIB por habitante alcanzaba el 10% del de Estados Unidos. En 1989, a pesar del hecho de que la Unión Soviética salió completamente agotada y destruida en gran parte de la segunda guerra mundial, el PIB por habitante alcanzaba el 43% del de Estados Unidos. Hoy, es menos del 7%.

La situación social

Cerca de 150 millones de habitantes de la ex-Unión Soviética (es decir, el número de habitantes de Francia, Gran Bretaña, los Países Bajos y los países escandinavos reunidos) fueron sumidos en la pobreza a principios de los años '90. Tienen menos de 4 dólares por día . El número de pobres que viven con menos de un dólar por día se multiplicó por veinte. En Bulgaria, Rumania, Rusia, Kasajstán, Ucrania, Kirguizistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Moldavia, el número de pobres alcanza del 50 al 90% de la población.
Según un estudio reciente de la Unicef, uno de cada tres niños de los antiguos países del Este vive hoy en la pobreza. Un millón y medio de niños viven en orfanatos. En Rusia, el número de niños abandonados se ha duplicado, a pesar de la fuerte disminución de nacimientos. En Bucarest, la capital de Rumania, centenares de niños viven en la calle, 100 mil niños han sido abandonados. Más de 100 mil niños del antiguo bloque del Este son empujados a la prostitución. La acogida de la infancia ha sido casi desmantelada. Para muchas mujeres, el paso al capitalismo es también una verdadera catástrofe: "Un número creciente de mujeres es víctima de la violencia. Muchas mujeres que han buscado desesperadamente un trabajo y una vida mejor son empujadas a la prostitución, organizada por redes criminales." Cada año, alrededor de medio millón de mujeres de la región son literalmente exportadas hacia Europa occidental.
Antes del paso al capitalismo, la región conocía un bienestar social garantizado. Un informe de las Naciones Unidas dice: "Antes de los años noventa, los equipos sociales en los países de Europa central y oriental y en los países de la CEI eran notablemente buenos. Había una alta seguridad social de base. El empleo de tiempo completo estaba garantizado de por vida. Igual si el ingreso monetario era bajo, era estable y seguro. Muchos bienes de consumo y servicios básicos eran subsidiados y el aprovisionamiento era regular. Había suficiente alimentación, vestido y vivienda. El acceso a la educación y a la salud era gratuito. La pensión estaba asegurada y las personas podían disfrutar de muchas otras formas de protección social". El informe continúa: "Hoy, una educación correcta, una vida sana y una alimentación suficiente no están aseguradas. La tasa de mortalidad aumenta, nuevas epidemias potencialmente destructivas amenazan y tornan la vida (y la sobrevivencia) en un creciente y alarmante peligro".
Consecuencia: ciertos países se despoblan dramáticamente. En Ucrania, la población ha disminuído en 1.2 millones desde 1991. En Rusia, entre 1992 y 1997, la población ha disminuído por 5.7 millones, a pesar de la llegada de 3.7 millones de inmigrantes de países vecinos. Lo que quiere decir que hay 3500 rusos menos por día. Las Naciones Unidas estiman que si la tendencia no se invierte, la población de los antiguos países del Este habrá disminuído en 20% de aquí al 2050: de 307 a 250 millones.

¿Qué piensa la gente?

La población oscila entre la decepción, la resignación y la cólera. Algunos ejemplos.
Polonia salió más indemne de la transición. En este país tan católico, el comunismo no tuvo la vida fácil jamás. Sin embargo, hoy, 44% de los polacos juzgan el periodo del bloque del Este como positivo. 47% estiman que el socialismo es una buena doctrina, que "ha sido mal aplicada". 37% de los polacos incluso hacen una apreciación positiva del partido comunista que estuvo en el poder de 1945 a 1989. 31% están descontentos con este periodo. Sólo el 41% encuentra que el capitalismo es un mejor sistema.
76% de los alemanes del Este estiman que el socialismo es "una buena idea que ha sido mal aplicada" y sólo uno de tres está satisfecho con la forma en que funciona la democracia.
Según una encuesta de 1999, 64% de los rumanos preferían la vida bajo Ceausescu.
En Rusia, Lenin es aún popular. 67% de los rusos emiten una opinión positiva a su sujeto. Sólo el 15% hablan del rol de Lenin en términos negativos.
Hay una multitud de insatisfacciones y el potencial de revolución es grande. Las heridas del pasado están aún frescas y la confusión ideológica es aún grande, pero no está excluído que, en un futuro próximo, se regrese al socialismo, pero esta vez "bien aplicado".
Desde la instauración del capitalismo, Europa del Este parece más y más un país del tercer mundo.
- Un décimo de los habitantes de los antiguos países del Este está subalimentado. En Rusia, es un niño de siete quien sufre de subalimentación crónica.
- Por primera vez desde 50 años, el analfabetismo reapareció.
- La tuberculosis está de nuevo casi tan expandida como en el tercer mundo.
- El número de casos de sífilis era en 1998 en Rusia cuarenta veces más elevado que en 1990.
- La esperanza de vida de los rusos de sexo masculino pasó de 63.8 a 57.7 años entre 1992 1994 . En Ucrania disminuyó de 65.7 a 62.3 años.
- Desde 1992, el número de alcohólicos se duplicó en Rusia.
- Por 100 embarazos, hay 60 abortos en Rusia. Consecuencia: 6 millones de mujeres son estériles.
- En Polonia, el número de suicidios aumentó en 25%. En ciertos países de la ex-Unión Soviética, este número se ha incluso doblado.
- El número de delitos, en Bulgaria, es cuatro veces más elevado que en 1989, en Hungría y en la República Checa, se ha triplicado. En Polonia, ha aumentado en 60% el número de muertos, en otros países, ha aumentado hasta el 250%.
- Las Naciones Unidas estiman que el número de muertos en los antiguos países socialistas que se atribuyen a las nuevas enfermedades (fácilmente curables) y a la violencia (guerra), es de 2 millones en los primeros 5 años del paso al capitalismo.

Juan Carlos Argüello

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Un 53 por ciento de los rusos cree que la desintegración de la URSS era evitable y la mayoría culpa a Gorvachov

Más de 55% de los rusos añora la URSS y abogaría por su reinstauración
Los rusos todavía añoran la poderosa Unión Soviética al cumplirse este año dos décadas de la desaparición de La URSS. Los habitantes de la Federación Rusa no valoran tanto las “libertades individuales”, como las conquistas sociales que garantizaba la Unión Soviética: los empleos fijos, la educación y sanidad gratuitas, vivienda accesible y pensiones.
Según una encuesta del prestigioso centro sociológico Levada, un 55 por ciento de los rusos sigue lamentando la desintegración soviética. Ese porcentaje es un reflejo de la opinión de los adultos rusos, ya que entre los jóvenes (17 por ciento) y los mayores de 60 años (83 por ciento) las posturas son muy extremas.
Al echar una mirada atrás, un 53 por ciento de los rusos cree que la desintegración de la URSS era evitable, mientras un 32 por ciento piensa lo contrario. Esto demuestra por qué muchos rusos siguen culpando al último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, de poner la puntilla a la URSS al acceder a todas las demandas de Estados Unidos, que se convirtió así en el ganador de la Guerra Fría.
Desde entonces, EEUU es la única superpotencia mundial, sólo seguido de cerca por China, mientras Rusia aún no ha superado el trauma del fin del comunismo. Otro ejemplo de esa añoranza es que más de la mitad de los entrevistados aboga por el reforzamiento de los lazos entre las quince antiguas repúblicas ex soviéticas, por la reinstauración de la URSS.

http://www.larepublica.es/spip.php?article22771

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