sábado, 18 de abril de 2026

¿Quién cuida a nuestros hijxs?


Sobre el suicidio de Maitena Garófalo Rojas. 

 El pasado jueves 9 de abril, finalmente fue encontrado el cuerpo de Maitena Garófalo Rojas, quien había sido denunciada como desaparecida el día miércoles 8 de abril, cuando llegó hasta la puerta de la Escuela secundaria N°16 en Merlo junto a su hermana pero nunca ingresó al establecimiento.
 La imagen con la búsqueda de paradero rápidamente corrió por las redes, estados de WhatsApp, y todos empezamos a replicar imágenes o videos de sus últimos movimientos entendiendo lo importante de la difusión para dar rápidamente con su paradero. 
 Todo indicaría que Maitena se quitó la vida, ya que dejó 9 cartas a familiares y amigos e incluso correos electrónicos programados. El hallazgo de sus restos se dio en el mismo momento en el que su familia había convocado una movilización para pedir por su aparición con vida. Se habló de la posibilidad de una red de trata que la habría convencido para que deje su hogar.
 El caso volvió a poner sobre la mesa sinfín de debates acerca del grooming (acoso que sufren los niños y adolescentes por mayores que se hacen pasar por pares en juegos o espacios en red) y del “control y cuidado” sobre lo que ven nuestros pibes cuando están con sus celulares. Pero alguien se preguntó ¿por qué no estamos? ¿Por qué no llegamos a conectar con nuestros hijos? Hoy por hoy ni dos sueldos en una familia alcanzan a cubrir las necesidades básicas. Entonces aparece el pluriempleo o la sobrecarga laboral. Si un docente de la provincia de Buenos Aires necesita por lo menos 3 cargos (30 módulos, equivalente a 15 cursos) para sobrevivir, ¿en qué momento podemos “estar” con nuestros hijos? A esas 30 horas hay que sumarles el trabajo en casa: lavar ropa, limpieza, cocinar, hacer las compras. 
 Los Equipos de Orientación Escolar (ex “gabinete psicopedagógico”) en las escuelas no dan a basto (hay escuelas que no tienen directamente). Todo este contexto de crisis social que estamos atravesando, hace décadas, entra a las escuelas como un alud difícil de contener. 
 Recientemente salieron a la luz datos alarmantes sobre la salud mental: el portal de noticias Filonews advierte que el 41% de las muertes violentas en Argentina fueron por suicidio; y es el suicidio la principal causa de muertes en personas de entre 15 a 29 años. ¿Qué pasa cuando no hay perspectiva ni espacios de desarrollo personal y contención? ¿Qué pasa cuando no hay sueños, ni proyectos, cuando la realidad social se ve tan negativa como consecuencia de no encontrarle salida a la crisis social? ¿Y qué pasa cuando el Estado se desentiende de la salud mental para niños, jóvenes y adolescentes pero también para aquellos adultos que mapaternamos?
 Este tema me afecta de una manera particular, no solo porque soy docente del distrito y Maitena podría ser cualquiera de mis alumnas, sino porque el 8 de febrero del 2025 mi hermano Joaquín se suicidó. 
 Claro, mi hermano era un hombre de 38 años que tenía dos hijos hermosos, no era un adolescente. Nos dejó a todos con esa extraña sensación de no entender, pero a la vez entender. Entender que vivimos en un contexto de desesperanza, de falta de perspectiva. Hoy como ayer, las ausencias duelen. Mi viejo estuvo hasta 16 horas fuera de casa entre viaje y trabajo y yo sé lo que le dolió esa ausencia a mi hermano cuando era niño y adolescente. Pero mi viejo estaba laburando. Por eso hoy, cuando se culpa a las redes o a la tecnología hay una culpabilización mayor que está oculta detrás de eso y es el de la crianza. El dedo inquisidor se apunta contra los mapadres, exculpando las responsabilidades del Estado y los gobiernos. Son décadas de empobrecimiento de la población, tanto salarial como cultural. Décadas de desnutrición o malnutrición. Ahora tenemos mapadres tapados de deudas y sobrecarga laboral para salir de la mora o simplemente para sobrevivir día a día y poner un plato de comida sobre la mesa.
 La perspectiva es la lucha de nuestra clase para sacarnos de encima esa bota que nos aplasta, que nos pisotea. Luchar, organizarse en los lugares de trabajo y estudio, en los barrios. Llevar a nuestros hijos a la comprensión de que este sistema político, económico y social no tiene más nada de progresivo para ofrecer y la necesidad de luchar por otro sistema que proteja a nuestras niñeces y quienes los criamos es la mejor herencia que pueden recibir.

 Gaby Toledo
 Tribuna Docente Merlo

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