Entre los diecisiete signatarios no se encuentran México, ni Brasil, ni Colombia; tampoco Venezuela –Chile firmó por adelantado, sin esperar a la asunción de José Kast. O sea que no participan de la tramoya los países políticamente más relevantes y, al mismo tiempo, asientos principales de los cárteles de la droga. En cuanto a Cuba, Trump advirtió que “está en sus últimos momentos”. Han quedado, como es obvio. en la mira de la coalición norteamericana. El año pasado, el gobierno de Lula afrontó un motín en Río de Janeiro, cuando un frente de varios gobernadores lanzó una operación de masacre sobre las mayores favelas, a espaldas del gobierno nacional y de las Fuerzas Armadas. México, por su lado, ha sido objeto de reiteradas amenazas de incursión de parte de Trump. La representante de EE.UU. en esta coalición es la ex ministra de Seguridad, Kristi Koem, que se ha distinguido por la persecución militar contra los inmigrantes, precisamente de los Estados coaligados. Como diría un estadounidense de a pie, Trump le sumó un insulto a la injuria.
Las elecciones de mayo próximo, en Colombia, y de octubre, en Brasil, donde el Pacto Histórico de Petro y la coalición de Lula, respectivamente, llevan la delantera, serán el campo de una intervención furiosa del imperialismo norteamericano y de su ‘coalición’ ultraderechista. Pero el intervencionismo más peligroso apunta a Cuba: una derrota militar de Irán, por parte de la coalición de los criminales de guerra, haría sonar la campana para un ataque a la isla mayor del Caribe.
Desde el punto de vista de la política interna, en ese conjunto de Estados reducidos a la condición de protectorados de hecho, sus gobiernos han quedado bajo la ‘protección’ del imperialismo norteamericano. Es lo que se manifestó en septiembre y enero pasados cuando Scott Bessent, el secretario del Tesoro de Trump, salió al rescate político de Milei y de Caputo. Pero Trump ya ha dejado claro su propósito de defender su continuidad en el poder por medios golpistas, y defender a los mismos golpistas en el extranjero. El ‘Escudo’ en cuestión está destinado a operar a favor de sus gobiernos ultraderechistas en crisis políticas de cualquier índole.
Con antelación a la cumbre que parió el Escudo, tuvo lugar en Washington una reunión de ministros de Defensa de ‘las Américas’ patrocinada por el ministro de Guerra de Trump, Pete Hegshet, una ‘halcón’ en cuanto al intervencionismo militar de su gobierno. Argentina estuvo representada por el general Carlos Presti, que cumple el doble rol de jefe del Ejército y ministro de Defensa. Esta doble lealtad, de un lado al gobierno de Argentina, del otro a la institución militar, se manifestó enseguida cuando proclamó a Milei, en su discurso oficial, como su “líder” (textual) político. Milei tiene a su César Milani, quien había proclamado la intención de establecer un ejército nacional y popular, o sea al servicio de la camarilla gobernante que lo había designado para el lugar, pero que nunca se convirtió en ministro de Defensa, como es el caso de Presti. Si no ‘de jure’, al menos ‘de facto’, en Argentina hay un ‘gobierno cívico militar’, que es apoyado por los principales servicios de inteligencia del mundo. Todo esto ocurre en el 50 aniversario del golpe genocida de Videla, Viola y Massera.
América Latina ha sido convertida, muy oficialmente, en un territorio de la guerra mundial en desarrollo. Algunos comentaristas, incluso de izquierda, no ven en estos acontecimientos más que una disputa comercial, como sería la de obstaculizar las exportaciones e inversiones de China. Una prueba de esto es el ‘desalojo’ de una empresa china de los puertos del canal de Panamá, uno de los gobiernos ‘coaligados’ contra el narcotráfico. Pero, en tal caso, los principales receptores de la injerencia china, México y Brasil, por lejos, no son de la partida. Y en cuanto a Argentina esa injerencia crece, no disminuye, incluso si los cancilleres de Argentina y China se trenzaron en una discusión en la reciente Conferencia de Seguridad de Munich. Si de comercio se trata, China es muy apreciada por la burguesía local como mercado de la soja, de la harina de soja, de petróleo y de minerales. Es una vieja historia, como dice la canción, porque la misma dictadura militar chocó con sus patrocinadores norteamericanos, hace medio siglo, cuando se planteó la exportación de trigo de Argentina a la ex Unión Soviética. En una guerra mundial, las cuestiones del comercio se subordinan a la geopolítica y a la guerra – y a la contrarrevolución y la revolución internacional.
Jorge Altamira
10/03/2026

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