sábado, 30 de mayo de 2026

El “acuerdo provisorio’ de Trump para reforzar la guerra


No solamente en el Medio Oriente. 

 No existe nada más peligroso que el impasse en una guerra internacional. El imperialismo norteamericano junto al estado sionista no ha podido doblegar la resistencia de Irán, donde han dejado un tendal de destrucción impresionante. Sin condiciones para lanzar un desembarco de decenas de miles de tropas en el terreno, el impasse se ha convertido para Trump en una crisis política. La incertidumbre acerca del mercado de la energía fósil mantiene a la economía mundial en vilo. Trump ha comenzado a liberar las reservas estratégicas de combustible. El crecimiento de la inflación impacta en el conjunto de la población y se ha convertido en una amenaza de derrumbe de la deuda pública. Para agravar la situación, en los últimos días se ha producido un retroceso persistente en las acciones de un puñado de empresas de Inteligencia Artificial, que los analistas interpretan como la consecuencia de una prematura obsolescencia de sus modelos. Esto significa un retiro de capitales de los mercados privados. Sólo la creciente valorización accionaria de un puñado de enormes empresas (alrededor de un 13 %) mantiene elevado el mercado de Wall Street y los índices pasivos de inversión financiera. Estados Unidos ha sufrido un revés estratégico. La guerra ha dejado expuesta la crisis de dominación política internacional del imperialismo.
 El impasse de la guerra se manifiesta asimismo en la guerra entre la OTAN y Rusia, que ha superado los cuatro años. El resultado de este prolongado estancamiento es clarificador: la OTAN ha capacitado a Ucrania para bombardear territorio ruso, incluso Moscú, con miles de drones y con misiles. Putin ha lanzado la semana pasada un ataque con el misil hipersónico Oreshnik, capaz de portar ojivas nucleares, que la OTAN ha calificado como una amenaza de guerra contra Europa occidental y el Báltico. Rumania ha denunciado en las últimas horas bombardeos de drones rusos. La OTAN y Rusia han respondido a los distintos estancamientos que han caracterizado a esta guerra, con un rearme acelerado y un escalamiento militar. Israel, por su lado, ha aprovechado el pseudocese del fuego temporal en el Golfo Pérsico para lanzar ataques masivos contra Líbano y para extender la ocupación militar a la ciudad de Tiro, la segunda en importancia, más allá del río Litani y alejada de la frontera norte de Israel. La incapacidad para derrotar a Hezbollah ha desatado una crisis entre Netanyahu y el jefe del Estado Mayor del ejército sionista, Eyal Zamir. Israel, por otro lado, ha desalojado a los palestinos del 70 % del territorio de Gaza. La guerra contra Líbano y la ocupación de Gaza es una continuación de la guerra contra Irán. La guerra viene acompañada con el desarrollo de una crisis de los regímenes políticos que la promueven. 
 Las negociaciones para arribar a un principio o borrador de acuerdo entre el gobierno norteamericano y el iraní no han prosperado; las divergencias estratégicas, como no podría ser de otro modo, son insalvables. “El establecimiento de los fundamentos de un acuerdo de paz”, como reclama un editorial del Financial Times, es inviable; desataría crisis políticas terminales en uno y otro bando. El propósito de Trump es alcanzar alguna ficción de acuerdo temporal, hasta las elecciones de medio término en Estados Unidos, a principios de noviembre, pero, por, sobre todo, para reestructurar la guerra en nuevos términos. Ha rechazado la posibilidad ofrecida por Irán para gestionar el Estrecho de Ormuz con Omán, e incluso amenazado con un ataque militar apocalíptico al emirato. Irán no puede entregar el control del estrecho de Ormuz, su principal instrumento de defensa. China, sin embargo, reclama la ´libre navegación´ en el Estrecho, sin que se conozca qué le ha ofrecido Trump a cambio. Trump ha rechazado también la propuesta de Qatar de liberar los activos congelados a Irán en tandas sucesivas, para favorecer las negociaciones hacia un acuerdo. Irán exige una indemnización multimillonario por los dańos causados por los bombardeos salvajes de Estados Unidos e Israel, Las llamadas negociaciones para “sentar las bases de un acuerdo de largo plazo”, no son otra cosa que un intento de ganar tiempo para reunir las condiciones para una reanudación de la guerra.
 En declaraciones recientes, Trump ha reiterado la intención de ocupar Groenlandia y establecer un gobierno títere en Cuba. Tiene pendiente el envío a Taiwán de armamento por 11.000 millones de dólares, lo cual, según los analistas, convertiría al mar de China en un territorio de guerra. El impasse de la guerra ha acentuado el antagonismo de Trump contra la Unión Europea, dispuesta a concesiones a Irán (volver al método de controlar el enriquecimiento de uranio por medio de la Organización Internacional de Energía Atómica) para congelar el conflicto. La guerra imperialista internacional no ha sido abandonada, sino que se ha extendido en el tiempo. Trump acaba de agregar a Brasil al arrogarse para el Pentágono y la CIA el combate contra el Comando Vermelho y el Primer Comando de la Capital, las dos organizaciones más poderosas del narcotráfico. El año pasado, el intendente de Río de Janeiro organizó un asalto a las favelas con el pretexto de la ‘lucha contra el narcotráfico’, a espaldas del gobierno nacional, la Justicia y las Fuerzas Armadas, equivalente a un semigolpe de estado con el apoyo de gobernadores de ultraderecha. 
 El impasse en la guerra es, de otro lado, una manifestación de que no hay retorno al estado de situación previo. La lucha contra la guerra imperialista y contra los gobiernos imperialistas y sus secuaces debe ocupar la prioridad en la agenda de la clase obrera. Todas las reivindicaciones de la clase obrera están ligadas a la derrota del imperialismo.

 Jorge Altamira 
 29/05/2026

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