“Los vamos a hacer tostadas”, vociferó el secretario de Guerra del imperialismo norteamericano, Pete Hegseth. “La segunda etapa” de esta guerra de exterminio nacional apunta a la destrucción de la infraestructura energética, industrial y logística de Irán, luego de haber supuestamente barrido con la defensa antiaérea y las bases de misiles de Teherán. El ensañamiento contra hospitales y escuelas, en especial de parte de la aviación sionista, deja en claro que la matanza de alumnos y estudiantes no responden a ‘daños colaterales’ sino a objetivos perfectamente predeterminados. A una escala geográfica considerablemente más amplia, Netanyahu aplica los métodos genocidas que ‘ensayó’ en Gaza.
En cuanto al desenlace político de la guerra, se imponen las contradicciones. El propósito del estado sionista es poner fin a Irán en cuanto a estado nacional. Busca reducir el país a un montón de escombros y producir la secesión estatal de varias minorías nacionales que habitan Irán, en primer lugar de los kurdos, que pueblan los territorios de Irak, Siria y Turquía, y de los baluchis, que se reparten en Pakistán y Afganistán (The Economist). Supuestamente, la división del Medio Oriente entre diversos estaduelos serviría mejor a la hegemonía geopolítica de la minoría sionista, que es un injerto foráneo y artificial dentro del mundo árabe. Sería un golpe considerable contra Turquía, que hospeda y oprime a varias de esas minorías, y una extensión del campo territorial y político de la guerra. Trump, por su lado, ha enunciado una variedad de propósitos, al punto que el diputado demócrata Mark Warner aseguró que Washington “carece de planes para el día después de la guerra”, luego de recibir un informe confidencial de Marco Rubio, el secretario de Estado, en una reunión reservada para ocho legisladores de ambas cámaras que integran la comisión de Seguridad Nacional. Trump, al cual The Economist le atribuye “afirmaciones cambiantes”, habría fracasado en “establecer un objetivo político”, cualquiera sea, a la guerra. La publicación inglesa le recomienda “que declare la victoria y se escabulla de una guerra impopular”. Trump, sin embargo, se ha declarado dispuesto a desembarcar tropas norteamericanas en el terreno y anticipó un estado de emergencia para “las fuerzas de movilidad rápida”, un numeroso cuerpo de aerotransporte, con capacidad de ocupar espacios estratégicos. La desmesura del objetivo, que produciría una crisis política de conjunto en Estados Unidos, oscurece un dato fundamental, a saber, que el fracaso en cuanto a instalar un régimen político alternativo llevaría inexorablemente a una ocupación militar.
A lo que se asiste en el momento es, precisamente, a la llamada “guerra total”, porque contempla la destrucción material de la sociedad, no simplemente de la fuerza militar enemiga. El reclamo de “una rendición incondicional” revela el propósito de designar a las autoridades del estado, acompañado de una presencia de tropas extranjeras en el terreno. La perspectiva de una invasión terrestre se ha acentuado como consecuencia de la disolución de la economía iraní, con una inflación que se mide por días. Israel sigue con su política de asesinatos de dirigentes de la Guardia Revolucionaria de Irán, para hacer inviable una salida ‘ā la venezolana’, o de cualquier otra que pudiera entrañar un compromiso con el régimen actual. Se ha llegado al extremo de que, para algunos observadores, Netanyahu lleva a Trump de las narices a una guerra moldeada por los objetivos políticos del sionismo.
Un elemento cualitativo de esta guerra imperialista no provocada es el asalto militar del estado sionista al Líbano. Israel lo ha autodesignado otro frente de la misma guerra, al ordenar la evacuación de la mitad de la población de Beirut –cerca de un millón de personas-, y el bombardeo urbano, con el pretexto de ‘limpiar’ del terreno a Hizbollah. Es una repetición a una escala infinitamente mayor de la masacre de Gaza, que tampoco ha concluido. La extensión de la guerra al conjunto del Medio Oriente no obedece a los ataques de Irán a las bases militares de Estados Unidos en los países del Golfo Pérsico y a los aeropuertos y depósitos de petróleo, que en definitiva tendrá un alcance geopolítico limitado. Obedece, fundamentalmente, al propósito del estado sionista de asegurar la anexión de Cisjordania y de la costa de Gaza, mediante la tutela político militar de los países vecinos. Más allá de Líbano, Siria y Jordania, asoma el “cuerno de Africa”, en el mar Rojo, Etiopía y Sudán. Israel se ha convertido en un protagonista asociado de la presente guerra imperialista internacional.
“La guerra de Irán ha agotado el inventario de armas norteamericanas cruciales” (Time). Trump se ha reunido de emergencia con los contratistas de defensa para reponer el arsenal de misiles, en especial de interposición, que se encontraría a “niveles bajos sin precedentes”. La publicación de los ‘libertarios’ norteamericanos (Mises), critica una guerra en la que los drones iranianos baratos destruyen a los valiosísimos interceptores norteamericanos. Para el medio libertario Trump está “socavando los recursos” para la confrontación con China. El rearme imperialista agotará los recursos fiscales y forzará a la aplicación de programas de ajuste, que también serán sin precedentes.
Sismo comercial y financiero
La respuesta calibrada de Irán al asalto militar de Trump y Netanyahu ha sacudido al comercio y la economía mundial, en primer lugar en cuanto a la provisión de petróleo, gas y fertilizantes; la Guardia Revolucionaria ha bloqueado efectivamente el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 % del comercio petrolero. Los emiratos han parado la producción, porque tienen sus almacenes de crudo abarrotados. El negocio naviero enfrenta una amenaza de quiebra. Trump ha prometido la escolta de la Marina estadounidense y un subsidio a los seguros navieros. Todo el desarrollo de la Inteligencia Artificial ha quedado afectado por el peligro que la guerra ha llevado a los centros de datos fuera de las pocas metrópolis por ahora seguras. La inflación ha levantado cabeza en una economía mundial dominada por la tendencia deflacionaria de la sobreproducción. La depreciación de la deuda pública ha llevado a un aumento de la tasa de interés –algo letal en una economía sobreendeudada-. La disputa que se ha creado por el impasse en cuanto al desenlace de la guerra y a la naturaleza de su objetivo político, comienza a manifestarse en el campo financiero, que sufre una corrida contra los fondos internacionales. BlackRock, el mayor de todos, ha establecido un corralito contra sus depositantes. La única bolsa que está en suba es la de Tel Aviv. El imperialismo norteamericano se ha embarcado en operaciones imperialistas en todo el globo, incluso contra sus ‘aliados’ europeos, con el propósito de desarrollar las condiciones políticas e históricas para una “guerra total” contra el mundo entero, que aún está lejos de reunir. Luego de ensayar infinitas maniobras de apaciguamiento con el imperialismo para obtener un levantamiento de las sanciones económicas internacionales, el régimen clerical de Irán se ha visto obligado a ir una guerra de supervivencia nacional, lo que no ha ocurrido, digamos, en Venezuela. Es deber de todo socialista internacionalista denunciar la guerra imperialista de lesa humanidad contra Irán, de parte del imperialismo norteamericano y el estado sionista, y apoyar, sí, apoyar, la guerra nacional de Irán, en especial mediante el refuerzo de la lucha contra todos los gobiernos que apoyan esa guerra. El régimen iraní no ha dado este paso de llamar a la movilización de las masas musulmanas, árabes y no árabes, contra sus propios gobiernos y regímenes políticos, por los límites que le impone su propia condición de clase, a pesar de que la única posibilidad de victoria es un levantamiento de las masas oprimidas del mundo musulmán.
China
A pesar de que el objetivo de la guerra imperialista contra Irán es, como lo dice la Declaración de Seguridad Nacional de Estados Unidos de noviembre pasado, preparar la guerra contra China, China no se ha envuelto en esta guerra. Ha llamado a un cese de hostilidades de las “partes en conflicto”. Algunos medios, en China, han explicado esta posición señalando que el gobierno de Xi Jing pin estaría apostando al “Gran Acuerdo” con Donald Trump, con quien ha ratificado la reunión concertada para el mes que viene. La hipótesis en boga, de que el ‘desgaste’ de EEUU en Oriente Medio es funcional o beneficioso para China, apenas logra disimular el aislamiento internacional en que esta guerra vuelve a colocar a China y a sus socios de los BRICS, como ha ocurrido con el largo genocidio en Gaza. Para quienes caracterizan que China juega un rol progresivo en la disputa capitalista internacional, esta posición constituye un enorme revés. China ha avalado, al no ejercer el derecho a veto, la Junta de Paz que estableció el Consejo de Seguridad de la ONU en Gaza, al servicio de la colonización de Trump y Netanyahu. China, Rusia, las potencias imperialistas de Europa y el partido Demócrata de Estados Unidos. entienden perfectamente bien que sus diferencias con la camarilla imperialista de Trump no pueden entrañar el socavamiento de un orden imperialista que descansa en los hombros del imperialismo norteamericano. El inmovilismo internacional del régimen chino es expresión de una aguda crisis interna entre quienes abogan por poner un freno al ‘nuevo orden’ de Trump, que impulsa la expulsión de China de las cadenas de producción internacionales, y quienes lo hacen por el apaciguamiento y la coexistencia, con la expectativa de que las contradicciones del imperialismo norteamericano harán un trabajo de zapa.
Argentina, Protectorado de facto
Milei ha dado el paso final para la entrada de Argentina en la guerra con la firma del “Escudo de las Américas” en Washington, que autoriza al Pentágono a operar en las naciones firmantes contra “el narcotráfico”, “el terrorismo” y el “narcoterrorismo”. Milei convierte a Argentina en un “protectorado de facto” del imperialismo norteamericano, sin la necesidad de que Trump despliegue portaviones en el Atlántico Sur; es, además, una cuña contra Brasil. A diferencia del pasado, la distancia de Argentina de los escenarios bélicos internacionales constituye una desventaja para su neutralidad, porque en esta guerra mundial ese alejamiento protege a las bases de lanzamientos de misiles intercontinentales de las réplicas de los enemigos. Juan Bautista Mahiques, el flamante ministro de Justicia, amigo del gran propietario patagónico John Lewis, que ha sido a su vez amigo del delincuente sexual Epstein, un íntimo amigo de Trump, es la ofrenda de Milei para saludar el nuevo escenario imperialista en el sur de América.
Movilicémonos por la derrota internacional de Trump, Netanyahu y Milei.
Jorge Altamira
08/03/2026

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