jueves, 16 de abril de 2026

Las elecciones en Hungría, más allá del humo mediático


Peter Magyar, ganador de las elecciones húngaras 

Las elecciones húngaras de este domingo 12 arrojaron una severa derrota del primer ministro ultraderechista Viktor Orban, en el cargo desde 2010. En una elección polarizada, su partido, el Fidesz, obtuvo casi el 40% de los votos y 56 escaños, casi 80 menos que en las elecciones anteriores. En cambio, su rival, Peter Magyar, otro conservador, exfuncionario de Orban hasta hace dos años, superó el 50% de los votos y consiguió 136 bancas (más de dos tercios del total) con su partido Tisza, lo que le asegura su coronación como jefe de Estado. 
 Los comicios estuvieron marcados por una fuerte disputa entre el gobierno húngaro y la Unión Europea (UE). A fines de enero, Ucrania cerró –alegando un ataque militar ruso- el oleoducto Druzhba, que transporta petróleo desde Rusia a Hungría. Como represalia, Budapest trabó en el Consejo Europeo la aprobación de un préstamo por 90 mil millones de euros en apoyo a Kiev. 
 Si bien Hungría integra el bloque europeo y la Otan, Orban evitó –debido a la dependencia húngara de los combustibles rusos- plegarse al apoyo militar a Ucrania contra Rusia. Desde entonces, los cruces entre Budapest y Bruselas, de un lado, y entre Orban y el presidente ucraniano, Volodomir Zelensky, del otro, no hicieron más que crecer. La UE retiene fondos comunitarios para Hungría por un total de 17 mil millones de euros, cuya ejecución condiciona al disciplinamiento húngaro, mientras Budapest saca provecho de su poder de veto como miembro del Consejo Europeo, lo que ya le trajo más de un dolor de cabeza a Bruselas. 
 La descarada intromisión de Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia detrás de alguno de los dos principales candidatos revela los grandes intereses en juego en estas elecciones. El vice norteamericano J.D. Vance arribó a Hungría en la recta final de la campaña para apuntalar a Orban. Trump y el derrotado primer ministro húngaro no solo comparten una agenda política reaccionaria (cercenamiento de libertades democráticas, ataque a los migrantes y a las diversidades sexuales, apoyo al genocidio del pueblo palestino) y la Conferencia Política de Acción Conservadora (cuya última edición se celebró hace pocas semanas en Budapest, con la presencia de Milei), sino que, para la Casa Blanca, Orban era útil como cuña al interior de la UE, con la que el magnate viene protagonizando distintos enfrentamientos. 
 Por su parte, la UE, tan proclive a denunciar la injerencia rusa en otras elecciones continentales, no le fue en zaga a estadounidenses y rusos en su intervención. No solo por el apoyo directo a Magyar, sino por agitar durante la campaña electoral la remodelación del mecanismo de aprobación de iniciativas en los organismos europeos (para sortear el veto húngaro), la amenaza de un mayor congelamiento de fondos, y hasta la expulsión de Hungría del bloque si Orban era reelecto. 
 La victoria de Magyar, asimismo, refuerza el bando de los conservadores europeos que están en contra de pactar con formaciones de extrema derecha, un dilema que está presente en ese espacio político. El desenlace electoral de Hungría da aire a quienes rechazan a acuerdos con la ultraderecha. La discusión es esencial porque de esos pactos depende que esos partidos conservadores puedan, en algunos casos, formar gobierno o ser parte de coaliciones. Esta deliberación da cuenta de la profunda división que existe en este universo de fuerzas en Europa. Por ahora, los partidos conservadores que no pactan con la extrema derecha (Alemania, Polonia, Portugal) lideran sus gobiernos. Sus contendientes como Forzar Italia, (en el gobierno de Giorgia Meloni) no tienen la misma gravitación. De conjunto se puede señalar que la derrota de Orban es un golpe a la ultraderecha mundial, incluido EEUU, si tenemos en cuenta el apoyo que Orban recibió del propio Trump y de las fuerzas conservadores yanquis alineadas con el magnate republicano.

 Magyar: no todo lo que reluce es oro

 En una elección dominada por variantes de derecha (la tercera fuerza, el Movimiento Nuestra Patria, también pertenece a ese espectro político), Magyar logró capitalizar el descontento con quince años de gobierno de Orban, especialmente ante el alza en el costo de vida. Según Financial Times, Hungría acumula la inflación más alta del bloque desde 2020, con precios que subieron un 57%, casi el doble que el promedio del bloque.
 Los grandes medios de comunicación presentaron a Magyar como el representante de los valores democráticos europeos frente al autoritarismo de Orban, haciendo caso omiso de la injerencia de la UE en el proceso electoral y el pasado del dirigente de Tisza como funcionario del primer ministro ultraderechista. No era esta, en realidad, una puja entre democracia y autoritarismo, sino entre los intereses cruzados de distintos sectores del imperialismo y el Kremlin. 
 Las elecciones húngaras implican un revés para Trump y Putin, pero Magyar no es exactamente un peón de Bruselas. La plataforma del candidato ganador promete mejorar las relaciones con la UE, pero no anticipa cambios en el posicionamiento de Hungría respecto a la guerra en Ucrania. Con respecto a la reducción de la dependencia de los combustibles rusos, traza metas lejanas en el tiempo, no antes de 2035. 
 Esta orientación ya se dejó ver en las primeras declaraciones del ganador posteriores a los comicios. Por un lado, Magyar anunció que levantará el veto húngaro al plan de apoyo a Ucrania. Pero, por otro, enfrió las expectativas de un divorcio con el Kremlin. “Rusia seguirá estando ahí y Hungría también. Tendremos que buscar la forma de convivir”, dijo. 
 En un cuadro internacional marcado por la profundización de las tendencias a la guerra, el equilibrio que promete Magyar es una ilusión. 

 Prensa Obrera

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